Si pensabas que ya lo habían visto todo en el mundo jurásico… prepárate, porque Jurassic World: Renace llega con una nueva entrega que tiene de todo un poco: Scarlett Johansson corriendo entre dinosaurios, un villano maquiavélico, una familia latina cuyo líder es nuestro Manuel García-Rulfo y hasta un dinosaurio acuático, entre otras peripecias, así de random está la cosa.
Dirigida por Gareth Edwards y con Johansson como la heroína al frente, la película no se anda con rodeos: es acción tras acción y secuencia tras secuencia que queda poco tiempo para pensar demasiado, pues de hacerlo, nos daríamos cuenta de muchas inconsistencias.
Y es que aquí todo está hilado con tal de que la trama avance, aunque no tenga mucho sentido. Es como si los guionistas se juntaron a decir: “¿y si ahora metemos esto? Sí, suena padre, ¡ponlo!”.
Scarlett, eso sí, lo da todo. Tiene carisma y aguanta muy bien el ritmo en este caos jurásico. Jonathan Bailey también hace lo suyo como el nerd adorable y temeroso que saca a relucir su lado heroico.
Pero el problema es que hay tanto por cuadrar que todo se resuelve a la ligera. La premisa es ir en busca del ADN de ciertos dinosaurios porque se ha descubierto que éste puede ser benéfico para la salud de las personas que sufren enfermedades cardíacas. Por eso, un maquiavélico empresario (Rupert Friend) contrata a un grupo de mercenarios dispuestos a conseguir el ADN a cambio de dinero, para que su farmacéutica desarrolle medicamentos que —en teoría— se venderán para el beneficio de la sociedad.
Pero de buenas a primeras, Zora (Scarlett), quien es la mercenaria número uno, es convencida por el Dr. Henry (Bailey) de entregar las muestras a todas las farmacéuticas y no solo a una, para que más gente resulte beneficiada. Me parece inverosímil que hagan esto cuando ya hubo personas que murieron en este viaje intentando conseguir el ADN. Lo mínimo que se esperaría es que, ya que ellos no recibirán el dinero, por lo menos sus familias sí. Eso no tiene sentido, pero así lo dejan en el guion para justificar el desarrollo y desenlace de la película.
La crítica internacional ha sido clara: la película divide. Algunos la ven como un regreso divertido al espíritu aventurero de las primeras pelis, mientras otros la acusan de ser un refrito sin alma. Y, honestamente, yo estoy más del segundo lado. Porque sí, Renace es entretenida, pero también es una película palomera que se siente más como un comercial con dinosaurios que como una verdadera historia épica. Se nota que aquí lo que importa es vender boletos, juguetes y combos de cine, más que contar algo realmente emocionante o creativo.
Eso sí, visualmente no está mal. Tiene momentos espectaculares y los efectos cumplen. Pero el suspenso que caracterizaba a la saga original brilla por su ausencia. Ya no sientes miedo, ni tensión, ni ese asombro de cuando veías a los dinosaurios por primera vez. Todo está tan sobreproducido que hasta los rugidos pierden emoción.