El pasado martes 22 de septiembre no fue una fecha cualquiera para la oferta de entretenimiento en la zona metropolitana de Guadalajara. El icónico Estadio Tres de Marzo quedó en el pasado para dar paso oficialmente al Coliseo GNP en Zapopan, una transformación respaldada por Ocesa y titanes de la industria que arrancó con todo el protocolo: recorrido, corte de listón y la presencia de autoridades locales y del gobernador del estado.
Aunque originalmente hace unas semanas se esperaba a Rod Stewart para engalanar la reapertura, un inconveniente de salud le impidió asistir. Sin embargo, Michael Bublé tomó el toro por los cuernos sin dudarlo, demostrando por qué es uno de los grandes showmen de nuestra era.
La velada comenzó a tomar forma con la calidez de la argentina Daniela Spalla, encargada de amenizar la espera. Poco después de las 21:00 horas, mientras el público terminaba de acomodarse, Bublé tomó el escenario. Desde los primeros minutos, la remodelación del inmueble se hizo evidente: una arquitectura vanguardista y moderna que verdaderamente le otorga esa estética de coliseo, optimización de espacios, baños impecables y un servicio de alimentos y bebidas más cómodo.
En cuanto al show, la noche fue una auténtica fiesta: ligera, muy musical y cargada de diversión. Ataviado en un traje negro impecable, Bublé derrochó un atractivo indiscutible, pero sobre todo, una cercanía y calidez genuinas. Ganarse al público tapatío le tomó solo un par de sonrisas; bajó constantemente a cantar al nivel de la gente entre las sillas, bromeó, coqueteó y conectó de una manera tan íntima que transformó un recinto tan grande en un club de jazz personal.
El repertorio fue un desfile impecable de éxitos donde su orquesta y coristas tuvieron momentos de auténtico lucimiento. Clásicos como “Feeling Good”, “Sway”, “Home”, “L-O-V-E» y “Haven’t Met You Yet” hicieron retumbar el lugar, seguidos por un nostálgico y enérgico medley en honor a Elvis Presley (!How Sweet It Is”, “First Last”, “Everything”).
El broche de oro llegó con un encore inolvidable: tras la emotiva intro instrumental de “Smile”, llegaron las interpretaciones magistrales de “Cry Me a River” y “Always On My Mind”, dejando a todos los presentes con un sabor de boca inmejorable. Un estreno con el pie derecho para el Coliseo GNP y una lección increíble de entretenimiento por parte de Michael Bublé.