Madonna, Confessions II y la eterna capacidad de reinventarse

Hay algo que siempre me ha parecido fascinante de Madonna.

Y es que, después de más de cuatro décadas de carrera, sigue encontrando maneras de generar conversación.

No hablo solamente de lanzar música nueva. Muchos artistas lanzan discos. Madonna hace algo diferente: convierte cada lanzamiento en un acontecimiento cultural.

Y eso es precisamente lo que estoy viendo con Confessions II, el nuevo álbum que llegará el próximo 3 de julio y que funciona como una continuación espiritual de uno de los discos más importantes de su carrera, Confessions on a Dance Floor, publicado en 2005. Un álbum que no solamente marcó una época, sino que redefinió la música pop de los años dos mil.

Lo interesante es que Madonna podría vivir perfectamente de su legado.

Podría limitarse a salir de gira cantando los éxitos que todos conocemos.

Podría quedarse cómoda en el lugar que ya conquistó.

Pero no.

A sus casi 70 años sigue arriesgándose.

Sigue creando.

Sigue buscando nuevas formas de conectar con el público.

Y creo que eso es justamente lo que la mantiene vigente.

Porque la vigencia no consiste únicamente en estar en los primeros lugares de popularidad.

La vigencia consiste en seguir siendo relevante.

Y Madonna sigue siendo relevante.

Quizá no de la misma manera que en los años ochenta o noventa.

Quizá ya no domina la conversación global como antes.

Pero sigue teniendo algo que muy pocas figuras poseen: la capacidad de generar interés genuino.

Y eso tiene muchísimo valor.

Cuando pienso en la estrategia de promoción de Confessions II, veo a una artista que entiende perfectamente el momento que vive la industria musical.

Hoy el consumo de música es completamente distinto.

Ya no existe una sola radio que dicte qué es popular.

Ya no existe un solo canal de televisión que determine qué debemos escuchar.

Ahora la atención está fragmentada.

Hay redes sociales.

Hay plataformas digitales.

Hay algoritmos.

Hay nichos.

Y en medio de todo eso, Madonna parece haber entendido algo muy importante.

Que no necesita competir bajo las mismas reglas que los artistas de veinte o treinta años.

Necesita jugar su propio juego.

Y lo está haciendo muy bien.

El primer movimiento fue llevar la música a donde nació gran parte de su identidad artística: la pista de baile.

Antes de pensar en listas de popularidad o tendencias virales, comenzó a generar conversación dentro de los clubes nocturnos.

Eso me parece muy inteligente.

Porque Madonna siempre ha entendido el poder de la cultura de clubes.

Ahí se formó.

Ahí construyó gran parte de su lenguaje artístico.

Y ahí sigue encontrando una conexión auténtica con la gente.

Después llegó «I Feel So Free», una canción que recupera esa esencia electrónica y de pista de baile que hizo tan especial al álbum original. El tema fue impulsado tanto en clubes como en radio especializada, generando una conversación que poco a poco fue creciendo.

Y luego vino algo que me pareció todavía más interesante.

La alianza con Grindr.

Porque aquí hay una realidad que Madonna conoce perfectamente.

Su público más fiel está en la comunidad LGBT.

Y particularmente en la comunidad gay.

Eso no significa que solamente los gays escuchen a Madonna.

Por supuesto que no.

Pero sí significa que existe una conexión histórica, emocional y cultural que pocas artistas han construido con tanta autenticidad.

Madonna no llegó a apoyar a la comunidad LGBT cuando era conveniente hacerlo.

Lo hizo cuando todavía era riesgoso.

Lo hizo cuando muchas figuras públicas preferían guardar silencio.

Lo hizo durante la crisis del VIH.

Lo hizo cuando hablar de diversidad sexual generaba controversias.

Lo hizo cuando defender ciertas causas podía afectar una carrera.

Y por eso la comunidad nunca lo ha olvidado.

La relación entre Madonna y el público LGBT no es una estrategia de marketing.

Es una historia de décadas.

Es una relación construida con tiempo, con acciones y con coherencia.

Por eso me parece tan interesante que haya decidido utilizar Grindr como parte central de la promoción del álbum.

Porque entiende perfectamente dónde está una parte importante de su audiencia.

Y en lugar de fingir que no lo sabe, lo abraza.

Lo celebra.

Lo convierte en una fortaleza.

La dinámica fue brillante.

Los usuarios podían interactuar dentro de la aplicación, hablar sobre su música y tener acceso a contenidos exclusivos relacionados con el proyecto. Además, Grindr fue pieza clave para difundir el concierto sorpresa que Madonna realizó en Times Square para presentar canciones del nuevo álbum.

Y aquí hay algo que me encanta.

Porque muchas campañas de promoción parecen hechas con una plantilla.

Lanzas un sencillo.

Después otro.

Después otro.

Luego una entrevista.

Luego una portada.

Luego el disco.

Y listo.

Madonna hizo algo distinto.

Creó un ecosistema.

Una narrativa.

Una conversación que mezcla música, orgullo LGBT, cultura de clubes, plataformas digitales, nostalgia y actualidad.

Todo forma parte de una misma estrategia.

Y eso me parece mucho más interesante.

También me parece inteligente la colaboración con Sabrina Carpenter en «Bring Your Love».

Porque Madonna entiende perfectamente que el pop actual tiene nuevas protagonistas.

Y lejos de competir con ellas, dialoga con ellas.

Construye puentes.

Se acerca a nuevas audiencias.

Demuestra que una leyenda puede convivir con las estrellas del presente sin perder identidad.

Creo que muchas veces se analiza a Madonna desde una perspectiva equivocada.

Se le mide únicamente por números.

Por reproducciones.

Por rankings.

Por tendencias.

Y yo creo que Madonna hace mucho tiempo dejó de necesitar demostrar quién es.

No tiene nada que probar.

Estamos hablando de una artista que ha vendido cientos de millones de discos.

Que ha definido generaciones enteras.

Que ha influido en prácticamente todas las grandes estrellas pop que llegaron después.

Que convirtió la reinvención en una forma de arte.

Que transformó la manera en que entendemos la figura de una mujer dentro de la industria musical.

Y eso es algo enorme.

Porque Madonna no solamente hizo canciones exitosas.

Madonna cambió conversaciones.

Habló de sexualidad femenina cuando muchas mujeres no podían hacerlo libremente.

Habló de religión.

Habló de poder.

Habló de identidad.

Habló de libertad.

Y lo hizo desde una posición incómoda.

Provocadora.

Desafiante.

Por eso me parece injusto cuando las críticas hacia ella se centran únicamente en la edad.

Porque hay un fenómeno que sigue ocurriendo constantemente.

El edadismo.

La idea de que existe una edad determinada para dejar de ser libre.

Para dejar de ser sensual.

Para dejar de ser atrevida.

Para dejar de expresarte.

Y eso me parece absurdo.

Especialmente cuando se trata de mujeres.

Porque a los hombres muchas veces se les permite envejecer conservando su atractivo, su poder y su libertad.

Pero a las mujeres se les exige desaparecer.

Volverse discretas.

Volverse invisibles.

Y Madonna se niega rotundamente a hacerlo.

Y qué bueno.

Porque ¿quién decidió que una mujer de casi 70 años no puede ser sexy?

¿Quién decidió que una mujer de esa edad no puede bailar?

¿Quién decidió que debe comportarse de determinada manera?

La respuesta es sencilla.

Nadie.

Son normas sociales que hemos repetido durante décadas.

Y Madonna lleva décadas rompiendo precisamente ese tipo de normas.

Por eso sigue incomodando.

Y creo que cuando Madonna incomoda, generalmente está haciendo algo bien.

Porque las figuras verdaderamente revolucionarias nunca han sido cómodas.

Nunca han sido complacientes.

Nunca han sido silenciosas.

Y Madonna pertenece a esa categoría.

También creo que es importante reconocer algo.

Madonna es una mujer heterosexual y blanca que pudo haberse limitado a disfrutar de sus privilegios.

Pero eligió otra ruta.

Eligió utilizar su plataforma para amplificar voces.

Para respaldar a la comunidad LGBT.

Para abrazar culturas que durante mucho tiempo fueron marginadas.

Para visibilizar la diversidad.

Y eso forma parte de su legado.

Un legado que va mucho más allá de la música.

Por supuesto, no todas las decisiones de Madonna han sido perfectas.

Ninguna carrera de cuarenta años lo es.

Ha tenido errores.

Ha tenido tropiezos.

Ha tenido momentos polémicos.

Pero incluso esos momentos forman parte de una trayectoria que siempre ha apostado por el riesgo.

Y prefiero a una artista que se equivoca intentando algo nuevo que a una artista que repite eternamente la misma fórmula.

Por eso espero Confessions II con entusiasmo.

No porque necesite demostrar que Madonna sigue siendo relevante.

Eso ya lo sabemos.

Lo espero porque me interesa ver qué tiene que decir una mujer que ha sobrevivido a todos los cambios posibles de la industria musical.

Una mujer que ha visto desaparecer formatos, tendencias y generaciones enteras de artistas.

Y que aun así sigue aquí.

Creando.

Experimentando.

Provocando.

Divirtiéndose.

Porque al final creo que esa es la verdadera lección que Madonna nos deja.

La reinvención no tiene fecha de caducidad.

La creatividad no tiene fecha de caducidad.

La libertad no tiene fecha de caducidad.

Y tampoco la pasión.

Quizá por eso sigue siendo una figura tan fascinante.

Porque mientras muchos artistas intentan conservar lo que ya lograron, Madonna sigue buscando lo que viene después.

Y eso, para mí, es lo más admirable de todo.

No que siga haciendo música.

No que siga llenando espacios.

No que siga generando titulares.

Sino que siga teniendo curiosidad.

Que siga teniendo hambre artística.

Que siga creyendo que todavía hay algo nuevo por descubrir.

Y mientras eso ocurra, Madonna seguirá siendo Madonna.

Una artista única.

Una revolucionaria.

Una mujer que convirtió la pista de baile en un espacio de libertad.

Y que casi setenta años después sigue invitándonos a bailar, a cuestionar, a expresarnos y a ser quienes realmente somos.

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Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

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En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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