Guadalajara se volvió una fiesta sugestiva la noche del viernes 15 de agosto, cuando Maluma aterrizó en el Auditorio Telmex con la misma seguridad con la que se pone sus lentes oscuros: sabiendo que va a conquistar. Tan pronto como el reloj marcó las 21:15 horas, las luces se oscurecieron, los gritos subieron de tono y el público de la Perla Tapatía hizo lo que mejor sabe: entregarse sin reservas a la música del colombiano.
Con “Borró Cassette” como carta de presentación, “Maluma baby” dejó claro que el menú de la noche estaría lleno de sabor: reggaetón de alto calibre, baladas para suspirar y una buena dosis de sensualidad que provocó que más de uno se derritiera ante él. Las pantallas, los láseres y los cambios de vestuario fueron el combo perfecto de un show que se disfrutó con todos los sentidos.
No es casualidad que el “+Pretty +Dirty World Tour” lleve meses colgando el letrero de sold out en ciudades como Buenos Aires, Miami o Nueva York. En Guadalajara no fue diferente: miles de voces corearon temas que ya son parte del ADN del pop urbano (“Hawái”, “AMV”, “Chantaje”) como si se tratara de himnos sagrados.
Pero lo mejor llegó cuando Maluma bajó la guardia un instante y, en medio de la euforia, dejó salir su lado más humano. “Aquí no está permitida la tristeza”, dijo, con esa voz que parece mezcla de ron y caramelo fino. Y nadie dudó en obedecer. Por un par de horas, el público olvidó los problemas cotidianos.
El reggaetonero se dio el lujo de lucir su colección personal de tatuajes —cada uno recibido con gritos que casi reventaron tímpanos—, y luego sacó de la manga uno de los momentos más aplaudidos de la velada: enfundado en la camiseta de la selección mexicana, transformó el Auditorio Telmex en una fiesta de regional mexicano, regaló rosas al público y se ganó grandes aplausos que resonaron a lo grande.
Entre beats, suspiros y derroches de carisma, la noche fue una explosión constante. Y hoy habrá una segunda ronda, porque el colombiano no se conforma con un guiño: quiere el beso completo, así que repite concierto en el mismo recinto.
La discografía de Maluma y el repertorio que conformó el show, confirman que el colombiano no solo sabe moverse al ritmo del reggaetón, sino que puede coquetear con el reggae, el regional y el pop sin perder una sola gota de sensualidad. La gira —que sigue su viaje por otros continentes— no es sólo un espectáculo: es una declaración de poder y de encanto latino. Actualmente, Maluma promueve su reciente sencillo «Bronceador».
Queda claro: Maluma no vino a Guadalajara a cantar… vino a seducir. Y a juzgar por lo vivido, la ciudad cayó rendida sin poner resistencia.