¡No somos suyas, somos nuestras!

“Te vas con mucho cuidado”, “Es muy temprano para que te vayas sola, dile a alguien que te acompañe”, “Si te vas a ir en metro recárgate en las puertas, así no te harán nada”, “¿Vas a subirte al 380 a esa hora?” “Fíjate bien por dónde vas y ve atenta por si ves a alguien sospechoso”.

Te sentiste identificada, ¿cierto? Esos son solamente algunos ejemplos de frases que nos dicen a las mujeres las personas que se preocupan por nosotros, aunque también existen aquellas como “¡Mamacita!”, “Ve nada más que nalgas”, “¡Cosita!, “Súbete muñeca”, etcétera.

Podría pasar el día entero citando frases obscenas que escuchamos cuando vamos por la calle, en el trabajo, en fin. Comentarios que día con día nos hacen sentir como objetos, como basura y como alguien inferior en la sociedad. Desafortunadamente el machismo, la misoginia, la discriminación y el acoso son parte del día a día en pleno 2018:

Pamplona, España en 2016. Cinco sujetos abusan de una mujer y 2 años después los condenan solamente por acoso sexual y les dan 9 años de cárcel –aunque hubo quien pidió su libertad inmediata–. Mensaje: La culpa fue de la mujer por estar en ese estado “inconveniente”.

 

Francia, una reportera en un partido de fútbol está haciendo la transmisión en vivo para el canal para el que trabaja. Un grupo de aficionados se acercan a ella para “festejar” y varios de ellos tratan de tomarla del brazo y tocarla. La mujer les puso un alto en plena transmisión en vivo y los hombres solamente se burlaban. Mensaje: Para qué mandan a una mujer a cubrir esos eventos conociendo el peligro al que está arriesgada.

 

Caso parecido en Guadalajara, Jalisco. Una reportera cubre la final de una copa de fútbol en el monumento de La Minerva cuando aficionados de Las Chivas del Guadalajara llegan a festejar. Mientras la mujer reportaba en vivo los hombres brincaban en la parte de atrás y uno de ellos aprovechaba a rozarse en el cuerpo de la periodista. La mujer se voltea y comienza a golpearlo con el micrófono. Mensaje: Tampoco tenía por qué agredir a los hombres, eso también es abuso.

 

No, no y NO.

¿Es tan difícil comprender que eso NO está bien?

No tienes por qué tocar a una mujer sin su consentimiento.

No tienes por qué rozar tu pene a su cuerpo sin su consentimiento.

No tienes por qué gritarle cosas ofensivas (o de cualquier tipo) a cada mujer que ves pasar por la calle.

No tienes por qué abusar de tu puesto de poder para obligar a una mujer a llevártela a la cama, ya sea a nivel empresarial o educativo.

No tienes por qué compartir detalles de tus relaciones íntimas con mujeres con el grupo de amigos que tienes, mucho menos imágenes o videos sobre ellas.

No eres más que nosotras.

No somos suyas.

La educación es la principal arma que tenemos para cambiar estas situaciones. Las nuevas generaciones deben ser enseñadas a respetar al prójimo sin importar si tienen un pene o una vagina. Y para todas esas generaciones actuales la mayor arma es nuestra voz, la difusión y nuestras leyes –aunque aún hay mucho trabajo por hacer en ese plano–.

En la Ciudad de México, 96% de las mujeres encuestadas por el INEGI había experimentado algún tipo de delito sexual en espacios públicos y 58% había sido manoseada; en Jalisco aseguran que el índice de acoso disminuyó, pero el de violación va en aumento. En México, en general, 9 de cada 10 mujeres han sufrido este terror.

Actualmente las 32 entidades federativas cuentan con Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, aunque dos aún no tienen reglamento.

Tenemos el derecho de salir a la calle a la hora que sea y sentirnos a salvo. Tenemos el derecho de poder subirnos a un camión o al metro y tener plena seguridad de que nadie nos va a tocar las nalgas, nos va a rozar su cuerpo o a tocar los pechos.

Tenemos el derecho de poder desempeñarnos de manera profesional sin que nos llamen putas porque “de seguro se cogió al jefe y la subieron de puesto”; así como tampoco debemos temer que un día el jefe nos diga que la única manera de ascender en esa empresa es pasando por su cama.

Tenemos derecho a poder asistir a la escuela sin temer que un profesor nos quiera tocar a cambio de darnos una excelente calificación o que los mismos compañeros nos toquen y nos graben.

Tenemos el derecho de poder decir “ya no quiero esta relación” sin temor a que un día esa ex pareja nos mate o nos aviente ácido.

Tenemos el derecho de poder vivir sin miedo porque nos vayan a violar o desaparecer; porque nos vayan a levantar y utilizar para trata de blancas.

Tenemos el derecho de ver crecer a nuestras hijas, sobrinas, nietas… felices y sin temor de que un día les pase algo y nunca vuelvan a ser como antes.

Tenemos el derecho de vivir.

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Fer Rangel

Periodista y feminista. Chilanga de nacimiento, pero tapatía desde mucho tiempo atrás. Feminista y vegana.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 12 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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