En un auditorio Juan Rulfo abarrotado, y con cientos de personas más intentando entrar entre gritos de “¡Richard, Richard!”, el actor y activista Richard Gere reveló en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) 2025 que trabaja en un ambicioso proyecto ambiental en la costa sur de Jalisco, en la zona de Xala. Su objetivo: proteger mil 200 hectáreas de montaña y litoral, un santuario ecológico casi intacto que lo deslumbró desde la primera vez que vio un video del lugar.
El anuncio ocurrió durante la charla “Compasión en acción: una custodia compartida del planeta que deja que la naturaleza y la comunidad nos muestren el camino”, en conversación con Alicia Bárcena, secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Ahí, Gere relató que su involucramiento con Xala surgió tras abandonar un proyecto similar en República Dominicana debido a malos entendidos: “La gente pensó que yo solo quería hacer dinero”, recordó. Pero Jalisco reabrió una puerta inesperada.
Su esposa, durante un vuelo a Guadalajara, coincidió con un amigo mexicano que le describió un proyecto idéntico al que habían soñado antes. Al principio Gere se negó a escucharlo, pero su esposa insistió y le envió imágenes del sitio. “Dije: ‘Dios mío, es uno de los lugares más hermosos que he visto’. Mil 200 hectáreas desde las montañas hasta el océano, tortugas por todas partes, un corredor de felinos, gente maravillosa. Era el paraíso”. Recordó incluso haber estado allí hace 30 o 40 años: “Sentí que estaba en África hace 150 años: bello y sin tocar”.
Gere explicó que hoy él y su esposa son socios de lo que prefiere llamar “santuario” más que desarrollo, y celebró el apoyo de los gobiernos estatal y federal para la conservación de esta zona.
“No hay separación”: filosofía, compasión y responsabilidad planetaria

A lo largo de la charla y en diálogo con fragmentos del pensamiento budista, Gere profundizó en una idea que repitió con calma y convicción: la ilusión de la separación humana.
“Somos 500 personas aquí y hay 500 historias, 500 ‘yo’. Pero desde un punto de vista último —cuántico, físico, budista— no hay separación”, dijo. “Si logramos penetrar esa ilusión y sentir que coexistimos, que nuestras historias se entrelazan, no podríamos ser crueles ni violentos con el otro”. Para él, comprender esta interdependencia es la base de la compasión auténtica.
El actor explicó que su camino espiritual, profundamente influenciado por el Dalai Lama, lo ha llevado a afirmar una verdad que siente cada vez más cercana: que el “yo” es un constructo cambiante. Y desde esa comprensión, aseguró, es más fácil “hacer un jardín del mundo”, cooperar en lugar de competir y elegir la bondad antes que el miedo.
Una invitación al Dalai Lama: “Sabiduría y libertad”
Durante la conversación, Gere invitó al público a asistir a la proyección del filme “Sabiduría y libertad”, una obra producida por él que mezcla documento, conversación y enseñanza. El proyecto registra un diálogo íntimo con el Dalai Lama sobre el tiempo, los cambios, el sentido de la vida y el estado actual del planeta.
“Pasar hora y media con él es un regalo”, dijo. “La película explora este momento caótico del mundo que todos sentimos: confusión, estrés, incertidumbre… y cómo podemos encontrar sentido y serenidad dentro de todo ello”.
Crisis global, liderazgo y la urgencia de actuar
Alicia Bárcena llevó la discusión hacia los desafíos geopolíticos actuales: cambios de era, conflictos, desigualdad, pérdida de biodiversidad y crisis climática. Gere no esquivó ninguna pregunta y señaló que vivimos una tensión histórica que puede verse como un colapso… o como un desafío que exige asumir responsabilidad.
“Los malos jugadores del planeta nos están obligando a demostrar quiénes somos”, afirmó. Desde una postura crítica, expresó vergüenza por el gobierno de Estados Unidos y mencionó al presidente Trump, Vladimir Putin y Benjamín Netanyahu como líderes en “el lado equivocado de la historia”. Subrayó que el mundo no puede permitirse gobiernos excluyentes: “Cualquier líder que no es incluyente no es el líder correcto”.
Bárcena compartió su experiencia en la COP30 en Brasil, donde observó con esperanza la fuerza de América Latina, Asia y Europa en la agenda climática. Pero advirtió que “el tiempo se agota”.
Gere coincidió: no se trata de pasividad espiritual. “La compasión requiere valentía”, dijo. “Para detener la violencia, alguien debe detenerse primero. Necesitamos coraje, madurez y sabiduría para enfrentar a los malos jugadores sin odio, sino con responsabilidad”.
Comparó la conducta de ciertos líderes con la de “un niño sin control de impulsos”, aludiendo de nuevo a Trump. Para él, la respuesta es la paciencia y la compasión que se reserva para un hijo: “La rabia no nos lleva al lugar correcto”.
Un llamado final: no somos pequeños, no estamos solos
Antes de cerrar, Gere insistió en que los problemas del mundo —hambre, falta de agua, inequidad, concentración extrema de riqueza— no se deben a falta de recursos, sino a decisiones humanas.
“Hay suficiente comida, agua, atención médica y refugio para todos. Lo que vemos es una locura”, dijo. “Los malos quieren que nos sintamos pequeños y solos. Pero no lo estamos. Somos muchos más. Podemos hacer el mundo que queremos”.