Con apenas 21 años, el jalisciense Alexis Vargas Ramírez, mejor conocido como “Hirochi” o “La Pesadilla Ninja”, se convirtió en el gran ganador de la novena temporada de Exatlón México, una hazaña que no solo representó una victoria deportiva, sino la culminación de años de sacrificio, disciplina y fortaleza mental.
Originario de Barra de Navidad, en el municipio de Cihuatlán, Jalisco, Hirochi llegó al reality como un novato dentro del equipo Azul, luego de abrirse paso desde Exatlón Draft: El Ascenso. Sin embargo, pronto dejó claro que no sería un competidor más. Su historia de perseverancia, forjada desde niño en la lucha grecorromana y más tarde en las Artes Marciales Mixtas (MMA), lo llevó a convertirse en uno de los atletas más sólidos de la temporada.
En entrevista con Rosa Distrito, el campeón reconoció que el camino hacia el triunfo estuvo marcado por días complicados, derrotas emocionales y un desgaste físico constante.
“Me esforcé toda la temporada para este gran momento, para poder ganar y creo que se notó. Me costó bastante, obviamente hay días buenos, días malos, de felicidad, de tristeza, de lo que sea, pero uno siempre va con un objetivo en mente y el que es ganar y salir adelante”, compartió.
Más mental que físico
Aunque Exatlón es conocido por sus demandantes circuitos físicos, Hirochi asegura que la verdadera batalla ocurre en la mente. Para él, convivir durante meses lejos de casa, bajo presión constante y enfrentando derrotas, puede quebrar a cualquiera.
“Déjate de lo físico, todos somos atletas. Lo mental es cuando no muchos están acostumbrados a estar lejos de casa tanto tiempo o a perder tanto. Hay personas que llegan y se quiebran mentalmente”, explicó.
El atleta permaneció nueve meses dentro del programa —incluyendo las semanas del draft—, una experiencia intensa que lo obligó a adaptarse a nuevas dinámicas de supervivencia y convivencia.
La diferencia entre vivir en la villa o en la barraca también marcó el ánimo de los competidores. Mientras ganar implicaba mejores alimentos y comodidades, perder representaba noches durmiendo en el piso, agua fría y recursos limitados.
“Si estás perdiendo y estás en la barraca durmiendo en el piso, durmiendo mal, con agua fría todos los días, no comes bien, entonces como que sí te da para abajo también”, confesó.
Una vida lejos de casa
Para Hirochi, la distancia familiar no era algo completamente nuevo. A los 12 años dejó Barra de Navidad para mudarse a Guadalajara e integrarse al CODE, persiguiendo el sueño de representar a México.
Durante nueve años aprendió a vivir lejos de su familia, aunque reconoce que estar incomunicado en otro país fue una prueba emocional distinta.
“Estoy acostumbrado a estar lejos de casa, pero en este caso era otro país, donde no tienes celular para comunicarte, no tienes nada, es un poco más complicado. Sí me perjudicó un poquito, me ponía sentimental a veces”.
Uno de los momentos más emotivos fue reencontrarse con su madre durante Navidad y más tarde en la gran final, algo que, asegura, le dio fuerza para seguir adelante.
La disciplina como fórmula del éxito
Si algo tiene claro Alexis Vargas es que su campeonato no fue producto de la casualidad. La disciplina y la mentalidad positiva fueron, según él, los pilares que sostuvieron su desempeño.
“Yo le dije a mi mamá que iba a ganar. A todas mis amigas yo les dije que iba a ganar. No sabía a qué me metía, pero dije que iba a ganar”.
Su compromiso era tal que entrenaba incluso fuera de las competencias del reality. “Yo era el primero en levantarme para entrenar y el primero en estar listo para ir a juego. Regresábamos y yo llegaba a entrenar otra vez en la noche. Creo que el entrenamiento y ser constante fue lo que me llevó a ese campeonato”.
No sorprende que esa competitividad venga desde la infancia. Hirochi comenzó a practicar lucha grecorromana a los seis años y asegura que siempre ha disfrutado competir, incluso entre amigos. “Siempre he sido muy competitivo. Tengo 16 años entrenando lucha grecorromana y siempre me ha gustado mostrar mis habilidades, ver de lo que soy capaz”.
Las amistades que deja Exatlón
Después de nueve meses de convivencia extrema, también surgieron vínculos importantes. Hirochi recuerda con especial cariño a compañeros del equipo Azul como Ernesto, Evelyn, Koke y Doris, quienes se convirtieron en parte esencial de su experiencia.
Sobre Evelyn, quien lo acompañó en las últimas semanas de competencia, destacó el apoyo emocional que recibió. “Le agarré mucho cariño también a Eve, me apoyó bastante en lo emocional, estaba ahí conmigo siempre y aprendimos hasta a cocinar”.
El siguiente round: MMA y quizá una temporada 10
Aunque hoy disfruta de la fama que le dejó Exatlón, Hirochi tiene claro cuál es su prioridad: regresar de lleno a las Artes Marciales Mixtas.
Actualmente forma parte de un programa de desarrollo del UFC Performance Institute en Ciudad de México y espera volver pronto a la actividad competitiva. “Mi objetivo es estar preparado para cuando me lleguen a ofrecer una pelea, ojalá sea este año”.
Sin embargo, tampoco descarta un posible regreso a Exatlón México. “No me cierro a una temporada 10. Si se llega la oportunidad y no tengo algún compromiso acá afuera, me gustaría volver a defender el campeonato”.
“Hay que soñarlo para que llegue”
Con el título en las manos y el reconocimiento nacional tras meses de exposición televisiva, Hirochi envía un mensaje especialmente a quienes sienten que sus metas parecen lejanas. “Cuesta llegar a la cima, pero como dice: ‘sin sudor no hay gloria’, entonces hay que entrenar, hay que motivarnos. Agárrense a algo como motivación”.
Y concluye con una reflexión que resume su historia de vida: “Si ustedes se lo proponen, lo pueden hacer. Pueden llegar a donde sea. Hay que soñarlo para que pueda llegar ese momento”.