Ver “Sex and the City” en mi adolescencia y luego en mis veintitantos me cambió la vida. Fue una revolución emocional y estética. “Carrie”, “Samantha”, “Miranda” y “Charlotte” no solo eran personajes de una serie, eran un espejo, un deseo, una guía y, a veces, una advertencia. Hoy, con casi 40 años, me enfrento al reboot “And Just Like That…” con otra mirada, una más crítica y madura, pero igual de fan.
El pasado 29 de mayo se estrenó el primer episodio de la tercera temporada, y lo que debería sentirse como un reencuentro emocional y divertido con viejas amigas, se convierte en una especie de performance forzado sobre la adultez, el privilegio y la desconexión. El primer episodio de esta nueva entrega se sintió como un “meh…”. Nuestras protagonistas se dibujan como una caricatura de lo que fueron.
Las protagonistas ya no navegan el caos emocional y relacional de forma identificable, ahora flotan en una burbuja de absurdos con problemas de ricos que generan más cringe que empatía. “Charlotte” pasa casi todo el episodio queriendo demostrar que su perro no es agresivo. ¿De verdad eso era lo más relevante para su arco? Lo que hubiera sido una buena escena cómica, se extiende hasta el hartazgo.
Y qué decir de “Miranda”, quien alguna vez fue una mujer altiva, pasional e irónica. En este episodio, se acuesta con una monja sesentona que decidió explorar su sexualidad. La idea, aunque válida desde la representación, está tan mal ejecutada que parece un mal sketch de comedia. “Miranda”, antes desafiante y aguda, ahora es migajera, vacilante, una sombra caricaturesca de sí misma.
“Carrie”, por su parte, se ve desdibujada. Con unos outfits espectaculares (eso sí, ahí sigue latiendo su esencia), pero emocionalmente congelada. Esa escena del sexo telefónico con “Aidan” es incómoda y cero sexy, nada anecdótica. La mujer que solía enseñarnos que se puede ser libre, atrevida y contradictoria en el amor, ahora parece atrapada en una narrativa conservadora que no le va. Se convirtió en la señora que juró destruir.
No podemos seguir fingiendo que la ausencia de “Samantha” (Kim Cattrall) no pesa. Ella era el contrapunto necesario. La que equilibraba la neurosis de “Miranda”, el conservadurismo de “Charlotte” y la indecisión de “Carrie”. Sin ella, todo se siente desbalanceado, como un cóctel mal servido.
Aun con todo este caos, hay momentos rescatables. “Lisa” (Nicole Ari Parker) y “Seema” (Sarita Choudhury) son las que tienen un mejor desarrollo de sus personajes. Sobre todo brilla mucho “Seema”: glamorosa, segura, sin miedo a decir lo que piensa. Ella representa ese espíritu que “Sex and the City” tenía en su núcleo: mujeres deseantes, libres, imperfectas y poderosas.
Aunque ya me desahogué, aquí estaré cada semana. Porque sigo siendo fan. Porque quiero ver en qué devienen estas mujeres. Pero también porque espero que, en algún momento, el guion y la dirección escuchen y devuelvan a estos personajes la tridimensionalidad que los hizo íconos. Urge bajarlas de la nube de privilegio en la que flotan y verlas enfrentar temas reales: la menopausia, la salud mental, el miedo a la muerte, el cuerpo que cambia, las relaciones largas, el erotismo después de los 50.
La tercera temporada de “And Just Like That…” inicia con un episodio que más que glamour, entrega confusión. Pero si algo nos enseñó esta franquicia es que, con el grupo adecuado de amigas, todo puede mejorar.