No había entendido la verdadera magnitud de “Hamnet” ni por qué estaba siendo tan elogiada hasta que la vi. Lo que encontré fue una obra maestra devastadora sobre la pérdida, el duelo y la forma en que el amor, incluso atravesado por la muerte, puede transformarse en arte. Es una película que no solo se mira, se siente en el alma.
Dirigida por Chloé Zhao, con varias nominaciones al Oscar 2026 —incluidas Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz—, “Hamnet” es, ante todo, una historia sobre el amor y la muerte, y cómo estas dos experiencias humanas fundamentales pueden alquimizarse entre sí a través del relato y la creación. Es una historia de metamorfosis.
La cinta, basada en la novela de Maggie O’Farrell, nos lleva a la Inglaterra de 1580. Ahí, un joven y empobrecido tutor de latín llamado William Shakespeare (Paul Mescal) conoce a Agnes (Jessie Buckley), una mujer libre, intuitiva y profundamente conectada con la naturaleza.
Se enamoran con intensidad, forman una familia y tienen tres hijos. Mientras William persigue su creciente carrera teatral en Londres, Agnes sostiene sola el mundo doméstico. Pero una tragedia sacude su vida y pone a prueba un vínculo que parecía inquebrantable. De ese dolor compartido nacerá, eventualmente, una de las obras más trascendentes de la historia: “Hamlet”.
Sin embargo, “Hamnet” no se siente como una biografía ni como un drama de época convencional. Lo que plantea es algo mucho más universal: la experiencia de amar sabiendo que todo es impermanente. La película desdibuja las fronteras entre realidad y ficción, pasado y presente, lo visible y lo invisible. Hay una dimensión casi mística, de realismo mágico y suspenso emocional, donde la naturaleza —el bosque, la tierra, el agua— se vuelve guía espiritual. La madre, el hijo y la tierra se funden en una analogía profundamente abrazadora y dolorosa a la vez.
Visualmente, la película es deslumbrante. Zhao apuesta por una conexión orgánica con la naturaleza, por silencios que pesan más que los diálogos y luego los dialogos son los que sostiene el desenlace de esta historia desde la visión del teatro.
Todo tiene una cualidad sensorial que envuelve y estruja el corazón. Es cine que observa con delicadeza, pero hiere con precisión.
Y en el centro de todo está Jessie Buckley. Su trabajo como Agnes es, sin exagerar, monumental. Claro que estoy de acuerdo con su nominación al Oscar como Mejor Actriz, y para mí debería ganar sin discusión. Tiene al menos dos momentos cumbre que, por sí solos, justifican ver la película y la convierten en una joya. Son escenas de una verdad emocional tan brutal que parecen romper la pantalla. Si fuera por mí, le darían dos premios por esas dos secuencias.
También me resulta incomprensible que Paul Mescal no esté nominado como Mejor Actor. Su William Shakespeare es contenido, herido, humano, y encarna a ese hombre que ama profundamente pero no sabe cómo habitar su dolor hasta que encuentra en el arte, en las artes escenicas, la manera de exorcizarlo . Su ausencia en la temporada de premios se siente como una deuda.
“Hamnet” habla de dejar que el otro persiga sus sueños aunque eso duela, del refugio de la familia, de la exploración de la vida a través del arte. Es un relato sobre corazones abiertos en medio de la tormenta, sobre el miedo a la muerte que muchas veces es también miedo a amar. La película sugiere algo poderoso: el amor no desaparece, se transforma. Pasa de la carne al recuerdo, del recuerdo a la palabra, de la palabra al escenario. Del dolor, al arte.
Hay ecos claros de Shakespeare que atraviesan la experiencia emocional del filme: “Ser o no ser, esa es la cuestión”, “El resto es silencio”, “Todo en la vida debe morir, pasando por la naturaleza hacia la eternidad”. Pero aquí esas frases no se sienten literarias, sino viscerales, encarnadas en la pérdida y en la necesidad humana de encontrar sentido.
Salí de ver “Hamnet” con la certeza de haber presenciado una de las razones más puras de la existencia del cine: su capacidad de tomar el dolor más íntimo y convertirlo en algo compartido, bello y profundamente humano. Desde ahora lo puedo prever: ganará al menos tres premios Oscar: Mejor Actriz, Mejor Dirección y Mejor Película.