Euphoria 3: una despedida tan arriesgada como imperfecta

La tercera y última temporada de Euphoria fue más polémica que asertiva. Desde que se confirmó su regreso, existía una gran expectativa sobre cómo retomaría la historia después de los cambios internos en HBO y Warner, así como sobre la forma en que Sam Levinson resolvería una trama cuyos protagonistas, aunque seguían interpretando a jóvenes, ya no lucían como adolescentes.

A esto se sumaba un reto importante: habían pasado más de cuatro años entre la segunda y la tercera temporada, un lapso inusualmente largo para una serie que había marcado a toda una generación.

Cuando se estrenó en 2019, Euphoria rompió paradigmas por la manera cruda, provocadora y visualmente impactante con la que retrató la adolescencia. Relaciones sentimentales complejas, adicciones, trastornos alimenticios, sexualidad, violencia emocional y dinámicas familiares disfuncionales fueron abordados desde una perspectiva que se negaba a tratar a los jóvenes como personajes ingenuos o superficiales.

Todo esto acompañado de una estética luminosa, contemporánea y sumamente atractiva que convirtió a la serie en un fenómeno cultural. Con dos temporadas de ocho episodios cada una y dos especiales lanzados en 2020 y 2021, la producción se consolidó como uno de los proyectos más influyentes de HBO en los últimos años.

Sin embargo, el paso del tiempo obligó a la serie a transformarse. Ya no podía ser la preparatoria el escenario principal donde se desarrollaran los conflictos de sus personajes.

Ahora, años después de abandonar East Highland, la historia adoptó un tono mucho más adulto acercándose más a un thriller criminal con influencias de western. Ese cambio de identidad dividió opiniones.

Parte del público criticó la creciente hipersexualización de los personajes femeninos, una observación difícil de ignorar. También desapareció gran parte de la atmósfera melancólica y hasta ingenua que caracterizaba algunos de los mejores momentos de las primeras temporadas. En su lugar apareció una narrativa más caótica, morbosa, exagerada y extravagante.

Personalmente disfruté esta tercera temporada. Como consumidor de cultura pop, me parece la apuesta más arriesgada que ha hecho la serie, pero también la que más errores cometió.

Durante los primeros episodios resultaba evidente que tanto Zendaya como Jacob Elordi parecían estar cumpliendo con una obligación más que interpretando personajes que todavía les apasionaran. En especial Nate de Jacobs transmitía la sensación de ser un personaje que simplemente necesitaba cerrar su ciclo. Sin embargo, conforme avanzó la temporada, tanto Nate como Rue recuperaron fuerza dramática y terminaron protagonizando los momentos más trágicos y memorables de toda la serie.

Uno de los mayores problemas fue la manera en que se explotó la sexualización de varios personajes femeninos, especialmente Cassie. El personaje interpretado por Sydney Sweeney alcanzó niveles de exposición que por momentos resultaban incómodos de ver.

Cassie pasó de ser una joven insegura, marcada por la comparación constante con quienes la rodeaban, a convertirse en una figura mucho más caricaturizada de lo que merecía. Paradójicamente, también fue uno de los personajes con mayor protagonismo, al grado de que en algunos episodios parecía ocupar más espacio narrativo que la propia Rue.

También hubo personajes fundamentales que terminaron desperdiciados. Tanto Lexi, interpretada por Maude Apatow, como Jules, encarnada por Hunter Schafer, quedaron reducidas a simples herramientas para conectar otras historias. La serie apenas explora sus nuevas vidas y deja de lado conflictos que podrían haber sido mucho más interesantes. En particular, Jules, quien alguna vez fue uno de los personajes más complejos y fascinantes del universo de Euphoria, termina teniendo un desarrollo sorprendentemente superficial.

Por otro lado, quien sí experimentó una evolución convincente fue Maddy Perez. El personaje de Alexa Demie emerge como una mujer ambiciosa, decidida y con la inteligencia suficiente para reinventarse. Su crecimiento es probablemente uno de los mayores aciertos de la temporada. De hecho, no sería descabellado imaginar un spin-off centrado en Maddy y Cassie explorando esta nueva etapa de sus vidas y la compleja dinámica que mantienen después de todo lo ocurrido.

La gran revelación de la temporada fue Alamo, interpretado por Adewale Akinnuoye-Agbaje. El personaje se convirtió en un antagonista imponente y fue pieza clave en el desenlace de la historia. Su enfrentamiento final con Ali, interpretado por Colman Domingo, es una de las secuencias más impactantes de la serie. Con una puesta en escena que abraza por completo la estética western, la confrontación mezcla violencia, simbolismo y catarsis emocional para ofrecer un cierre tan sangriento como satisfactorio. Era la revancha de Rue a través de Ali.

Otro aspecto llamativo fue la insistencia de Sam Levinson en incorporar referencias religiosas y elementos profundamente ligados al imaginario estadounidense como herramientas de redención. Nunca queda del todo claro si estos guiños funcionan como una crítica, una ironía o una convicción personal del creador, pero sí terminan marcando buena parte del discurso de la temporada.

Los personajes secundarios tuvieron más peso que en años anteriores y una sorpresa agradable fue la participación de Rosalía, quien demostró soltura frente a la cámara, aunque su personaje tampoco recibió el desarrollo que merecía.

Si algo resulta imposible de cuestionar es lo técnico. La fotografía, la composición visual, la puesta de cámara, la iluminación y la colorimetría vuelven a demostrar por qué Euphoria sigue siendo una de las producciones visualmente más impresionantes de la televisión contemporánea. Incluso en sus momentos más discutibles, la serie conserva una identidad estética inconfundible. Al final, las temporadas uno y dos siguen siendo, sin duda, la mejor versión de Euphoria.

mm
Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

Encuéntranos en redes sociales.