El tsunami de Yásnaya

«El lenguaje opresor hace mucho más que representar la violencia; es violencia; hace más que representar los límites del conocimiento; limita el conocimiento» Toni Morrison.

«La gente cuando piensa en el castellano que hablan los indígenas, les siguen poniendo el tono de Tizoc» Yásnaya Elena Aguilar Gil.

Tienen la capacidad de mover masas, concientizar, ayudar pero también de profundizar el odio y adoctrinar ¿hay algo más poderoso que las palabras? Los términos que utilizamos en la vida cotidiana pero sobre todo aquellos que se esparcen a través de los medios de comunicación y escuchamos de boca de los políticos pueden guardar mucho más que solo un simple significado, sino años de opresión, muerte y olvido.

“Tsunami” es una antología de relatos de distintos géneros donde autoras mexicanas reúnen sus experiencias para contar la experiencia de cómo es ser mujer en México y aunque no todos los textos que incluye pueden ganarse una mención, son las palabras de una autora en específico las que hacen que la piel se nos ponga de gallina al reflexionar sobre un tema que la sociedad, en especial los mexicanos, hemos decidido ignorar durante mucho tiempo.

Yásnaya Elena Aguilar Gil es una lingüista Mixe originaria de Oaxaca pero indígena ante el Estado (una más), el mismo que ha despojado desde su creación durante la Conquista, hasta nuestros días a las personas no solo de sus tierras sino hasta del agua según lo ha denunciado en múltiples ocasiones a través de su cuenta de Twitter (@yasnayae). Es su ensayo contenido en “Tsunami”, un recordatorio de lo que Toni Morrison ya nos había hablado hasta el cansancio: las palabras también son armas y pueden usarse para violentar.

«Ciertas palabras del castellano siempre se erigieron ante mí como preguntas abiertas sobre mi posición respecto de ellas, sobre mi identidad tejida en una nueva red léxica y sus implicaciones. ‘Indígena’ y ‘feminismo’ han sido dos palabras que, aun después de aprender suficiente sobre su significado como no confundirlas con otras, seguían apareciendo como léxicos incómodos»

El mensaje que nos otorga la autora (que por cierto estará participando en los eventos de la Cátedra José Alonso en las instalaciones del CUCSH La Normal dedicados a la Revolución de las mujeres, confederalismo democrático y las luchas de autonomía del 17 al 19 de septiembre) viene claro desde el principio; no podemos pretender que los términos sean universales y que para todos se otorgue el mismo significado. De igual manera que en Estados Unidos las mujeres afroamericanas (biológicas y trans) han debido formar su propio grupo feminista debido a la exclusión significativa que para ellas se daba en el movimiento feminista formado casi en exclusiva por mujeres blancas de clase acomodada, en México ha sido el caso para las mujeres indígenas a quienes hemos fallado en comunicar e incluir sus necesidades frente al patriarcado, ya sea por imposición cultural (P.e: ¡Así es su cultura, no podemos meternos!) o por simple y sencillo racismo:

«Es frecuente que desde estos espacios del feminismo occidental se generen discursos que refuerzan la idea de que las condiciones de las mujeres indígenas se deben a que la cultura a la que pertenecen es intrínsecamente más machista y por lo tanto se trata de un asunto ‘entre indígenas’ que nunca toca el sistema colonial, un sistema que une a mujeres blancas y hombres blancos mediante algo que Cumes llama ‘pacto racial’, de modo que, aunque los alejan las relaciones patriarcales, los unen los privilegios de raza.»

El feminismo se enfoca en «liberar» a las mujeres de la presión impuesta por la sociedad heteronormativa y machista; sin embargo -y no pocas autoras se han quejado al respecto- dentro del mismo movimiento existen tantos sub grupos (trans-feminismo, black feminism, radical, etc. etc.) que en lugar de unir, separan y es que estamos tan ansiosos por colocar etiquetas para identificarnos con algo, que se nos olvida la causa por la que estamos aquí y contra lo que se lucha.

¿Y cuál es la urgencia de colocar etiquetas, de clasificarnos forzosamente dentro de una categoría? ¿De reforzar las clases sociales, la raza, el género? ¿Por qué en cada titular de noticia relevante es necesario incluir que fue «una mujer» la que logró algo, «un indígena» o «una mujer u hombre transgénero»? ¿Por qué la segregación?

Leamos, apoyemos, comprendamos e involucrémonos más en las batallas contra todo tipo de injusticias -nos afecten de manera directa o no-, es la única manera de asegurar la evolución social.

Lee:
“Tsunami”. VV. AA. Editorial Sexto Piso.

Ve:
Entrevista a Yásnaya Aguilar: https://cutt.ly/dwgKePi

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Paola Cortés

Estudié Comunicación pero no lo digo en voz alta. Lectora queer, feminista, trans feminista y todo eso.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 10 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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