La más reciente serie de Apple TV+, “Pluribus”, confirma que Vince Gilligan sigue siendo uno de los creadores más lúcidos y provocadores de la televisión contemporánea. El mismo responsable de “Breaking Bad” y “Better Call Saul” vuelve a situar su historia en Nuevo México, pero ahora lo hace desde una ciencia ficción inquietante, filosófica y profundamente irónica, donde lo cósmico no es un espectáculo visual, sino una excusa para hablar del poder, la obediencia y la pérdida de la individualidad.
La serie, compuesta por nueve episodios, acaba de sumar un logro importante: Rhea Seehorn obtuvo el Critics Choice Award a Mejor Actriz en una Serie Dramática por su interpretación de “Carol Sturka”, una novelista de fantasía que, paradójicamente, se convierte en el último bastión del pensamiento crítico en un mundo que ha decidido dejar de pensar por sí mismo.
Una sinopsis que es una trampa moral
“Pluribus” se sitúa en un escenario posapocalíptico donde un virus convierte a la humanidad en una mente colmena pacífica, satisfecha y aparentemente perfecta. El conflicto, la violencia y el dolor desaparecen, pero también lo hacen la oposición, la contradicción y la identidad individual. En esta versión alternativa de Albuquerque, la felicidad es obligatoria y la armonía colectiva es la nueva ley.
La ironía central de la serie es poderosa: la persona más miserable del planeta resulta ser la última esperanza de la humanidad. “Carol Sturka” es inmune al virus y, por lo tanto, incapaz de “alinearse” con esta nueva sociedad donde todos son uno mismo. Su inmunidad no la vuelve especial en un sentido heroico tradicional, sino profundamente incómoda. Ella no encaja, no pertenece y no está dispuesta a aceptar una felicidad prefabricada.
Una crítica directa a la falsa armonía social
Gilligan construye en “Pluribus” una reflexión clara —y muy actual— sobre las sociedades que, bajo la bandera del bienestar colectivo, exigen uniformidad absoluta. La serie funciona como una crítica a los sistemas que promueven el pensamiento único, liderados por figuras de poder que solo buscan beneficios particulares y que, ante cualquier intento de cuestionamiento, responden con censura, presión o absorción.
Aquí, la mente colmena no reprime con violencia explícita; lo hace con sonrisas, empatía y promesas de paz. Y es justo ahí donde la serie se vuelve perturbadora: cuando la opresión se presenta como cuidado, cuando el control se disfraza de consenso. Recordemos que el conservadurismo en la actualidad es una tendencia y son miles de simpatizantes los que ya tiene, porque se desenvuelve en el marco de lo woke.
“Carol Sturka”: una protagonista que no busca agradar
Uno de los grandes aciertos de “Pluribus” es que “Carol” no es una protagonista simpática. Es chocante, antipática, irónica y emocionalmente exasperante. No genera un vínculo afectivo inmediato, y eso es completamente intencional. “Carol” es incómoda porque cuestiona, porque no acepta, porque no se rinde.
Conforme avanzan los episodios, no necesariamente aprendemos a quererla, pero sí a entenderla y a empatizar con su resistencia. Su papel es ir contra el sistema, preguntarse por qué esta sociedad que sucumbió al virus está tan conforme con dejar de ser individuos. “Carol” no representa la esperanza luminosa, sino la duda persistente, el “no” que nadie quiere escuchar.
“Manousos” y la grieta del sistema
En ese mismo tenor aparece “Manousos”, interpretado por Carlos Manuel Vesga, uno de los grandes descubrimientos de la serie. “Manousos” también es inmune, pero su forma de resistencia es distinta: menos visceral que la de “Carol”, más fría, analítica y calculadora. Juntos forman un contrapunto perfecto.
De los once humanos inmunes al virus, solo “Carol” y “Manousos” se niegan a integrarse. Los otros nueve han aceptado la nueva sociedad porque, en efecto, la mente colmena les concede todo: poder, comodidades y deseos cumplidos. En su afán por convertirlos, el sistema cede incluso cuando eso pone en riesgo su propia estabilidad.
“Manousos” descubre algo fundamental: la mente colmena no es infalible. A través de frecuencias satelitales y radiales, detecta que es posible interrumpir momentáneamente la conexión colectiva y hacer que algunas personas “despierten”. No es una cura definitiva, pero sí una grieta. Y la serie plantea una pregunta brutal: ¿qué pasa si esas personas, al despertar, prefieren volver a dormir?
Actuaciones que sostienen el discurso
Rhea Seehorn ofrece una interpretación excepcional. Su “Carol” es ácida, voluntariosa y emocionalmente contradictoria. Le da al personaje el peso necesario para trascender y confirmar que su talento va mucho más allá del universo Gilligan. No sorprende que el Critics Choice Award haya reconocido un trabajo tan complejo y arriesgado.
Karolina Wydra, como la chaperona de “Carol” y embajadora de la mente colmena, aporta una actuación contenida, elegante y profundamente inquietante. Bajo su serenidad se percibe el yugo del régimen: la calma forzada, la vigilancia constante.
Por su parte, Miriam Shor interpreta al gran amor de “Carol”, quien muere durante la conversión del virus. Su presencia funciona como ancla emocional y como ventana al pasado de la protagonista, ayudándonos a comprender sus reacciones, su dolor y su negativa a rendirse a una felicidad artificial.
Una serie que no busca consuelo
“Pluribus” no ofrece respuestas fáciles ni finales tranquilizadores. No plantea una revolución heroica ni una derrota clara del sistema. Su mayor logro es obligarnos a confrontar una pregunta incómoda: ¿qué estaríamos dispuestos a sacrificar para dejar de sentir dolor, soledad o conflicto?
Es una serie que incomoda, que cuestiona y que se atreve a decir que la libertad, a veces, duele más que la sumisión. Y justo por eso, “Pluribus” se siente necesaria. Sin duda, una de las propuestas más inteligentes y provocadoras del catálogo de Apple TV+.