Cuando parecía que el Universo Cinematográfico de Marvel (MCU) ya lo había contado todo, llega “Thunderbolts” para recordarnos que incluso los más rotos pueden unirse —aunque no siempre encajen del todo— y ofrecer una historia cargada de traumas, conflictos y redención. Esta entrega dirigida por Jake Schreier no solo amplía el panorama del MCU, sino que le imprime un giro más introspectivo, emocional y hasta desconcertantemente humano. Es Marvel en su versión más emo… y eso es refrescante.
Un grupo de antihéroes y figuras moralmente grises es reunido por el gobierno para cumplir misiones que los “Vengadores” no pueden (o no quieren) hacer. Este escuadrón, conocido como los Thunderbolts, está compuesto por “Yelena Belova” (Florence Pugh), “Bucky Barnes” / Soldado del Invierno (Sebastian Stan), “Red Guardian” (David Harbour), “Taskmaster” (Olga Kurylenko), “US Agent” (Wyatt Russell) y “Ghost” (Hannah John-Kamen), bajo la supervisión de la calculadora y manipuladora “Valentina Allegra de Fontaine” (Julia Louis-Dreyfus).
Cada uno arrastra su propio pasado, sus demonios y heridas abiertas, pero también una oportunidad para redimirse… aunque eso implique seguir caminos poco convencionales.
A diferencia de otras entregas de Marvel, “Thunderbolts” se aleja del espectáculo visual basado en efectos especiales excesivos para apostar por escenas de acción más físicas, coreografiadas y terrenales. Aquí no hay dioses cósmicos ni multiversos en caos; hay heridas personales, lealtades tambaleantes y un equipo que apenas se tolera entre sí, pero que encuentra fuerza en su disfunción.
Florence Pugh lidera el reparto con una interpretación intensa, sarcástica y profundamente emocional de “Yelena”, consolidándose como una de las figuras más interesantes del MCU. Sebastian Stan se permite explorar nuevas capas de vulnerabilidad como “Bucky”, mientras que David Harbour vuelve a ser el alma tragicómica del grupo con un “Red Guardian” lleno de contradicciones. La siempre genial Julia Louis-Dreyfus, en su papel de “Valentina”, confirma que es una titiritera con planes más oscuros de lo que aparenta. Por su parte, Wyatt Russell, Olga Kurylenko y Hannah John-Kamen también aportan capas de profundidad a personajes que antes parecían solo complementarios.
La comparación de Florence Pugh con películas del estudio A24 no es gratuita. “Thunderbolts” tiene momentos que se sienten más como un drama psicológico que como una cinta de superhéroes tradicional. Hay silencios incómodos, planos contemplativos y un ritmo que por momentos se aleja del frenetismo típico del MCU para dejar respirar a sus personajes.
Esa osadía narrativa ha sido reconocida por buena parte de la crítica internacional. Con un 88% de aprobación en Rotten Tomatoes, la película ha sido destacada por su capacidad para explorar la psicología de sus protagonistas, aunque no ha estado exenta de opiniones divididas por su tono sombrío y estructura poco convencional.
Más que una película sobre redención, “Thunderbolts” es un estudio sobre la herida. Sobre cómo se sigue adelante cuando no hay gloria que alcanzar. Sobre cómo se forma un equipo con personas que ni siquiera quieren ser parte de uno. Y en eso radica su fuerza.
Con una taquilla sólida —más de 270 millones de dólares en su estreno global— y un elenco comprometido con personajes que no buscan ser héroes, sino simplemente sobrevivir, esta cinta marca un punto de inflexión. Marvel no está tratando de repetir la fórmula: está tratando de reescribirla. Y eso, en tiempos de saturación de superhéroes, se agradece.