El PODER de poder decidir

Primer escenario: No puedes dormir. Llevas días sin poder hacerlo porque te pasas la noche pensando en por qué no te ha bajado. “Me debió bajar hace dos semanas”, te repites. Haces las cuentas una y otra vez porque tal vez estás equivocada y es menos tiempo, así que aún tienes tiempo de que sea un retraso normal. “¿Estaré embarazada? No, no puede ser porque nos cuidamos”, es el siguiente pensamiento, una y otra vez. Al día siguiente finges delante de todo mundo que estás de maravilla, pero al salir de la escuela vas directo a la farmacia, te sacudes la pena y esperas a que toda la gente se salga para pedir una prueba de embarazo. Entras, tus papás te dicen que vayas a cenar y les dices que hoy estás muy cansada por tanta tarea, que irás a dormir. Haces la prueba y todo se revela. Estás embarazada a tus 17 años.

Segundo escenario: Estás sentada en el baño de tu casa. Sostienes una prueba de embarazo en tus manos que te marca un resultado positivo. Sueltas el llanto porque sabes que no estás preparada para eso. Tienes 15 años, empiezas a vivir y en la secundaria apenas comenzabas a ser popular gracias a que eres la novia del chavo más guapo de la escuela. “Pero él me dijo que esto no podía pasar, me prometió que se había cuidado”, te dices. Tu frustración es aún mayor porque desde que hicieron el amor él ya no te habla. Volteas de nuevo y ves la prueba: estás embarazada.

Tercer escenario: Te preparas algo de comer llegando de trabajar. Hace días que no tienes apetito y tú sabes bien cuál es la razón. No quisiste decirle a nadie lo que te sucedió porque era demasiado vergonzoso y te amenazaron. Hace tres semanas que venías de trabajar y tu cabeza no deja de pensar en lo que sucedió. Justo dando la vuelta para llegar a tu casa unos hombres se bajaron del auto, te metieron en él y abusaron sexualmente de ti para luego tirarte en algún lugar abandonado como si nada hubiera pasado. Fue tanta tu impotencia y miedo que no denunciaste. Pensaste que te matarían así que intentaste seguir tu vida normal. Esta noche estás cenando luego de un largo día y de haber escuchado a tu ginecólogo felicitarte porque “vas a ser mamá”. Si tan solo tuviera una puta idea de lo que te sucedió…

Son algunos de los miles de casos que muchas mujeres han vivido o están viviendo en este momento en alguna parte del mundo. En ninguno de estos tres escenarios las mujeres quieren ser mamás. Las circunstancias y problemáticas son distintas, pero les aseguro que la mayoría de la gente dirá que solamente la última tiene derecho a abortar. Ni siquiera respaldarían a la niña de 15 años porque “eso le pasa por estar haciendo esas cosas a tan corta edad”. “Pendejos sus padres que no al educaron como debían, pero de todos modos ya no está ‘tan chiquita’ como para no hacerse responsable”. Y de la mujer del primer escenario ni qué decir. La mayoría la tildará de “puta” mínimo.

La aprobación de la despenalización total del aborto en Argentina ha desatado reacciones mundiales sobre si debería ser legal o no que cualquier mujer pueda terminar un embarazo de manera consciente sin que haya habido un abuso de por medio, sino simplemente por decisión propia. Unos dicen que es atroz esa aprobación pues solamente hará más irresponsables y putas a las mujeres. Otros dicen estar a favor por todas aquellas menores abusadas por sus familiares o violadores. Y los demás permanecen, según ellos, neutrales alegando que “defienden la vida, pero no juzgarán a aquella que decida terminar con una antes de los 3 meses de embarazo”.

La realidad es que la opinión y la visión que tienen de la mujer ha sido y es incorrecta. Me parece increíble pensar que todavía existen aquellos que creen que atravesar por un episodio como un aborto podría hacerse costumbre. “Perfecto, ya aprobaron el aborto, vamos a ver cuántos hombres conseguimos y la que más abortos logre en un año, gana”. No.

La decisión de abortar no es cosa sencilla y lo que no logramos entender es que estas interrupciones de embarazo ya se llevan a cabo desde hace años solamente que de forma clandestina. La aprobación de la despenalización solamente ayudará a que aquellas que decidan interrumpir el embarazo lo hagan de manera segura, sin correr riesgos de morir desangradas por una hemorragia, una infección o que simplemente se mueran en la plancha de un “hospital” en manos de un hombre que se dice doctor, pero ni siquiera estudió medicina.

Todas las personas tienen derecho a decidir sobre sí mismas, sobre sus ideales, sus cuerpos. Las mujeres tienen derecho a decidir si quieren ser madres o no. Si traer un niño al mundo les va a mejorar o empeorar la vida. No todas las mujeres tienen plan de ser madres de familia. No importa en el contexto que se haya dado. Si les falló la protección (porque sí pasa, ningún anticonceptivo es 100% eficaz), si las violaron, si son menores de edad. El hecho es que cada quien tiene derecho a decidir lo que hará con su cuerpo y de recibir la atención de manera segura.

Hace 10 años que en la Ciudad de México se despenalizó el aborto, desde entonces 177 mil 355 mujeres han podido decidir sobre su cuerpo, han abortado de manera segura y legal. Y de éstas, solamente 5.6% han sido menores de edad. Tomando en cuenta que para 2017 había ya 4 millones 600 mil mujeres en la capital del país, 177 mil es un porcentaje mínimo, ¿cierto?

Al final del día la despenalización del aborto no obliga a abortar a quien no quiere hacerlo. Mientras siguen discutiendo el tema, miles de mujeres mueren cada año por recurrir a lugares clandestinos. Debemos aprender que esto no se trata de un tema moral, sino de salud pública y si tú no estás de acuerdo la ley no te obliga a estarlo o hacerlo, la ley solamente se encargará de que aquellas que sí lo hagan, no mueran en el proceso.

mm
Fer Rangel

Periodista y feminista. Chilanga de nacimiento, pero tapatía desde mucho tiempo atrás. Feminista y vegana.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 10 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

Encuéntranos en redes sociales.