El arte piensa, observa y construye. Así lo demuestra el cartel oficial de la edición 41 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), creado por el artista jalisciense Ricardo Luévanos, quien transforma el proceso creativo en una poderosa metáfora visual.
Para Luévanos, formar parte de la historia del festival no es menor. “El festival es una experiencia colectiva que se vive y se siente, y poder darle imagen es un gran honor. Es, sin duda, un sueño cumplido”, comparte sobre una oportunidad que llega tras años de admirar los carteles del FICG.
La mirada que crea: del pensamiento a la imagen
Lejos de recurrir a símbolos evidentes del cine, el artista apostó por una narrativa más introspectiva. En el centro del cartel, una mirada profunda representa ese instante íntimo donde nace una idea. A su alrededor, pájaros tejedores construyen, hilo a hilo, una analogía directa con el proceso cinematográfico.
“Más que la esencia del festival lo relacioné con los procesos, como el creativo que lleva todo director a desarrollar una película”, explica. “Encontré esta ave que con mucha paciencia y técnica va creando nidos, es una analogía directa a cómo los directores van hilando ideas para lograr algo”.
Cada ave simboliza una idea en evolución: algunas permanecen, otras cambian y otras desaparecen. Así, la imagen no solo ilustra, sino que narra.
Libertad creativa y lenguaje propio
El proceso también estuvo marcado por la libertad. “El festival no me marcó nada, fue una carta abierta a lo que yo quisiera hacer”, afirma Luévanos, quien únicamente recibió retroalimentación sobre evitar elementos obvios del cine.
Esa libertad permitió consolidar un estilo que ya es reconocible: retratos intervenidos, aves y composiciones que mezclan lo emocional con lo simbólico. “La gente ya ubica muy bien mis retratos, las aves, el rostro cubierto, eso ya es muy insignia”, señala.
Color, calma y contraste

Aunque la imagen contiene múltiples elementos en movimiento, la paleta cromática equilibra el conjunto. Tonos azules evocan calma e infinito, mientras amarillos, cafés y verdes conectan con lo orgánico.
“Quise crear un contraste porque el proceso creativo puede ser caótico, pero busqué una gama de color más tranquila, que diera paz”, explica. “La imagen es fuerte, pero con el color se suaviza el mensaje”.
Un vínculo construido con el cine
La relación de Luévanos con el cine no es nueva. Desde colaboraciones con distribuidoras hasta propuestas de carteles y proyectos concretados, su trayectoria ha estado ligada a la industria.
“He trabajado propuestas de carteles y también la imagen de una película como Tótem de Lila Avilés”, comenta. Además, su cercanía con el festival se fortaleció tras diseñar el Premio Maguey en 2014 y, más recientemente, su estatuilla.
“Siempre me he sentido parte… el festival es un gran referente en Guadalajara y en México”, afirma.
Un momento personal y creativo clave
Este reconocimiento llega en una etapa de plenitud para el artista. “Me siento muy tranquilo, muy en paz, muy seguro de lo que hago”, confiesa. “Este reconocimiento llega justo en el momento en el que mejor me siento”.
Sin embargo, también marca una transición: dejar atrás la obsesión por la perfección para explorar nuevas formas. “Necesito empezar a experimentar algo más crudo, dar un poco más al error, sin castigarme”.
De las aves al origen
Las aves, elemento recurrente en su obra, surgieron de manera orgánica. Inspirado por la ilustración científica y la observación de la naturaleza, Luévanos encontró paralelismos entre el comportamiento animal y la experiencia humana. “Empecé a crear analogías entre situaciones humanas y las aves y una cosa llevó a la otra”, recuerda.
Entre todas, hay una favorita: las golondrinas. “Siempre vuelven al mismo lugar… como yo, siempre trato de volver al origen”.
Con una trayectoria que incluye colaboraciones con marcas como Nike y ELLE México, así como portadas para Belanova, Luévanos consolida su lugar como una de las voces visuales más interesantes de su generación.
El cartel del FICG 41 no solo anuncia un festival: invita a mirar hacia adentro, a entender que toda historia —como todo nido— comienza con una idea, paciencia y el impulso de crear.