“Cumbres Borrascosas”: El amorío tóxico más famoso convertido en una versión pop y estilizada

Desde que empecé a seguir el trabajo de Emerald Fennell como directora —más allá de su faceta como actriz— me quedó claro que su voz creativa destaca por provocar, incomodar y seducir. Lo demostró con “Hermosa venganza” y lo reafirmó con “Saltburn”: proyectos sexys, polémicos, juguetones con lo moral y profundamente conscientes de su poder para levantar conversación. Por eso acudí a ver “Cumbres borrascosas” con expectativas altas.

La película, una interpretación audaz de la novela de Emily Brontë, presenta a Margot Robbie como “Cathy” y a Jacob Elordi como “Heathcliff”, dos personajes cuya pasión prohibida se mueve entre el deseo, la obsesión y la locura. En teoría, el material perfecto para que Fennell desate su lado más incómodo y perverso.

Pero en la práctica, sentí que la película se quedó a medias.

Fui al cine esperando algo encendido —no necesariamente explícito, pero sí visceral—, sobre todo considerando que Elordi es hoy uno de los rostros más virales e importantes de su generación y ha demostrado que es mucho más que una cara bonita. Esperaba una historia que provocara, que incomodara, que hiciera latir más a prisa el corazón. Sin embargo, el resultado se siente contenido, sin reventar.

Hay momentos de erotismo sugerido que funcionan —como ese juego íntimo entre Cathy y Heathcliff cuando ella recién se acaba de tocar y el prueba los dedos humedos de ella, eso insinúa una tensión más oscura—, pero son destellos aislados en una película que, en conjunto, parece optar por lo seguro, lo que le puede gustar a un público masivo sin tener que arriesgarse tanto.

Más que un retrato feroz de un amor tóxico, se percibe como una versión suavizada, pensada para un público que quiere asomarse al abismo sin realmente caer en él. Y eso desconcierta, porque el texto original habla de poder, venganza, obsesión y pulsiones destructivas.

Narrativamente, la película intenta ser varias cosas a la vez: por momentos coquetea con el humor ácido, luego se inclina hacia el melodrama y después quiere abrazar la oscuridad, pero nunca termina de decidirse. Esa mezcla genera la sensación de estar ante un batido de demasiados sabores donde ninguno logra imponerse.

En lo interpretativo, Robbie construye una “Catherine” caprichosa y distante que puede resultar difícil de abrazar emocionalmente, mientras que Elordi parece limitado por una dirección que le exige contención. En cambio, los personajes secundarios —especialmente “Isabella” y la observadora “Nelly”— aportan matices más interesantes y, paradójicamente, sostienen parte del peso obsesivo que los protagonistas no terminan de asumir.

Donde la película sí brilla sin discusión es en lo estético. La fotografía de Linus Sandgren, el diseño de producción de Suzie Davies y el vestuario de Jacqueline Durran construyen una fantasía pop muy visual y exquisita: un mundo que se siente a la vez clásico y contemporáneo, casi como un sueño estilizado que dialoga con sensibilidades modernas. Pero esa belleza visual no siempre se traduce en intensidad emocional.

Salí de la sala más decepcionado que molesto. No es una mala película —de hecho, es entretenida y tiene momentos seductores—, pero esperaba algo más siniestro, más apasionado, más incómodo. Algo que explorara de verdad la miseria humana que late en esta historia.

Quizá para quienes buscan una experiencia romántica estilizada funcione perfectamente, e incluso conmueva. Pero si uno entra esperando un retrato descarnado del amor como fuerza destructiva, es posible sentir que faltó riesgo.

Al final, esta “Cumbres borrascosas” se disfruta como una fantasía elegante y accesible, aunque menos feroz de lo que prometía la mente de Fennell. Y tal vez ahí reside su mayor contradicción: una película sobre pasiones desbordadas que, curiosamente, nunca termina de desbordarse.

mm
Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

Encuéntranos en redes sociales.