Entre carreteras agotadoras y desafiantes, así como el deseo clandestino y heridas emocionales, el director David Pablos vuelve a poner el foco sobre las masculinidades y los vínculos queer con “En El Camino”, filme LGBT+ protagonizado por Víctor Prieto y Osvaldo Sánchez, que llegará a salas de cine el próximo 4 de junio —aunque el filme estará disponible un día antes— bajo la distribución de Cinépolis Distribución.
Reconocido por títulos como “El baile de los 41”, Pablos presenta ahora una historia mucho más áspera en apariencia, pero profundamente emotiva en el fondo.
La película sigue a “Veneno” (Víctor Prieto), un joven que frecuenta restaurantes perdidos en carretera donde sostiene encuentros sexuales con traileros. En uno de esos trayectos conoce a “Muñeco” (Osvaldo Sánchez), un conductor solitario marcado por el alcoholismo y las adicciones. Conforme ambos comparten viajes e intimidad, comienzan a vender drogas y construyen un romance improbable que será puesto a prueba cuando personas del pasado de “Veneno” reaparezcan.
Aunque el contexto narrativo es duro y ocurre en un universo profundamente masculinizado, Pablos confiesa que el corazón de la historia está lejos de ser sombrío.
“Yo creo que la película tiene crudeza, pero también tiene mucha ternura”, compartió en entrevista con Rosa Distrito. “La crudeza es en parte por los espacios en los que sucede la película, por los contextos que aborda. Son espacios muy masculinos, son espacios donde hay mucho machismo”.
Para el cineasta, “En El Camino” nació desde la necesidad de cuestionar y observar la masculinidad desde distintas dimensiones: la pública y la privada, la social y la íntima.
“Para mí la película nace del deseo de hablar sobre la masculinidad en muchas formas y retratarla hacia el exterior, pero también en lo personal, en lo íntimo y contrastar esas diferencias”, explicó.
Sin embargo, detrás de esa rudeza del entorno trailero, el realizador asegura que existe una sensibilidad que sostiene emocionalmente el filme. Una palabra que incluso ha cobrado relevancia durante su paso por festivales. “Yo más bien le llamaba intimidad, pero ternura funciona también muy bien. Creo que la película se sostiene dentro de esa balanza”, señaló.
Amor queer en territorios masculinos
Uno de los elementos más llamativos de “En El Camino” es la forma en que sitúa una relación homoafectiva dentro de un espacio históricamente asociado al machismo: el mundo trailero.
Para David Pablos, este escenario permitía explorar formas de sexualidad masculina que suelen permanecer ocultas o poco representadas en el cine.
“A mí me parecía muy interesante ver cómo se desarrolla la sexualidad en estos espacios”, comentó. “Hay muchos de estos hombres del camino que se vuelven grandes conquistadores, pero también en muchas paradas de tráileres hay trabajo sexual, hay mujeres trans y también hay hombres (que se prostituyen)”.
El director subraya que muchos de estos encuentros entre hombres ocurren desde una lógica distinta a la identidad sexual tradicionalmente etiquetada.
“Vemos hombres que se acuestan con hombres, hombres que no necesariamente se consideran homosexuales o bisexuales”, explicó. “Me parece muy interesante explorar esta sexualidad un tanto más fluida que puede existir en las cachimbas, que por lo general viene acompañada de una clandestinidad”.
No obstante, más allá de la exploración del deseo, Pablos asegura que la película también habla sobre afecto masculino y heridas compartidas.
“Los personajes de alguna manera se complementan y también tienen heridas similares”, explicó sobre “Veneno” y “Muñeco”. “Veneno tiene una herida de abandono marcada por el padre ausente, mientras Muñeco es un padre ausente, un hombre solitario, con adicciones y mucha necesidad de ser escuchado”.
Ese vínculo emocional, asegura, es lo que da profundidad a la historia. “La idea de compartir en el camino su vida, sus historias, que se puedan abrir esas heridas y acariciarlas, ya me parecía muy bello, muy entrañable”.
La intimidad como acto de confianza
Uno de los aspectos más comentados del filme es la química entre Víctor Prieto y Osvaldo Sánchez, especialmente en escenas de intimidad que, lejos de caer en el erotismo gratuito, construyen momentos profundamente sentimentales.
Para lograrlo, David Pablos apostó por un extenso proceso de ensayos y construcción emocional entre ambos actores. “Yo sabía que nada de esto iba a ser posible si no tenía esta apertura de ambos actores”, recordó. “No solo una apertura, sino una disposición y unas ganas de trabajar”.
El director reveló que el vínculo entre ambos intérpretes trascendió la pantalla. “Ellos dos se volvieron no solamente compañeros y cómplices, se volvieron amigos”, contó. “Se atrevieron a intimar en lo personal y confiaron. Yo creo que sin la confianza tampoco esto hubiera podido suceder”.
Incluso hubo señales tempranas de que la conexión funcionaría. Una semana antes del rodaje, Pablos realizó un ensayo musical con los actores al ritmo de “Los Caminos de la Vida” de La Tropa Vallenata.
“Yo ya veía que ahí estaba todo lo que necesitaba ver”, recordó. “Fue muy bello verlo en un proceso de ensayo antes de llegar al rodaje”.
Fantasía, jotería y contrastes visuales
Aunque “En El Camino” está anclada en una realidad áspera, el director también incorpora secuencias performáticas y oníricas que rompen con el naturalismo de la narrativa. “Era plantear pura jotería onírica en estos espacios sumamente masculinos como un taller mecánico”, dijo.
Uno de esos momentos ocurre con la participación musical de La Veinte Uñas y el tema Culo Bañado, utilizado como una secuencia estilizada dentro de la película.
“Yo siempre quise buscar esos contrastes y que la película no fuera enteramente naturalista”, explicó. “Sabía que quería romper con ese naturalismo y tener escenas de fantasía, honestamente”.
Tras su paso por festivales de cine —incluyendo el Festival Internacional de Cine en Guadalajara—, En El Camino llegará a las salas comerciales a partir del 3 de junio, distribuida por Cinépolis Distribución.