En el marco de su reciente estreno en salas alternativas e independientes de Guadalajara —como la Cineteca FICG y Cinemex—, el cineasta jalisciense Horacio Alcalá presentó su más reciente largometraje, “Sobre las Olas”. La producción, que representa una ambiciosa coproducción entre México, España y Francia, se adentra en las corrientes del realismo mágico para construir una narrativa insular repleta de misticismo, críticas sociales y riqueza sonora.
Protagonizada por la aclamada actriz y realizadora Ángeles Cruz —quien comparte pantalla con figuras como Roko, Nacho Guerreros, Diego Landaluce, Alejandra Herrera, Costanza Andrade y el bailarín Joaquín de Luz—, la historia se ambienta en la isla ficticia de Magdala. La trama entrelaza el destino de dos mujeres: “Gloria Zamora”, una madre cegada por la ambición, y “Rocío Aldama”, una actriz obsesionada con encarnar a Sara Montiel. A través de máscaras, pasiones ocultas y un clímax alucinatorio, la isla desdibuja los límites entre lo terrenal y lo onírico.
Detrás de este microcosmos costero, grabado en un 90 % entre Los Altos de Jalisco y el Lago de Chapala con apoyo de Film Jalisco y los Estudios Churubusco Azteca, existe un proceso creativo profundo. A continuación, el propio Horacio Alcalá detalla en primera persona la génesis, los retos estéticos y el impacto industrial de este proyecto producido por Aitor Echeverría para The Aurora Project.
Un viaje de festivales y el reencuentro con la tierra
Tras su paso por la selección del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) y su proyección en Puerto Vallarta, la película inició un recorrido internacional que la llevó a ser galardonada en España con el Premio Luis Buñuel, participar en festivales de Argentina (como Bariloche) y proyectarse en Albania, además de abrirse camino en Estados Unidos. Sin embargo, para el director, la exhibición local tenía un valor insustituible.
“Para nosotros lo más importante era este estreno en Guadalajara, porque normalmente los estrenos se hacen en Ciudad de México. Decidimos que aquí también teníamos que hacerlo porque la película pertenece a este lugar. Lo más bonito es que asistió la gente que trabajó en el rodaje, personas locales que jamás se habían visto en una producción cinematográfica”.
La creación de Magdala y el territorio sin género
Magdala no figura en las cartas geográficas tradicionales; es un espacio inventado que abreva directamente de la tradición literaria iberoamericana. “Magdala no existe. La construimos a partir del Lago de Chapala, de ranchos y de un pueblo hermoso llamado Ferrería de Tula, que está escondido entre los bosques a cuarenta minutos de Tapalpa. Se trataba de edificar algo inventado con un aura onírica. Al final, Magdala para mí es una especie de Macondo o de Comala”.
El origen de la narrativa proviene de un fenómeno inconsciente que el director compartió con Ángeles Cruz durante el proceso de escritura del guion. !La historia parte de un sueño que tuve: soñé el final de la película. El reto consistió en construir todo el camino para llegar a ese desenlace hablando de una madre que abandona todo en lo que creía por dinero, porque el dinero nos transforma. Queríamos que la obra se mantuviese como una ensoñación. Por eso nunca la encasillamos en un género; no pensamos si sería realismo mágico o cine costumbrista, sino en centrarnos en lo que la historia misma nos fuera pidiendo. En festivales decimos que es realismo mágico para dar un punto de referencia, pero los géneros y los tiempos están completamente mezclados”.
Dualidades, ambición y la naturaleza humana
En “Sobre las Olas”, el tiempo se pliega para conectar a personajes que habitan distintas dimensiones emocionales. El personaje de Sara Montiel actúa como un espectro aglutinador entre las mujeres de la historia.
“Hay esta especie de fantasma, que es Sara Montiel, que permite que estas dos mujeres se unan porque comparten algo con ella: son tres mujeres en el mismo espacio y en el mismo tiempo. Por otro lado, la madre, Gloria Zamora, es un personaje que va hacia los límites, pero te lo crees; no hay un solo momento en que digas ‘esto no puede ser’. Sabes perfectamente que ese cambio radical lo han detonado el dinero y el poder. Cuando las personas obtienen dinero, sacan a la luz quienes son realmente. Como seres humanos no tenemos límites”.
Esta exploración del deseo y la expectativa social se extiende al resto del elenco y a la geografía que habitan. “El personaje del hijo, Ángel, solo quería quedarse en la isla con su novia y escribir poesía, pero se ve obligado a cumplir un sueño que no es suyo, sino de su madre. Es algo que vemos constantemente en nuestro país. En cambio, Trinidad, la sanadora, es la única que tiene los pies en la tierra porque camina sobre la mierda y toca los animales. Además, la isla no es un mero fondo: es un personaje vivo que exige ciertos tributos a quienes vienen a habitarla”.
Texturas visuales, paisajes sonoros y el Consejo Fílmico de Los Altos
A nivel técnico, la película destaca por una cuidada dirección de arte y un diseño sonoro atípico, interpretado por un ensamble vocal internacional. “La música corrió a cargo de seis mujeres noruegas que recrean las gotas, las olas, el viento y diversos paisajes sonoros sin usar notas tradicionales. Ellas no tenían una partitura escrita: veían las imágenes y cantaban lo que la pantalla les transmitía. A nivel visual, jugamos con pasajes en blanco y negro para señalar otra época y segmentos a color que eventualmente se fusionan. Es una narrativa contada a pedacitos donde el espectador debe poner de su parte para ensamblar el rompecabezas”.
El regreso de Alcalá a su tierra natal no solo derivó en una búsqueda estética, sino en una iniciativa para descentralizar e industrializar el cine en la región de Los Altos de Jalisco.
“Vivir fuera te hace apreciar tu cultura desde otra perspectiva. De niño no me gustaba trabajar en el rancho y solo pensaba en irme para hacer cine; ahora que hago cine, lo único que quiero es volver al rancho a rodar, porque a través de la cámara entiendo que esos atardeceres y ese entorno son maravillosos”.
Al filmar, explica, “nos dimos cuenta de que las instituciones locales no conocían los procesos de una producción. Por ello creamos el Consejo Fílmico de Los Altos en colaboración con Filma Jalisco, sumando a municipios como Tepatitlán, Lagos de Moreno y Jalostotitlán. Queremos estructurar una red de servicios profesionales (hotelería, restaurantes, técnicos) para que el talento local no tenga que emigrar y para atraer más producciones a la zona”.
Un nuevo proyecto en puerta: “Gracias, abuelo”
A la par de la distribución de “Sobre las Olas”, Horacio Alcalá ya prepara el camino para su siguiente proyecto en la pantalla grande como productor: “Gracias, abuelo”. Dirigida por Rafael Franco, oriundo de Tepatitlán, esta producción independiente forma parte de la Gran Fiesta del Cine Mexicano y plantea una entrañable mirada al choque generacional y al rescate de los lazos familiares.
La historia sigue a unos niños que van a visitar a su abuelo, quien, al verlos completamente absorbidos por las pantallas de sus teléfonos celulares, decide confiscárselos para obligarlos a reconectar con la naturaleza y con la convivencia de antes. Sin pretender fechas masivas de lanzamiento, “Gracias, abuelo” se presenta como una propuesta íntima y reflexiva que refuerza el compromiso del cineasta con el talento e historias nacidas desde los Altos de Jalisco.