La película Lo Que Nos Van Dejando, dirigida por Issa García Ascot, forma parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine de Guadalajara 2026, donde compite en dos de sus secciones más relevantes: el Premio Mezcal, dedicado al largometraje mexicano, y el Premio Maguey, que reconoce lo más destacado del cine LGBTQ+.
Con una duración de 86 minutos, la cinta sigue a Sara, una bióloga molecular de 30 años que se ve obligada a dejar su vida en la ciudad para trasladarse a la selva, donde deberá recuperar el archivo de un centro de investigación. En ese proceso, la protagonista enfrenta recuerdos enterrados y aspectos desconocidos de sí misma, en un viaje que transita de la negación a la revelación y, finalmente, a la posibilidad de libertad.
La directora describe el origen del proyecto como profundamente personal: “Lo que nos van dejando empieza como un intento de materializar una serie de eventos y sensaciones que cambiaron mi vida y mi manera de estar en ella. La certeza de que esta historia, que es tan íntima y personal, es a su vez una historia compartida por muchísima gente y que contarla podía conectar o mover algo en otras personas fue el principal motor detrás de hacer la película”.
Producida por Yibrán Asuad, la propia García Ascot, Karla Hernández Nassar y Franco Bautista bajo el sello Cortes Finos, la película se construye como una propuesta de sensibilidad y rigor artístico dentro del cine mexicano contemporáneo.
En entrevista, la cineasta reconoce que el proceso emocional fue tan intenso como la historia que narra. “Estoy nerviosa, estoy contenta, muy emocionada y asustada”, comparte sobre el inminente encuentro con el público en Guadalajara.
Uno de los elementos centrales del filme es el uso de la selva como detonante narrativo. Para García Ascot, este espacio no solo funciona como escenario, sino como catalizador del conflicto interno: “La selva es un lugar muy intenso, que de alguna forma te satura, porque no te da opción de estar más que en ella, me parecía el lugar perfecto para que a la protagonista le empezaran a aflorar todas estas cosas de las que claramente viene huyendo”.
La construcción del relato también responde a una lógica fragmentada que acompaña el estado emocional de la protagonista. “La decisión de mezclar los tiempos… era un poco como continuar con la idea de que toda la película la vemos a partir de su punto de vista”, explica, subrayando cómo el caos no desaparece, sino que se transforma en un viaje interior.
Esa experiencia conecta con una sensación contemporánea más amplia. “Este mundo se está colapsando… y estamos todos un poco viviendo en este caos”, reflexiona la directora, quien apuesta por una narrativa donde lo íntimo dialoga con lo colectivo. “Creo que de ahí puede venir la empatía y que el público conecte con la película”.
En ese sentido, la relación entre Sara y su padre evita los lugares comunes del melodrama para apostar por una contención más cercana a lo cotidiano. “No veíamos la opción de un drama con azotones de puerta o gritos… es un personaje que vive todo muy internamente”, detalla sobre una de las dinámicas más significativas de la historia.
Más allá de lo narrativo, el rodaje fue también un proceso de exploración emocional para el equipo. “Fue un proceso emocionalmente muy duro… pero también esa posibilidad de vivirlo, de llorarlo juntos, de compartirlo… siento que ayuda, que esas emociones que tienes atoradas se diluyen”, afirma.
La película, que entrelaza experiencias personales con historias de otras mujeres, se presenta como un “collage” que busca abrir espacios de diálogo y sanación. Para su directora, compartir estas vivencias resulta fundamental: “Sacar a la luz las cosas, hablarlas, compartirlas… yo sí creo que ayuda”.
La inclusión en el Premio Mezcal reafirma su lugar dentro del cine mexicano actual, mientras que su participación en el Premio Maguey destaca su aproximación a temas de identidad y diversidad desde una perspectiva orgánica. “Me da mucho gusto que pueda hablar a tantos públicos… que exista la posibilidad de que sea una historia para todo el mundo y también tenga una cuestión sobre la identidad”, señala.
Lo Que Nos Van Dejando marca un nuevo punto en la trayectoria de Issa García Ascot, egresada del CUEC-UNAM y con formación en Nueva York bajo la guía de Terry Knickerbocker. Tras el reconocimiento de su cortometraje ¿Y cómo es él?, este largometraje representa una consolidación creativa que ahora encuentra en el FICG uno de sus primeros grandes escaparates.