Una de las premieres más vibrantes de la 40 edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) fue la de “Autos, mota y rocanrol”, una película dirigida por José Manuel Cravioto que reconstruye, desde la ficción documental, el nacimiento accidental del Festival Avándaro, considerado como el “Woodstock mexicano”.
La cinta parte de la versión de Justino Compeán, uno de los organizadores reales de Avándaro, quien, en la narrativa ficcionada planeaba un evento de carreras y música que se salió completamente de control, derivando en el concierto más grande y polémico en la historia del país.
La sinopsis oficial lo resume así: “Justino” y “El Negro” querían organizar unas carreras de coches y un pequeño concierto. Pero todo salió mal y terminaron haciendo el concierto más grande de la historia de México: El Festival de Avándaro, descrito por la prensa como una asquerosa orgía hippie de encueramiento, mariguaniza, degenere sexual, mugre, pelos, sangre y muerte, suficiente para hundir el negocio y salir huyendo del país”.
El director Cravioto compartió que se sintió atraído por esta versión menos conocida del origen de Avándaro: “En realidad fue para mí muy interesante descubrir la historia desde la óptica de Justino Compeán. Cuando me contó esta historia fue cuando me di cuenta que tenía que ver con mucho del tipo de cine que me interesa hacer”.
Un falso documental con alma rockera
El filme se apoya en una estructura de falso documental, lo que le permitió a Cravioto y su equipo jugar con los géneros cinematográficos y mezclar material de archivo con recreaciones estilizadas. “Fue muy divertido porque al decir que es un falso documental te abrió una cantidad de puertas para jugar con el humor, con el material de archivo, con la comedia, incluso con el thriller”, explicó.
Una parte fundamental del proceso fue la recuperación de material visual original del festival: “El poco material que existe se reescaneó en 6K. Fue un festival grabado para televisión, pero se mandó a destruir. Lo que van a ver es el rescate de esos fragmentos que sobrevivieron”, detalló Cravioto.
Rebelión y legado musical
Emiliano Zurita, quien interpreta a Justino Compeán joven, celebró el valor histórico y cultural de la película: “Fue un momento icónico que cambió la música en México para siempre… hay muchos que no lo conocen, y me da gusto que esta película sirva como acercamiento para nuevas generaciones”.
Sobre el espíritu rebelde de la película, Zurita subrayó: “Aunque fue una locura con momentos muy divertidos, tenía un bagaje cultural muy fuerte. Como pasó en Woodstock, cuando la gente quiere expresarse y buscar su individualidad, a veces causa problemas, pero a veces se tiene que hacer”.
Un set que lo transforma todo
Gabriel Angulo, quien da vida al manager de «El Brujo» (Ruy Senderos), explicó cómo la ambientación de época fue clave para encarnar su papel: “Todo era vintage. Vestuario, set, hasta las palabras que usábamos… te lo pones y ya te influye hasta la voz. Fue algo muy cool de descubrir”.
Angulo también habló del trabajo actoral en un ambiente que favorecía la improvisación: “Había mucho espacio para ser y estar. Lo van a poder ver reflejado en pantalla, esa camaradería y esa loquera de banda. Improvisar con todos fue lo que más enriqueció la experiencia”.
La música es uno de los grandes pilares del filme. Cravioto adelantó que el soundtrack estará disponible en plataformas digitales para septiembre: “Recreamos muchas de las canciones para escucharlas ahora en 5.1. Fue un proceso con los autores y abogados para poder tener los derechos. Esperamos que el soundtrack tenga vida propia”.
Un retrato colectivo del caos
En palabras del director, “Autos, mota y rocanrol” es una película coral que mezcla historia, comedia y cultura juvenil. “Trabajar con mucha gente joven fue clave, porque era la edad de todos esos chicos en el 71. Cada proyecto deja un aprendizaje, y éste me dejó mucho. Estoy orgulloso del resultado”.
La película cuenta también con actuaciones de Alejandro Speitzer, Ianis Guerrero, así como un numeroso reparto que da vida a esta tragicomedia psicodélica sobre la contracultura, la represión y el sueño colectivo que fue Avándaro.
El público del FICG la recibió con entusiasmo, y ahora el filme se prepara para su estreno comercial, listo para sacudir nuevas conciencias al ritmo del rock mexicano más alocado de los setenta.