Migrar y dejar parte de tu vida en el lugar que te vio nacer

“La distancia puede impedir un beso o un abrazo, pero jamás un sentimiento”. Esa es una frase llena de verdad, tal vez de una cruel verdad; está llena de la realidad que muchos viven cuando son orillados a emigrar por circunstancias que en definitiva no tienen posibilidad de resolver, pero siempre esperando el día de volver a su hogar, buscando encontrarse con la familia que se ha tenido que quedar.

La nostalgia de la despedida es tan profunda a causa de la incertidumbre de no saber el día en que podrán volver a ver a los seres que dejaron en la tierra que los vio nacer. Aunque es cierto que en esas despedidas siempre impera la esperanza, pero desgraciadamente a veces no alcanzan a decir adiós, la gente muere y no se sabe ni el día ni la hora, y de repente reciben la trágica noticia y se encuentran a miles de kilómetros de distancia y a muchos años de no haberse visto. Desde el otro lado del mundo ya tienen una vida hecha, tal vez con hijos, tal vez sin dinero, atrapados, obligados a despedirse únicamente con el alma, encontrando la manera de darse el último adiós.

Cuando uno se va por gusto y se cuenta con el apoyo, esa es otra historia, pero la cosa cambia cuando la decisión de irse de tu país de origen tiene que ver con pobreza, desintegración familiar, violencia, opresión, entre otras cosas. Y seguramente el camino que viene será más difícil, ahí en otra nación donde no conoces las leyes, donde aprendes otro idioma con los únicos recursos con los que cuentas y si llegas de manera ilegal, todo se vuelve más inestable, porque todo lo que consigues es a expensas de si no te deportan, de si tienes suerte y logras establecerte, de conseguir algo mejor.

Historias así se repiten con más frecuencia de la que creemos. México en el 2017 ocupó el segundo lugar, solo debajo de La Inda, con mayor número de migrantes y que decir de la situación actual de Venezuela que ha orillado a miles a dejar su país. He tenido la gran fortuna de conocer a varias venezolanas y todas ellas son grandes seres humanos. Quiero agradecer profundamente a una de ellas por compartirme un pedazo de su historia, con la cual sé que se sentirán identificados muchos.

“Una vez leí esto: ‘Emigrar es como divorciarse estando enamorado’. Es algo totalmente cierto. Recuerdo que cuando llegué a México, por las noches lloraba recordando todo lo que había dejado atrás. A veces nos toca meter la vida en dos maletas y seguir adelante. Ya no hay familia cerca a quien visitar, ni amigos con quien reunirse los fines de semana. Esa parte es muy dura y cuando tienes hijos aún más porque sabes que van a crecer lejos de sus abuelos, tíos, primos… y a nosotros como papás nos toca llenar ese vacío de mil formas.
Cómo pareja es un carrusel de emociones completamente. El emigrar puede unirte mucho más a ella o separarte para siempre, te empuja a cualquiera de los dos extremos. La infinidad de cambios que se producen son inimaginables y si no tienes la suficiente conexión con tu pareja, migrar puede acabar con la relación.
Nuestra historia migratoria ha sido más fácil que la de otros. Actualmente muchas familias han tenido que separarse para poder sobrevivir y salir adelante, padres que han tenido que dejar a sus hijos con algún familiar para poder brindarles un futuro mejor, por ejemplo. Qué complicado debe ser ver crecer a tu hijo por videollamada, el no poder abrazarlo y cuidarlo porque la necesidad te obligó a alejarte de él, debe ser una de las situaciones más duras que unos padres puedan vivir.
En mi caso siendo venezolana, algo tan simple como ir a un supermercado provocaba un sentimiento de culpa horrible por pensar que quizá tu familia no pudiera ni conseguir algo tan básico como un arroz o azúcar, entre otras cosas, mientras tú no lograbas decidir qué marca comprar –para nadie es un secreto la situación actual de mi país–. Te duele estar lejos de tu familia, el saber que puede no estar pasándola bien, pero te consuela el saber que estando fuera, los puedes ayudar aunque sea económicamente. Pero como siempre digo, el dinero no comprar el calor familiar.
Otra de las cosas difíciles es a veces darte cuenta que el hecho de emigrar no te garantiza el éxito, mucho gente sale en busca de algo mejor y se le hace cuesta arriba conseguir estabilidad en todos los sentidos, ya sea porque no consigues un trabajo que se logre amoldar a tus necesidades, o en algunos casos porque tu nacionalidad resulta ser una limitante.
Nosotros estamos y estaremos eternamente agradecidos con México por abrirnos sus puertas, y a Dios por ponernos gente tan maravillosa en el camino, pero SIEMPRE, por muy bien que estés en otro país, vas a extrañar tus raíces.
Siempre tendré la esperanza de volver, así sea de vacaciones. Volver a pisar mi tierra es una de las cosas más anheladas para los que somos emigrantes”.

Tal vez no tengamos el camino y la solución en nuestras manos para evitar que esto siga sucediendo, pero si podemos ayudar desde nuestra trinchera siendo más empáticos, ayudar más, criticar menos, ser más humanos, volverte familia y nunca olvidarnos que nadie estamos exentos, que nos puede tocar irnos, o ver partir a quienes amamos.

Imagen del texto, tomada de internet.

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Jaqueline Vidales

Soy una mujer de distintas facetas: creativa, profesional, esposa y madre. Amo a mi familia, valoro a mis amigos y disfruto del tiempo que paso con ellos. Abro mis sentidos a las experiencias más enriquecedoras de la vida.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 10 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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