Durante su reciente visita a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), tuvimos la oportunidad de conversar con la escritora tamaulipeca, Cristina Rivera Garza, ganadora del Premio Pulitzer, quien está promoviendo la reedición de su novela “Nadie me verá llorar” (1999). Su obra poderosa y contundente se ha caracterizado por ser un referente en el contexto feminista, así que era importante para nosotros preguntarle acerca de convertirse en el eco de muchas mujeres que buscan alzar la voz, ella haciéndolo desde la escritura.
“Escribir siempre es una gran responsabilidad, estás pidiéndole tiempo, emociones y cuerpo a gente que no conoces y que tiene miles de otras cosas que hacer, así que más vale que la experiencia sea estéticamente innovadora o que te produzca preguntas y que éticamente pueda relacionarse con el mundo contemporáneo del aquí y el ahora. Yo creo que esa es la gran potencia de la escritura, que no siempre pasa, pero cuando se logra, me parece una de las cosas más nobles de este oficio. Por fortuna comparto este mundo con un montón de mujeres talentosísimas que no han tenido empacho en reconocer esta conexión entre la escritura y la calle, la escritura y el cuerpo y la escritura y las múltiples demandas que se generan en un mundo tan desigual y de tanta crueldad en el que vivimos”.
Así que para ella, cohabitar este mundo con mujeres y hombres que han decidido cuestionar el estado de las cosas, para ella representa un gran privilegio. “El libro yo no creo que refleje el mundo, porque éste en sus momentos más felices produce esa relación que importa y que tiene que ver con lo que hacemos todos los días, cómo pensamos, cómo nos vemos al espejo y qué nos decimos. Pero cuando el libro se mete a ese nivel con nosotros, me parece que se logra algo que raya en lo mágico y que va más allá de la cuestión intelectual y que tiene que ver con tus células y lo que tú eres de maneras más profundas”.
Sobre cómo toma el reconocimiento de sus compañeras y compañeros que la ven como una pluma fresca de la literatura contemporánea, responde: “Cuando yo escribí ‘Nadie me verá llorar’, casi nadie estaba haciendo escritura documental, como ahora que es algo que es parte de nuestra conversación y que es muy urgente como la novela-archivo, así como la relación entre el documento y la ficción y toda la problematización de la no ficción y demás. Así que en 1999 cuando esto salió, no era parte de la agenda del momento, así que me da mucho gusto (que con esta novela) haya como alguna especie de anticipación a una conversación que ahora es fundamental y que no podemos evitar. Además, algo que pasa conmigo es que doy clases, estoy dirigiendo un programa de escritura creativa en español, es el primero de su tipo en Estados Unidos y tengo un contacto –de trabajo– muy cercano con escritores y escritoras muy jóvenes, y no hay aliciente más grande que tratar de mantenerse despierto, activo y reaccionando rápidos, así que este tipo de conversaciones han sido muy generativas para mí”.
Por otra parte, expresa, “yo leo a mis contemporáneos y a nuevas generaciones. En el mejor de los casos, formamos una especie de equipo en dispersión. Creo que hay un fluir y una serie de elementos, sobre todo en una conversación que no tiene empacho en conectar la escritura con el mundo. Este es un momento muy propicio y productivo”.
Cristina resalta que una de sus labores como escritora consiste en poner en cuestión las grandes narrativas dominantes, como las del poder. “Y parte de mi manera de escribir no tiene que ver nada más con el regodeo en la forma, sino que tiene que ver en cómo le hago para que esa escritura pueda fracturarle la rodilla al patriarcado, al capitalismo o a estas grandes escrituras que nos dominan. El problema, como lo sabemos, es que el poder nunca se deja de manera sencilla y que hay muchas formas de reincorporar y recuperar gestos que en su inicio son subversivos. Entonces, hay que mantenerse muy alerta, mantener la viveza de esos gestos y buscar otros más, eso es parte de la búsqueda”.
Finalmente, sobre qué otras maneras de contar las cosas le llaman la atención, Cristina destaca que está interesada en las diversas agencias de los distintos tipos de materialidades, “de cómo en sus historias, las cosas tienen agencia, como las piedras, los animales, las plantas y demás. A mí esa perspectiva me ha interesado mucho, de hecho escribí ‘Autobiografía del algodón’ que sería mi manera de explorar este tipo de cosas, pero me interesa mucho lo que la corteza terrestre y los territorios que habitamos tienen reverberaciones en nosotros. Y gran parte de lo que estoy haciendo ahora es imaginar formas o diseñar ejercicios de escritura que pudieran encarnar esa experiencia en el libro en cuanto a tal”. Además, también ha explorado en áreas interdisciplinarias como la música y las artes visuales como proceso de investigación y de creatividad para encontrar nuevas rutas en la escritura.