No, no somos tolerantes

La palabra tolerancia no me gusta porque invariablemente me hace pensar que es algo que tengo que soportar aunque no esté de acuerdo, prefiero llamar al respeto, porque me da un descanso de paz y de dignidad, de vivir nuestras diferencias en armonía; aunque sé que más bien suena a una utopía. Tomo esto a colación porque en los últimos días, literalmente, he estado muy intolerante, tal cual como esta palabra que me abruma.

Desde que vi la película “Llámame por tu nombre” he tenido una serie de reflexiones sobre cómo me concibo en mi entorno, con los que me rodean y con las personas ajenas a mi círculo. La cinta no tiene nada que ver en su mensaje sobre esto que les hablo, de hecho aunque sus personajes son homosexuales, la temática no es gay, es más bien del primer amor y de la exploración del sexo.

Pero que la historia tenga dos personajes homosexuales ha hecho ruido, he escuchado historias de gente cercana que me dicen que varias de las personas que acuden a verla, se salen de la sala mucho antes porque dos hombres se besan y se fajan, eso es lo único que perciben, no ven más allá de su prejuicio y se han privado de una gran historia de amor, que todos quisiéramos vivir aunque nos rompan el corazón. Y a esto me lleva esta reflexión que ustedes me hacen el favor de leer.

En redes sociales, televisión y demás, en los últimos años nos han vendido la idea de que somos tolerantes, de que ya aceptamos que dos mujeres o dos hombres se casen y adopten, pero no, no es verdad, basta con meterse a leer los comentario ignorantes, obscenos y tontos del público que cree que por tener acceso a una red social y pagar su internet, tiene el derecho a desbordar cualquier cantidad de tonterías. Sí, la libertad de expresión es para todos, pero cuando uno ataca la integridad, reputación y dignidad del otro, se ha terminado esa libertad, ya no existe.

Desde mi adolescencia no me pasaba que me sentía excluido del mundo, hasta hoy, es decir, como cuando sientes no pertenecer a nada – tampoco es que quiera morir, estoy bien mis amigos–. Pero por estos días siento que este mundo ideado para heterosexuales me golpea y me consuela al mismo tiempo.

Cuando escucho una broma sobre gays, o escucho el clásico “puto” en cualquier situación, justifico las acciones verbales y de actitud, porque quienes las dicen, pues lo dicen por diversión, no es personal –y no, no lo es– pero automáticamente soy respetuoso de la situación, porque a lo largo de los años este tipo de comentarios han sido parte de nuestra idiosincrasia mexicana, aunque no quiera decir que esté bien hecho.

Y los heterosexuales no se dan cuenta que lastiman porque no es su realidad, no lo viven, no nacieron sintiéndose excluidos o como bichos raros, como nos pasó a nosotros los homosexuales cuando nos dimos cuenta que quien nos gustaba era alguien de nuestro mismo sexo.

Y uno que sí es gay, ante estos comentarios tiene que ser tolerante con ellos, es una obligación intrínseca de hecho, pero varios de estos heterosexuales que en su día a día no se dan cuenta que discriminan –porque sí, no se dan cuenta– muchos de ellos no tienen la mínima tolerancia con ver que dos mujeres se besen, dos varones se tomen de la mano y es el acabose si quieren adoptar niños, ¡pobrecitos chamacos! Y ellos sí pregonan el repudio donde sea, pero uno tiene que comprender, uno tiene que aguantar, de hecho creo que ahora me doy cuenta que ante estas situaciones, varios de nosotros, nos podríamos haber percibido como muchas mujeres se sienten en algún momento de sus vidas al ser violentadas psicológicamente, el hecho de que según el machismo, ellas tienen que comprender las cosas de tal manera porque así les tocó vivir.

Y tampoco es que me tengan que tratar con “pincitas”, puedo reírme a carcajada suelta de un chiste sobre gays, mis amigos y amigas me pueden decir ‘marica’ o llamarme en femenino y no pasa nada, pero para eso existe la confianza, el punto radica cuando la persona que quiere ser graciosa o ser ‘amigable’, en realidad es hiriente indirectamente o con alevosía y ventaja.

Hace unos días Justin Timberlake dijo que su “man crush” sería Tom Brady, y leí en Facebook un comentario que decía, “par de jotazos”. Que Justin admire a Brady por su talento deportivo o belleza física no tiene nada de malo, por el contrario, me parece que es un hombre inteligente que no tiene miedo de decir cuando otro hombre le parece atractivo, eso no le quita hombría ni masculinidad, y que pueda escucharse gay, tampoco tiene NADA de malo, ser gay es lo más cool del mundo, es divertidísimo.

Otro ejemplo, es que hace unos días Benito Cerati, hijo de Gustavo Cerati, escribió en Twitter que era feminista y homosexual, no bueno, lo odiaron por decir tal cosa, que ensuciaba la memoria de su padre que había hecho rock para hombres, ¡Qué tontería! Entonces, no han entendido el legado de un artista. Cerati hizo música para las personas, no para sus orientaciones sexuales. Benito no mancha la memoria de nadie, que sea hijo de Gustavo no lo obliga a llevar la misma vida que él, ni ser como él. Y que sea gay, repito, no tiene nada de malo. Es otra vez cuando tengo que pensar en ser tolerante cuando una bola de orangutanes sí es intolerante.

Y esas tías, mamás, primas y amigas que piensan: ‘ay, eres gay, pobrecito’, ‘qué desperdicio, tan guapo y es gay’, no, no necesitamos compasión, no tiene nada de ‘pobrecito’ ser gay, es tan chingón como ser heterosexual, bisexual o trans. Esos comentarios agresivo-pasivos que ustedes cometen señoras mías, son de lo más intolerantes y poco respetuosos.

No, no somos tolerantes, porque entre nosotros como homosexuales nos descalificamos por ser demasiado amanerados, por no ser atléticos o por no llevar una vida bajo una línea heterosexual.

Y no, no somos tolerantes, nos rodeamos de gente que nos suma y por eso nuestra realidad cercana es distinta, pero allá afuera son muchos los que odian desde la ignorancia lo que es distinto de ellos, y no sé si estemos cercanos a ser respetuosos de las diferencias de los demás, pero sé que estamos trabajando en ello.

mm
Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Quiero ser como Carrie Bradshaw.