Después de un recorrido de festivales que le valió reconocimientos como Mejor Documental Mexicano en el Festival Internacional de Cine de Monterrey y el Festival Zanate, el documental “Mi pecho está lleno de centellas” llegará a las salas mexicanas el próximo 25 de junio.
La ópera prima del cineasta tapatío Gal S. Castellanos es una obra profundamente personal que explora la transformación, la identidad y los vínculos familiares a través de una historia compartida entre madre e hijo.
La película sigue a una madre que viaja a Turquía para reencontrarse con un amor surgido en Facebook mientras emprende un proceso de autodescubrimiento, y a un hijo que desde México atraviesa una transición de género. Ambos construyen una correspondencia audiovisual que termina por revelar nuevas formas de entenderse y reconstruir sus vidas.
Para S. Castellanos, el estreno representa mucho más que la llegada de una película a los cines; simboliza el cierre de una etapa vital que lo acompañó durante casi una década.
“Ha sido un largo viaje y sí estamos muy contentos todo el equipo. Es chistoso porque justamente estrenamos un día después del aniversario de la muerte de mi papá. Entonces, como que es un gran cierre ahí de procesos”, comparte el director.
Nueve años de vida dentro de una película
El proyecto tomó siete años de realización, aunque desde las primeras ideas hasta su estreno han transcurrido cerca de nueve años. Durante ese tiempo, la historia creció al mismo ritmo que la vida de su creador.
“En medio de esos siete años pasa la muerte de mi papá, el viaje de mi mamá, crisis que tienen que ver con todo eso y, al final de esos años, mi transición de género. Sí fue un proyecto que ha abarcado no solo mis procesos, pero también los procesos colectivos que he vivido con mis amigos intentando entender cuál era esa película”.
El realizador reconoce que levantar una obra autobiográfica no fue sencillo, especialmente en un momento en que el cine autorreferencial todavía enfrentaba resistencias dentro de ciertos espacios de producción.
“Fue un proceso muy duro poder levantar la película frente a las necesidades de la película, del presupuesto y de entender también por qué caminos podíamos asumir la producción. Creo que una de las grandes enseñanzas fue entender desde qué lugar quería hacer cine”.
Una historia sobre la libertad
Aunque la película aborda temas específicos como la transición de género y la experiencia de una mujer que decide reinventar su vida después de los 50 años, Castellanos considera que el verdadero eje narrativo es la búsqueda de la libertad. “Yo creo que la película habla de dos personajes intentando encontrar cada quien, desde su lugar, una libertad propia”.
A través de las videocartas que intercambian madre e hijo, la obra se convierte en una serie de confesiones íntimas donde ambos personajes encuentran espacio para expresar aquello que durante años permaneció guardado.
“Creo que estos son dos personajes que intentan decirse mucho de manera privada para que el otro escuche. Aunque son dos búsquedas muy particulares, ambos están atendiendo al deseo de poder ser libres”.
El director espera que quienes vean la película encuentren en ella una invitación a replantear su propia historia. “Intentamos construir la idea de que quien pueda ver la película sienta que tiene una posibilidad para explorar su autonomía desde un lugar libre y sentirse una persona deseante desde los lugares que conoce”.
La vulnerabilidad como acto político
Uno de los aspectos más poderosos del documental es la manera en que expone la intimidad de sus protagonistas. Castellanos considera que la vulnerabilidad puede convertirse en una herramienta de transformación colectiva. “Yo creo mucho en la vulnerabilidad como una herramienta de contribución hacia que se puedan dialogar cosas”.
Esa necesidad de compartir experiencias también nace de momentos difíciles que vivió durante su transición. “Cuando yo recién transicioné me quedé sin trabajo dos años. La gente dejó de llamarme. Sí le costó un poco a la comunidad de acá de Guadalajara volver a adaptarse a mí”.
A pesar de ello, considera que abrir espacios de diálogo sigue siendo indispensable. “Vale la pena abrir esos diálogos de libertad y entender cuál es ese lugar en el que podemos hacer que el otro se sienta seguro también para tomar decisiones sin miedo y con más amor”.
Una estética construida desde la emoción
Lejos de buscar imágenes perfectas o una narrativa convencional, Castellanos apostó por un lenguaje cinematográfico cercano a la experiencia cotidiana. “Yo quería que la película se sintiera desde las emociones y no tanto desde la estética”.
La cámara acompaña procesos, cuerpos y conversaciones desde una mirada íntima y honesta, incluso cuando eso implica mostrar la incertidumbre. “No tenía claridades súper técnicas ni narrativas, pero sí ciertas intuiciones de búsquedas que me interesaban. Quería que la cámara estuviera ahí y que se sintieran las capas de esa búsqueda”.
El resultado es una película que privilegia la experiencia emocional sobre la perfección visual. “Siempre he creído que los grandes cambios pasan mientras estamos aquí hablando. De pronto ya es viernes y te das cuenta de que te pasaron tantas cosas que eres otra persona”.
Un estreno acompañado por la comunidad
Además de su estreno comercial, “Mi pecho está lleno de centellas” estará acompañada por una campaña de impacto social que incluirá funciones especiales y espacios de conversación en distintas ciudades del país.
“Estamos haciendo una campaña de impacto con mediaciones sociales. Vamos a estar en diferentes estados generando un diálogo mucho más amplio con la comunidad transmasculina y con la diversidad de familias”.
Para Castellanos, esa conversación es tan importante como la exhibición misma. “Habrá varias funciones con mediaciones sociales para abrir un diálogo frente a las funciones y que podamos hablar de esa diversidad”.
Mientras la película inicia su recorrido en salas mexicanas, el cineasta ya trabaja en su siguiente proyecto: un largometraje de ficción centrado en un grupo de amigas teiboleras que emprenden un viaje para conocer el mar por primera vez. Sin embargo, antes de mirar hacia adelante, se prepara para despedirse de la obra que marcó una década de su vida.
“Sí creo que es un gran cierre. El cine solicita toda esta energía del mundo para que las cosas coincidan y puedan estar ahí. Se viene un tiempo también de despedida a ese gran bloque de mi vida”.