La película animada “Soy Frankelda”, realizada en técnica stop motion por los hermanos Roy y Arturo Ambriz, continúa conquistando a la audiencia en salas de cine a días de su estreno. El proyecto, respaldado por Guillermo del Toro y distribuido por Cinépolis, confirma no solo el talento de sus creadores, sino también el poder de las historias que se construyen desde la sensibilidad, la persistencia y el imaginario fantástico.
La cinta presenta a “Frankelda”, una joven escritora de terror del siglo XIX que, tras ser visitada por el “Príncipe de los Sustos”, viaja al “Reino de las Pesadillas”, donde deberá escribir relatos que aterroricen al mundo real, enfrentando obstáculos y criaturas que pondrán a prueba su esencia creativa.
“Ha sido una locura, pero estamos felices”
Para los directores, estos días posteriores al estreno han sido tan intensos como emocionantes. Arturo comparte que vivir la etapa de exhibición ha implicado retos inesperados:
“Ha sido una locura de medios, de estar yendo de un lado a otro, de estar yendo a las funciones. Quizás la parte más complicada de la película, pero estamos muy emocionados, estamos muy felices y ha habido muy buena respuesta. En taquilla se ha rebasado por mucho lo que se tenía contemplado”.
El cine como acto de resistencia y conexión

Más allá de un logro profesional, Roy reconoce en Frankelda un proyecto profundamente personal, resultado de años de insistir en sus sueños:
“Esta película la hicimos para conectar, para inspirar. Franquelda ha sido un alivio de 15 años muy difíciles, de puertas cerradas, de personas que se enojan porque queremos saltarnos pasos, porque nos dicen que no, y les decimos: ‘No, vas a ver que sí’… y llegamos y les decimos: ‘Ya ves, ¿no que no?’”.
La recepción emocional del público ha sido uno de los mayores regalos: “Muchos jóvenes se han acercado hasta con lágrimas en los ojos a decirnos que les motivó mucho, que les inspiró. Nos agradecen, nos quieren abrazar, y eso es precioso porque para eso es el arte: el arte es para conectar”.
El equilibrio entre lo artístico y lo comercial sí es posible
Roy señala que durante años se ha subestimado al público mexicano: “El público en México es sumamente culto. Nos encanta el arte, nos encanta la filosofía, nos encanta lo complejo. Se había subestimado mucho al público”.
Por eso, hicieron una película que respeta la inteligencia del espectador: “Queríamos algo que siguiera una línea comercial, pero chiquita, adornada de sentimientos, de experimentación, de emociones. Ir al cine debía ser un viaje artístico. Y eso ha gustado mucho”. Gracias a ello, la cinta se mantiene entre las más taquilleras del país.
El universo de “Frankelda” se expande
La construcción de identidad visual de los personajes está permitiendo que la historia llegue aún más lejos. Arturo confirma que la mercancía oficial ya comenzó a aparecer:
“Ayer salieron a la venta las playeras en la Cineteca Nacional… y se están acabando. No hay un camino establecido en México para todo esto, pero ya se está explorando. La fantasía más grande de Roy sería que salieran a la venta las figuras de acción”.
¿Y qué sigue para los Ambriz?
Aunque el deseo de continuar creando es inmediato, el siguiente paso depende aún del desempeño de la película: “Si fuera por mí hubiera empezado ayer lo que sigue”, dice Roy. “Pero el cine depende de dinero. Nos toca tener paciencia mientras se alinean los planetas”.
Eso sí, tienen claro su rumbo: “Lo que más nos apasiona es la animación y la fantasía. Ahí seguiremos todavía un tiempo”.
“Soy Frankelda” no solo es una película: es una declaración de fe en la imaginación como fuerza transformadora. Un recordatorio de que los sueños son más grandes que los obstáculos, y que el arte —cuando es sincero— encuentra su camino para tocar corazones. Y así lo está logrando.