Identidad Y2K: cuando lo trans se convierte en memoria y libertad; Mickey llega al FICG 41

En el marco del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), el documental Mickey irrumpe como una de las propuestas más íntimas y radicales de la edición 41. Dirigido por Dano García y protagonizado por Mis$ Mickey, la película —seleccionada en las competencias paralelas del Premio Maguey y el Premio Mezcal— reconstruye una década de transición en el contexto conservador de Sinaloa, México, desde un lugar profundamente personal: el archivo, el diario y la amistad.

A lo largo de diez años, Mickey documentó su proceso en videos, recuerdos fragmentados y escritura. Ese material se convierte en el corazón de una obra que oscila entre la ternura y la rabia, donde el pasado no se revisita para castigar, sino para comprender. “La cosa no es de sí confrontar el pasado, pero ¿de qué manera contamos nuestras historias? […] Siempre fue como de una manera bien amorosa, con mucha ficción, con mucha jotería, con mucho brillo”, explica Dano García.

Una amistad como refugio

Antes que una película, Mickey es también el retrato de un vínculo. Dano recuerda haber conocido a Mickey cuando tenía apenas 11 años, a través de YouTube, donde la joven ya mostraba una autenticidad disruptiva: “Era bien transgresor para mí […] que ella fuera ella en una escuela en la que los sacerdotes se escandalizaban”.

Ese primer contacto evolucionó con los años hasta convertirse en una amistad profundamente significativa. “Nuestra amistad era como un acompañamiento. Un ‘te escucho, no te juzgo’”, comparte Mickey. En medio de crisis personales, rupturas y procesos identitarios, ambxs encontraron en le otre un espejo: “Una era como el reflejo del otro y viceversa”.

La película captura ese vínculo como una forma de sostén emocional, pero también como detonador creativo. “Lo que yo veía que quería también mostrarse era porque quería acompañarme”, agrega Mickey sobre el proceso frente a cámara. Pues no solo se cuenta la historia de Mickey en primer plano, también la de Dano como una segunda capa de la película.

El diario como catarsis

Uno de los pilares narrativos del documental es el diario de Mickey, una herramienta que le permitió enfrentar aquello que había preferido olvidar. “Había muchas cosas que ya no se acordaba, pero porque no quería acordarse”, dice Dano. “Fue entonces que miraron en retrospectiva a sus vidas, “como una manera de catarsis, sacar todo lo que sentía”.

Para Mickey, ese ejercicio fue tan revelador como doloroso: “Quiero mostrarme. No sabía lo mucho que me iba a doler […] verme realmente con todo lo que me había lastimado”. Sin embargo, también fue un paso necesario hacia la reconciliación consigo misma: “Me hizo conocerme y dejar de huirle a lo que no me gustaba de mi historia”.

Migrar para sobrevivir

La película también aborda la necesidad de escapar como estrategia de supervivencia. Mickey dejó Sinaloa a los 18 años para mudarse a la Ciudad de México, en busca de libertad: “Creo que eso fue lo que me salvó, porque si yo me hubiera quedado en ese lugar que me lastimó tanto, tal vez no hubiera podido encontrarme”.

Esa experiencia conecta con la de muchas personas de la comunidad LGBTQ+, que encuentran en salirse de casa una posibilidad de reinvención. En ese proceso, Mickey había creado un personaje en redes sociales que funcionaba como escudo: “Era un personaje que tenía todo lo que yo quería hacer […] pero yo estaba pasando por otras cosas que ni siquiera podía ver”.

La estética del avatar

Uno de los aspectos más llamativos de Mickey es su propuesta visual: una mezcla de estética dosmilera, referencias pop y exploración digital que remite al concepto del avatar. Para Dano, esta elección responde a una experiencia generacional: “Crecimos con webcams, con celulares, con cámaras de seguridad […] entonces hackealas, y con eso haces otra estética”.

Mickey lo lleva más allá, como una metáfora identitaria: “Las personas trans entendemos perfectamente que nuestro cuerpo es moldeable […] vamos creando con las características que soñamos”. En ese sentido, el documental no solo narra una transición física, sino también simbólica: la construcción consciente de uno mismo. “Es bien raro ver cómo yo me dibujaba y me terminé convirtiendo en mis dibujos”, afirma.

Confrontar sin castigar

Uno de los momentos más potentes del filme ocurre en el diálogo con el padre de Mickey, donde se abordan heridas profundas desde un lugar inesperado: la empatía. “Logré entender de dónde venían mis heridas”, dice la protagonista, tras descubrir incluso aspectos de su infancia que desconocía.

Para Dano, involucrar a la familia fue un acto de valentía compartida: “Su papá se prestó a jugar también […] a contar su parte”. El resultado es un ejercicio de memoria que no busca culpables, sino abrir conversaciones.

Una historia en expansión

Tras su paso por el FICG, Mickey continuará su recorrido por festivales mientras busca distribución comercial. Paralelamente, el proyecto sigue creciendo: Mickey trabaja en la publicación del diario que dio origen a la película, mientras Dano desarrolla su ópera prima de ficción.

“La película sigue viva”, concluye Mickey. Y en efecto, su historia no se cierra en la pantalla: se expande como un acto de resistencia, de memoria y, sobre todo, de libertad.

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Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

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En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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