Aprender a mirarnos entre nosotras

Un poco de drama…

También entre mujeres debería iniciar un proceso de análisis muy profundo sobre nuestras formas de convivencia y relación con otras mujeres. La violencia, hostigamiento y abuso de cualquier índole no conoce de géneros ni estilos de vida.

Los movimientos sociales –principalmente en redes sociales– que de manera increíble y maravillosa dan voz y animan a muchas a contar sus historias, nos permiten conocer –o al menos darnos una idea– de las actitudes agresoras a las que estamos sujetas si lo vemos desde la perspectiva de género. Las estadísticas y casos son aterradores, entre 7 y 9 mujeres son asesinadas diariamente en México.

Estos ejercicios y avances sociales los veo también como una oportunidad para mirarnos entre nosotras y detectar las agresiones que entre mujeres ejercemos. Dice el dicho popular que “todos tenemos cola que nos pisen” y hablando cada una desde su trinchera hay que reflexionar si hemos sido testigos o partícipes de agresiones por más mínimas que sean. Seguramente nos sorprenderíamos.

He visto a amigas sobajadas y vulneradas físicamente por otras mujeres, ya sea en ambientes personales o laborales. He visto a mujeres que celan a muerte a sus “amigas” y no son capaces de respetar la libertad ajena al no ser incluidas en planes. Hay mujeres que de “pendeja” no te bajan si no piensas y actúas exactamente como ellas dicen, que consideran tener autoridad para juzgar y menospreciar tu forma de vivir, tus relaciones sentimentales, tu situación económica o tu vestimenta.

He conocido mujeres que tienen que “esconderse” de otras mujeres por miedo a peleas, a reclamos, que viven con el pavor de que la amiga se enoje y termine contando los secretos que le confió.

Las agresiones sexuales también se manifiestan entre mujeres –no solamente con violaciones o tocamientos– a través de acusaciones que te hacen sentir provocativa porque la forma en la que vistes es exagerada para ellas y eres “la que va dando paso a agresiones o insinuaciones sexuales”, que entre broma y broma critican el tamaño de tus senos, trasero, de tu cuerpo.

Mujeres que están obsesionadas en saber santo y seña de tu vida sexual, que dan por hecho que te acuestas con tal tipo solo porque convives mucho con él, que “justifican” tu trabajo porque te acostaste con el jefe, o que si ven a una chica guapa, insinúan o aseguran que es porque está operada (lo he escuchado entre reporteras de mi fuente).

He visto amigas cercanas obsesionadas con hombres casados o en pareja, que espían o “stalkean” a otras mujeres y de las que descargan fotografías y las pasan a otras amigas en chat donde hay burlas, hay odio, que controlan y manipulan a sus parejas con sexo, que exageran o inventan historias –de las situaciones en donde yo he estado presente– para culpar a alguien más.

Podemos no coincidir en formas de pensar y solucionar situaciones, pero tampoco podemos hacernos ciegas y minimizar circunstancias violentas solo porque es entre mujeres y son “cosas de mujeres” y no pasan a golpes o violaciones. Como mujer, ¿cuántas veces me callé actitudes violentas de mis amigos, que no matan, no violan, pero son violentos? Muchas

También conozco mujeres y amigas muy cercanas que han pasado por situaciones horribles con hombres, de abusos de confianza y sexuales, y es doloroso que te lo cuenten en su momento o enterarte después porque quizá ves reflejadas a otras amigas, o tú misma caes en cuenta del infierno que vives o lo padeciste y no supiste qué hacer.

Me ha pasado que al platicarlo, tanto mujeres y hombres también lo minimizan porque son cosas de “envidias”, “de estar en tus días”, y eso no está chido. Me han dicho que tengo un pensamiento machista, no me importa, no me considero así y tampoco coincido con algunas posturas –de las tantas que hay– en este camino de lo que es ser y cómo expresar ser feminista. Creo en la libertad de vida, en que cada quién haga con su vida lo que quiera y con quien quiera siempre y cuando no afecte a segundos, ni terceros, ni a nadie.

Crecí con tres hermanos y dormí con ellos en el mismo cuarto hasta mi adolescencia, fui educada por un padre amoroso y una madre independiente que ha sido mi principal modelo feminista a seguir y confiar ciegamente (si es que se trata de eso). La mayoría de mis amigos más cercanos son hombres y también tengo amigas –tan distintas entre sí– que se han convertido en hermanas carnales y de alma. ¿He sido partícipe y verdugo de violencia? Sí. ¿He sido víctima? Sí. Siempre pienso en ese dicho “todos tenemos cola que nos pisen”.

Violencia es violencia y normalizarlo en un género –dar por hecho que un hombre es violento exclusivamente con las mujeres– y minimizarlo en otro –que entre mujeres no existe violencia– no es correcto ni nada alentador. Todos merecemos relaciones bonitas, respaldo, confianza y ser escuchados cuando alguien te hace sentir mal, cuando nos sentimos agredidos con lo que pareciera ser una simple broma, un comentario cotidiano.

Saquen las chelas y nos abrazamos.

 

Ilustración de Jaime Johnston

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Norma Gutiérrez

Desde 2009 soy reportera. Soy dramática por gusto propio y le doy vueltas hasta el cansancio a cada problema. Tengo doctorado en relaciones amorosas tóxicas.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 10 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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