5 MINUTOS DE FAMA: Héctor Escamilla

“Siempre he dicho que soy ‘tesistaní’. Nací en Tesistán entre milpas”, así Héctor Escamilla comienza a relatar sus orígenes y cómo es que paulatinamente se adentró al periodismo a los 18 años de edad. Actualmente escribe para Publimetro y seguramente también lo han escuchado en Notisistema, medios en los que pone en práctica todo lo que ha aprendido desde el momento en que topó por primera vez con el oficio de reportero.

Aunque su formación profesional inició en el diseño publicitario, la nota roja fue la que marcó su debut en el periodismo en Guadalajara y desde entonces ha transitado por diferentes temáticas que también lo han acercado muy bien a las coberturas políticas y una que otra aventura en espectáculos.

La crudeza de sus primeras coberturas marcaron en Héctor una mirada distinta sobre la sociedad y sus formas de convivencia, de lo efímero que puede ser la vida y los retos que todo reportero debe afrontar con tal de conseguir ofrecer la mejor nota al público.

“Me gusta mucho lo que hago. Cuando estaba entre diseño publicitario y el periodismo, yo no sabía si me gustaría esto, pero finalmente decidí que esto quería para mi vida. No sé si soy buen o mal periodista, pero me gusta. Sé que hay grandes periodistas en Jalisco como Griselda Torres Zambrano o don Jaime García Elías, yo no me considero de ese círculo, pero creo que en 10 años me seguiré sintiendo como cuando tenía 18 años, aprendiendo”.

PD: Héctor, muchas gracias por tu tiempo y amabilidad. Estamos seguros que eres y te consagrarás con un buen maestro de lo que implica reportear en la calle y hacer una buena edición.

¿Cómo fueron tus primeros acercamientos a los medios de comunicación?

Mi primer acercamiento tuvo mucho que ver con mi hermano, José Luis. Cuando él empezó a trabajar fue en Promomedios, yo trabajaba en un restaurante y Rodolfo Chávez Calderón, periodista de hace muchos años y quien recién regresaba al periódico El Occidental, un día después de mi graduación de la preparatoria va a la casa para invitar a mi hermano José Luis al periódico, pero él acababa de tener su plaza en Promomedios y le dijo que no. Yo ya estaba harto de servir comida y no lo pensé, yo quería hacer otra cosa y me aceptó. Yo había estudiado diseño publicitario en la preparatoria, pensé que me dedicaría a cosas más editoriales, pero un día antes de entrar a trabajar Rodolfo me dice que la plaza que estaba disponible no era de diseño sino de reportero. El primer día me mandaron a cubrir nota policíaca, recuerdo perfectamente a la primera persona muerta que vi, una señora que frenó de golpe, chocó y su hijo salió por el parabrisas, esa fue mi primera experiencia.

¿Te sentías respaldado por el gremio al ser principiante y tener a tu hermano como referencia?

En ese tiempo mi hermano no era reportero como tal, él era locutor con Delfina Reyes en un programa de corazones, quizá lo voy a ‘quemar’, pero en ese programa a Delfina le hablaban reos de Puente Grande para buscar el amor y mi hermano era quien recibía las llamadas, era el Cupido y yo apenas empezaba en la reporteada, pero sí me sentí arropado. El primer apodo que tuve fue porque había un reportero llamado Héctor González Rodríguez “El pollo”, entonces yo era el “pollito”, eso era padre. Me tocó una etapa afortunada de cambios, donde el periodismo se hacía con técnica y ahora es más con tecnología, es más fácil. Creo que me tocó aprender en la vieja escuela y esa transición a la nueva.

¿Quiénes eran los reporteros que fueron guiándote, creciendo a la par contigo?

Estaba Gina García, fue la primera que me orientó, estaba Saúl Núñez que era reportero y ahora es fotógrafo, también Armando Cuevas que ya se retiró por completo, Rosario Bareño, Juan Carlos Partida, Jorge Zamora Puentes que era una eminencia en la nota policiaca y Rodolfo Chávez, quien claramente fue un maestro para mí. Al principio no había tanta confianza en que yo fuera tan joven y además seguía estudiando, pero me dieron las facilidades para seguir en la escuela y trabajar. A mí me fue muy bien en El Occidental, creo que fue una excelente escuela, le tengo mucho cariño a esa institución.

¿Cómo fue tu encuentro con la fuente policíaca?

En el restaurante donde trabajaba no tenían oportunidad de contratar a alguien más de inmediato, así que durante mi primer mes como reportero iba por la mañana a cubrir notas, en la tarde al restaurante y en las noches me daba como un shock nervioso, todo lo que veía en las mañanas se reflejaba con escalofríos, me sentía muy mal, hasta que entendí que no estaba asimilando las coberturas.

A veces la fuente policíaca es muy despreciada por el gremio, pero hay que valorar este tipo de información que es de primera mano, como reportero estás en lugar y en el momento. Creo que siempre ha habido falta de cariño. A mí me tocó hacer La Prensa Jalisco que, al igual que en Ciudad de México, querían que fuera totalmente roja, pero si algo queríamos junto con Rodolfo era no hacer eso, queríamos ser un periódico popular, pero sin caer en el morbo y la sangre. La Prensa publicaba muertos en la portada y nosotros no, después llegaron directivos que cambiaron todo eso, nuestra ideología no era crear morbo.

¿Qué valores encontraste en esta fuente?

La nota roja es muy digna. A los reporteros de policíaco, en general, nos hace falta más profesionalización, no solamente es ir a ‘corretear’ muertos, que es lo que la gente piensa que se hace, pero no. La nota policíaca es el error de una política pública, siempre lo he dicho. Si una persona se quita la vida, ya sea porque no tenía trabajo o por adicciones a drogas, por ejemplo, es el resultado de algo que falló antes, es el efecto mínimo de algo más grande que nos rodea. A muchos reporteros nos hace falta entender que esos fenómenos son parte de algo más grande que debemos explicarle a la gente, tenemos que capacitarnos más. Algo bonito de la nota policíaca es que combinas un montón de ciencias como química, física, forense, medicina, ciencias sociales para explicar cómo se originó un tumulto, si al lector le explicas todo eso, tú nutres tu material, das un valor agregado a tu trabajo.

¿Cómo fue tu proceso para que las coberturas más crudas no te afectaran?

La nota policiaca nunca deja de dolerte, creo que estaría mal si pasa eso, puede ser algo medio psicópata. El reportero policíaco puede parece indolente, a veces en el lugar hacemos bromas entre nosotros que puede verse como algo de mal gusto, pero es como una válvula de escape de los sentimientos que te genera la cobertura. Saúl Núñez me dijo que mi problema era que cuando veía a una víctima la relacionaba con mi entorno, que era alguien de mi familia, pero tienes que bloquearte y verlos a los muertos como desconocidos. Yo prefería ver a las personas muertas que heridas, quizá porque el muerto ya no sufre y ver sufrir a una persona sí te causa dolor. Hubo notas que las escribí llorando de la impotencia y tristeza que sentía, piensas que la situación no fue justa.

¿Cuál fue la cobertura que más te marcó?

Recuerdo una historia por el año 2000, que nunca me ha dejado de doler. Fue un domingo que estaba haciendo guardia en El Occidental, llegó una familia pidiendo apoyo para encontrar a su hija de siete años que había desaparecido en El Salto y nosotros publicamos la foto para ayudar a buscarla, entonces no existía la Alerta Amber, al poco tiempo reportaron que habían encontrado un cuerpo en un aljibe, fuimos al lugar y resultó que era esa niña. Una señora, esposa de un vecino que ya había sido detenido por abuso sexual de menores en tres ocasiones y lo habían liberado, engañó a la niña y se la llevó al marido. En el lugar la familia me reconoció, recuerdo a la señora gritando y llorando, reclamando el por qué no la habíamos ayudado, todavía me acuerdo de eso y se me enchina la piel, no olvido esa escena. A los días mataron al hijo de un empresario por asuntos de drogas y hubo desplegados, mensajes de funcionaros diciendo que encontrarían a los culpables y te das cuenta de la injusticia social, que el mundo no es justo y te toca documentar esas cosas. Muchos reporteros han encontrado en este trabajo una forma de denunciar esa injusticia, ese es el valor de un reportero policíaco.

¿Cuál crees que sea la perspectiva que la gente tiene sobre el reportero policíaco?

Todo es cuestión de empatía, no puedes estar en esto y no ser empático con las situaciones. Creo que los filtros en los últimos años se han cerrado para los reporteros y quizá algunos encuentran esto muy cómodo, el que no te den información y no haces más. Tienes que ser muy sensible en estos temas con el policía y los familiares de la víctima. No puedes generar información tergiversada, que dañe o victimice. Recuerdo haberme peleado con tres o cuatro policías, y pueden agredirte porque quizá están estresados, también a ellos los superan estas situaciones de dolor. Una vez encontraron un cuerpo por La Minerva, un indigente murió ahí y llegué, fue hace como seis años, un policía me agredió, no me dejé y nos aventamos. Al final él se disculpó y yo también, él me decía perdón, que estaba estresado, que no sabía si él regresaría a su casa y le dije que yo también estaba igual, pensando si volvería a mi casa. Se hace lo que se puede en este tipo de coberturas, pero hace falta dignificar más al reportero policíaco, que incluso el gremio sea más empático con sus propios compañeros. Ha habido ocasiones que han agredido a compañeros y nadie comenta nada.

¿Cómo transitaste a otras temáticas como reportero?

También me tocaba cubrir juzgados en El Occidental, eso me abrió la puerta a otros temas. En lo policiaco aprendí mucho sobre derecho, me clavé en eso y me llevó a más cosas. De El Occidental me fui a Publimetro en una primera etapa durante cuatro años y empecé con temas más políticos y hasta de espectáculos, después me salí y estuve seis meses en Meganoticias en televisión, después llegué a El Informador durante dos años, creo que allí es una gran escuela de lo que se debe de hacer en el periodismo y lo que no. Ahora cumpliré seis meses en Notisistema, también ha sido una escuela tremenda, siempre evadí la radio porque tengo frenillo y no pronuncio bien la erre, es una fobia que tengo porque me cuesta mucho trabajo pronunciar ciertas palabras, pero ya no me da tanta pena, he practicado, ya lo disfruto más. Notisistema nunca se mete con tu trabajo, si haces periodismo bien, te respetan.

Al tener experiencia también en la edición, ¿Cómo cambió tu perspectiva sobre la relación entre el reportero y el editor?

El editor y el reportero son uno mismo. El editor necesariamente tiene que tener calle, sino es muy difícil que pueda entender las necesidades del reportero, entender lo que implica conseguir información, hasta dónde se puede preguntar, cuáles son las limitantes. Si un editor no tiene calle no sabrá lo que es enfrentarte a un jefe de prensa, horarios, retrasos en eventos, la frustración y hasta necesidades fisiológicas de un reportero, que si no ha comido o no ha ido al baño eso le genera cambios en su trabajo. Creo que muchos editores no reciben el crédito que merecen, son pocos los que tienen este binomio de reportero-editor, que siempre van de la mano. Creo que uno de los mejores en muchos aspectos es Mario Muñoz, él se clava con el trabajo del reportero, se sientan juntos a trabajar, a discutir y aterrizar. Como reportero tampoco puedes ser unipersonal, el pensar que ya hiciste tu trabajo y está perfecto, también debe haber otro equipo atrás para respaldar. Siglo XXI tenía una costumbre, quizá el reportero podía llegar solo con una frase y el editor con un buen equipo de trabajo verificaban datos y documentación, capaz de convertir a esa frase en todo un tema. Ahora las cosas han cambiado, el editor tiene que ser sensible sobre lo que puede obtener el reportero y las complicaciones que enfrenta, no es solo corregir una nota y presentarla. Creo que seguimos en la costumbre de pegar plastas de texto, cuando la información de un reportero puede fragmentarse y ser más visual.

¿Cómo has llevado tu vida personal al ser reportero?

Desde la universidad ya trabajaba y era un círculo vicioso y virtuoso: trabajaba para estudiar y estudiaba para trabajar. En las mañanas me iba al periódico, por la tarde a la universidad y en la noche regresaba a editar, muy pocas veces veía a mis amigos. Es algo muy complicado hasta en las relaciones personales, el ritmo de trabajo no te da para más, o es reportera (la pareja) y te entiende o si no es del medio es difícil que se acople. En 2010, cuando la cuestión de narco empezó a empeorar en Guadalajara, era Navidad, estaba con mi familia celebrando y yo estaba en mi cuarto escuchando el scanner de los policías porque se había dicho que algún grupo criminal dejaría cuerpos esa noche, pero ese día me di cuenta que estaba con mi familia, que no tenía que estar escuchando los reportes y lo apagué, porque esto así no es vida.

¿Te has sentido amenazado algún momento por tu trabajo?

Mi jefe, Rodolfo, escribía unas columnas muy pesadas, no se callaba nada y un día le dije que nos matarían por tal publicación y me dijo una frase: ‘a esto nos dedicamos, ni modo de no escribirlo’, no le pude decir nada. Durante cuatro días estuve llegando a mi casa y antes de estacionarme le daba dos vueltas a la manzana por si veía un coche que no reconocía, te puedes sentir paranoico, otro tiempo deje de salir por las noches de mi casa, pueden cambiar muchos tus hábitos.

¿Consideras que formas parte de una generación de periodismo?

Me gustaría considerarme que formo parte de la viejita escuela, aunque creo que también ahora hay cosas interesantes. No me alejaría de las cosas que aprendí cuando empecé, tuve la oportunidad y privilegio de trabajar con muchas plumas de gran calidad y creo que muchas de ellas ya no están trabajando, son experiencias que se están perdiendo. Pero también he estado en esa generación de transición, cuando usábamos el “beeper”, así nos avisaban las cosas o nos regañaban, también alguna vez utilicé la Guía Roji para llegar algún lugar y ahora tienes a la oficina en WhatsApp, se ha facilitado mucho el trabajo. Creo que hay cosas del pasado que no se deben perder como el sacrificio por tener la mejor nota.

¿Cómo crees que se ejerce el periodismo actualmente?

Creo que está depurado y positivo, hay proceso complejos que provocan que quienes no están de lleno en esto se terminan yendo, a quien le gusta el periodismo se queda y es de oficio. También muchas veces gana el ego, hay compañeros más preocupados por la forma y no el fondo. Creo que hay círculos de periodistas que su único trabajo es darse palmadas en la espalda sobre lo que hacen y no se fijan en la calidad del trabajo. El ambiente creo que ha mejorado, pero también hemos permitido que los funcionarios nos impongan las agendas, estamos quizá haciendo un trabajo comodín con la llamada ‘declaratonitis’, que tal funcionario dice algo y sobre eso entrevistamos y no vamos más allá en las historias. También creemos que es periodismo agarrar una solicitud de transparencia, redactar los datos que encontramos y no comprobamos si esos datos son falsos o ciertos, nuestro deber es investigar si son ciertos, hay que profundizar. En el periodismo no puedes quedarte solo con los datos fríos, tienes que buscar la historia, a lo que está afectando.

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Norma Gutiérrez

Desde 2009 soy reportera. Soy dramática por gusto propio y le doy vueltas hasta el cansancio a cada problema.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 10 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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