La biopic de Michael Jackson deslumbra como espectáculo, pero evita la polémica

Hay algo que entiendes desde el primer minuto al ver la biopic Michael: no es solo una película biográfica, es un espectáculo. Y como tal, funciona mejor cuando se le mira así, como una experiencia sensorial que exige pantalla grande.

Verla —en mi caso en formato MacroXE de Cinépolis— no es un capricho, es casi una condición para disfrutarla como debe ser: con el sonido envolvente retumbando en el pecho y la imagen obligándote, literalmente, a moverte en la butaca. Invariablemente vas a bailar y cantar.

Dirigida por Antoine Fuqua y escrita por John Logan, Michael apuesta por un enfoque claro: rendir homenaje al mito más que diseccionarlo. La película recorre la vida de Michael Jackson desde sus días como líder de los Jackson 5 hasta su consolidación como el artista más grande del planeta, pero lo hace con una narrativa que privilegia el performance por encima del conflicto.

Y ahí está una de sus mayores virtudes… y también uno de sus límites.

Porque sí: la película es, ante todo, para fans. Es un despliegue audiovisual que remite directamente a la mente creativa de Jackson, a esa revolución estética que redefinió el videoclip en los años 80 y 90. Secuencias como la recreación de “Thriller” son simplemente espectaculares, casi una réplica calcada pero con un pulso cinematográfico que las hace sentirse vivas otra vez.

Sin embargo, al estar producida por la familia Jackson —con nombres como Graham King, John Branca y John McClain involucrados—, la historia evita adentrarse en las zonas más incómodas. No hay una exploración real de las polémicas, ni de los claroscuros que inevitablemente formaron parte de la vida de Michael. Eso le resta objetividad y complejidad al retrato: el personaje se siente más protegido que expuesto.

El conflicto central se concentra entonces en la figura de Joseph Jackson, interpretado por Colman Domingo, quien construye a un patriarca duro, ambicioso y emocionalmente volátil. Es, sin duda, el antagonista del relato: el hombre que empujó a sus hijos a la cima, pero cuyo control se vuelve una carga de la que Michael busca liberarse.

En ese proceso, la película toca temas importantes, pero apenas los roza. La dismorfia corporal, el vitíligo, el accidente durante el comercial de Pepsi que le dejó secuelas físicas… todo aparece, pero sin la profundidad que uno esperaría. Incluso el hambre de fama de Michael —ese deseo feroz por ser el número uno— se sugiere más de lo que se explora.

Donde no hay medias tintas es en las actuaciones. Jaafar Jackson no interpreta a Michael: lo encarna. En la voz, en los gestos, en la mirada, en la energía escénica… hay momentos en los que desaparece el actor y solo queda el ícono. Es una transformación total, trabajada durante años, que fácilmente podría colocarlo en la conversación de premios.

Lo mismo ocurre con el joven Juliano Valdi, quien captura la esencia del Michael niño con una naturalidad sorprendente. Y del otro lado, Colman Domingo se transforma por completo, sacrificando cualquier rasgo de simpatía para construir un personaje áspero y dominante.

En lo técnico, la película brilla en casi todos los frentes. El diseño de producción y vestuario es impecable: los looks icónicos están ahí, pero también los detalles de época que ayudan a reconstruir cada etapa con precisión. El único tropiezo evidente está en el uso del CGI, particularmente en los animales de Neverland, que en varios momentos se sienten artificiales y rompen la ilusión.

Un detalle que no pasa desapercibido es la ausencia de Janet Jackson. Aunque fue invitada a participar, decidió mantenerse al margen por razones personales, algo que la producción respetó. Su ausencia se siente, considerando el peso de su figura en la historia familiar.

Al final, Michael no es la película definitiva sobre el Rey del Pop. Es, más bien, una celebración cuidadosamente curada de su legado. Le falta oscuridad, le falta riesgo, le falta contradicción. Pero lo que sí tiene —y en abundancia— es espectáculo, emoción y una conexión directa con la esencia artística de Michael Jackson. Y aquí, para los fans, eso es más que suficiente.

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Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

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En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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