A cuatro décadas de su publicación original, “Las niñas bien” vuelve a las mesas de novedades con una reedición conmemorativa bajo el sello de Planeta. Guadalupe Loaeza presentó esta versión en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), donde aseguró que la obra se mantiene actual, Y tiene razón, éste es un clásico que no pierde vigencia desde lo social y lo cultural… “y ahora más que nunca”, cuenta en entrevista.
Desde su lanzamiento, “Las niñas bien” se convirtió en una referencia para comprender a la burguesía mexicana, un sector que vive entre privilegios, contradicciones y un deseo permanente de aspiración social. Loaeza, con su estilo crítico y humorístico, ha retratado durante décadas esos códigos y tensiones internas. Y hoy, dice, el país vuelve a un escenario donde esa lectura cobra relevancia.
Polarización y miedo: un reflejo que persiste
Durante la conversación, Loaeza subrayó que México atraviesa un periodo de polarización que revitaliza la discusión de clases. “La polarización que nos creó López Obrador que si con los chairos, los fifís, los que están contra él o contra nosotros… es la lucha de clases al cubo”, señaló.
Al hablar de las “niñas bien” contemporáneas —ya mujeres de 60 o 70 años— describió nuevamente sus contradicciones: “Traen este factor de lo mexicano en la ropa, pero también las marcas caras… sus huipiles bordados carísimos, hechos a mano, pero sus pantalones son Carolina Herrera”. Más allá del estilo, remarcó que viven con un temor constante: “Están aterradas con las extorsiones, aterradas con los secuestros… la sociedad mexicana está muy dividida y ya no están tan aceptadas. Las tratan de traidoras de clase o de traidoras de su país”.
Sin embargo, Loaeza aclaró que esas reacciones no provienen solo de la sociedad civil, sino de la clase política actualmente en el poder. “Y eso lo ha creado López Obrador. Se ha encargado”, dijo. Y continuó con una crítica directa al gobierno actual: “Pero Claudia, que es totalmente de izquierda, también se ha encargado. No le interesa la clase media. Eso es una pena, para que una democracia funcione tiene que estar integrada la clase empresarial, la clase media con recursos, y a ella no le interesa”.
La autora señaló que existe un rechazo “a priori” hacia quienes representan ciertos valores culturales y sociales. “A mí no me pueden ver ni en YouTube… no por mis ideas, ni siquiera por mi tendencia ideológica. Es porque les represento algo que les irrita profundamente: el buen gusto, la buena educación, la cultura y el sentido del humor”.
Nuevas generaciones, viejos anhelos

También habló sobre las jóvenes “niñas bien” actuales, quienes, aunque más globalizadas, siguen moviéndose bajo la lógica aspiracional. “Su máxima ilusión es estudiar en universidades del extranjero, no las veo en la UNAM. Tendrían miles de pretextos: que las van a insultar, que las van a secuestrar”. Y cuestionó su implicación con el país: “No sé si les importa realmente México, es la generación cuyos gobiernos han fracasado”.
Incluso trazó paralelos culturales recientes, como la coronación de Fátima Bosch en Miss Universo, pues tiene esa esencia de estas nuevas niñas bien, es decir, un perfil más conservador, incluso hablando de Dios en su discurso.
La clase privilegiada sigue en su burbuja, pero ahora viviendo el fenómeno de convivir en comunidades cerradas y aisladas: “Por eso se van a Santa Fe… viven en una burbuja. Qué pena, porque si abre usted las cortinas está el otro: el pobre, el miserable… Es una comunidad esquizofrénica (la de la gente bien)”.
Un libro que ya forma parte de la cultura mexicana
Para Loaeza, “Las niñas bien” pertenece al imaginario social del país: “Es parte de la historia de México. Completamente”. Recordó que desde siempre ha existido fascinación por la clase alta y sus símbolos: “Siempre ha sido aspiracional… siempre”.
Contó también anécdotas que reflejan esa búsqueda del estatus, hablando en concreto de uno de los hijos de López Obrador, pues si bien su padre ha dicho hasta el cansancio que él es del pueblo y para el pueblo desde “la austeridad”, su hijo vive en contexto del lujo. “Andy López Beltrán, lo primero que hizo al llegar a Japón fue irse a Prada a comprarse sus chamarras y sus anteojos… ¿por qué no vino a Guadalajara a comprar sus zapatos? ”.
Lo que viene: más “Yeguas”
Guadalupe Loaeza continúa activa literaria y periodísticamente. “Va a salir una novela en febrero que se llama Las yeguas enamoradas y ya firmé contrato para el cuarto libro de la saga de Las Yeguas”. A esto se suma su labor semanal: “Sigo colaborando en el periódico Reforma, los martes”.
Con esta reedición, “Las niñas bien” confirma su lugar como espejo y crítica de México. Algo que, para Loaeza, es esencial: “Incomodar también está padre… es parte de nuestra chamba. Mostrar a ese sector de la sociedad mexicana tan racista. Mostrarlo como es”.