Alejandro Speitzer: “Cruise” o la urgencia de vivir un paso a la vez

Este miércoles 21 de enero, en punto de las 19:00 horas, el Teatro Galerías recibe “Cruise”, un montaje intenso, musicalizado y profundamente humano protagonizado y producido por Alejandro Speitzer. La obra —dirigida por Alonso Íñiguez y producida junto a Sergio Gabriel y Oscar Uriel— se ha convertido en uno de los montajes más comentados de la cartelera reciente por su forma sensible y frontal de abordar la vida de un joven que vive con VIH en la década de los ochenta, estableciendo un paralelismo con el presente y con nuestra manera de habitar el mundo.

“Esta historia, lo digo con mucha humildad, ha tenido un tremendo éxito en Ciudad de México. Estoy muy contento y muy agradecido con el público que está llenando nuestras funciones y, como lo digo en cada función, me siento más vivo que nunca”, comparte Speitzer, motivado por la respuesta que ha tenido el proyecto.

“Cruise” no es un monólogo convencional. Durante una hora con cuarenta minutos, Speitzer interpreta a más de quince personajes, acompañado por un DJ en vivo —Mike, su “mano derecha” en escena— y una propuesta visual donde las luces de Matías Gorlero y la magia escénica de Salvador Ángeles construyen una experiencia sensorial poderosa. “No me atrevería a decir que estoy solo, porque no lo estoy. Tengo un equipo creativo detrás increíble”, subraya el actor.

La obra se sitúa en los años ochenta, en uno de los momentos más crudos de la historia reciente, cuando el VIH estaba rodeado de miedo, desinformación y estigma. Desde ahí, “Cruise” propone una reflexión que dialoga directamente con la actualidad. “Definitivamente hoy vivir con VIH no tiene nada que ver con lo que era en los 80s. Tristemente sigue habiendo mucho estigma y creo que también es una de las cosas que más me gusta de esta historia: que genera una conversación, una conversación que permita hablar de manera más libre y más sana sobre lo que significa vivir con VIH”, afirma Speitzer.

Esa conversación es, para el actor, uno de los mayores logros del montaje. La obra no solo informa, también dignifica. “Para mí esta historia también es un viaje y una dignificación a todas esas vidas que hoy ya no están, pero que hicieron una lucha enorme por encontrar soluciones y por muchas de las libertades de las que hoy gozamos como sociedad”, dice. Y es enfático al desmentir viejos prejuicios: “No es que tengas la posibilidad de vivir más, tienes la posibilidad de tener una vida completamente normal”.

Speitzer reconoce que enfrentarse a este material lo sacudió profundamente. “Ha sido una historia que me ha puesto de cabeza y que no sabía si estaba listo, pero creo que no hay manera de descubrirlo hasta que no haces las cosas”, confiesa. Esa inquietud personal —la necesidad de no conformarse y de gestionar sus propias oportunidades— es también parte del ADN de “Cruise”. “No soy partidario de la frustración, entonces hago todo lo posible por conseguir lo que me apasiona”, añade.

Más allá del tema central, el actor ve en el teatro un espacio de conexión íntima y honesta. “Ese es el poder del teatro: el escenario funciona como puente para tener una conversación íntima entre desconocidos. Nos tocamos las almas”, reflexiona. En ese sentido, “Cruise” también habla del tiempo, del cuerpo y del presente. Una de las frases que más lo ha marcado resume el espíritu de la obra: “Me di cuenta de lo afortunado que soy al estar envejeciendo”. Speitzer lo explica así: “Cuando hablamos de envejecer, todos los días estamos envejeciendo. Tengas 10, 5 o los años que tengas”.

El compromiso físico y emocional que exige el montaje es enorme. Aprender más de 70 páginas de texto, sostener una energía alta durante toda la función y cuidar la voz y el cuerpo forman parte de la disciplina diaria del actor. “Uno de los grandes aciertos de mi carrera ha sido entender el compromiso. No es solo hacer la obra, es cuidarme entre semana, respetarla, porque hay gente que pagó por un boleto y sé lo complejo que es en este país”, señala.

Ese respeto también se extiende a los personajes que interpreta, incluidos aquellos que representan identidades diversas. “Merecen el mismo respeto que cualquier otro personaje. El compromiso de leer, de entender, de meterme hasta lo más profundo y de pisar un escenario habiendo hecho mi máximo posible”, afirma.

La respuesta del público ha confirmado el impacto de “Cruise”. Speitzer recibe mensajes de personas que viven con VIH, pero también de espectadores fuera de la comunidad que salen transformados. “Personas me escriben diciendo: ‘tengo VIH y me diste un respiro’, o gente que sale con estas ganas de vivir la vida, como dice la obra, un paso a la vez. Eso ha sido increíble”.

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Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

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En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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