¡ALV, dije!

Un poco de drama…

Pareciera que entre más formas de expresarnos tenemos, más vergüenza sentimos de hacerlo. Las redes sociales sirven como una plataforma para alimentar nuestro ego con palabras y “likes”.

Aunque haya quien lo niegue, el publicar una fotografía o una opinión siempre está a la expectativa de la retroalimentación que generemos entre nuestros contactos, ya sea que esperemos ese comentario lleno de admiración por nuestros amigos o una polémica enfurecida por aquellos que piensan contrario a lo que subimos a la red.

Hace tiempo vi como una conocida se enfrascaba en una enfurecida discusión en una publicación de TV Notas a través de Facebook, alegando sobre lo desconcertante que era que una famosa pareja de actores fuera captada firmando su divorcio ante un escándalo de amores. De momento pensé: “¡Qué bárbara, alegando pendejadas cuando debería enfocarse en otras cosas de importancia. Qué vergüenza me da!”.

Después pensé que no tengo porque juzgarla si su forma de sacar el estrés del día es opinando en un tema que al fin de cuentas ni le va ni le viene o si quiere compartir una canción de los Tucanes de Tijuana o el meme más insípido porque eso le alegra el pinche día.

Esto me llevó a pensar en las publicaciones que he hecho y que quizá, y seguramente, han causado el mismo comentario entre mis amigos y contactos “intelectualoides”: “¡Qué vergüenza que Norma publique eso, qué oso, qué pena, está bien estúpida, debería borrarla para ya no ver las bobadas que comparte!”.

Desde mi experiencia, para mí había sido muy fácil juzgar -desde el silencio y mis cálculos diabólicos- lo que la gente hace y deja de hacer, el cómo comparte sus cosas y la intención que tiene al hacerlo de tal forma.

Esto me llevó a pensar también en los niveles de intolerancia que tenemos no solo al criticar lo ajeno, sino también en no soportar lo que la gente opine de nosotros pensando en que lo que nosotros hacemos es lo más correcto y ejemplar de la cuadra en la que vivimos.

Entre copas con una amiga, llegábamos a la conclusión de que también nos da pena el justificar lo que hacemos, cuando en realidad no tenemos que hacerlo. Nos da pena que nos vean en una fotografía juntas porque no invitamos a cierta amiga por el temor de que se enoje porque no fue incluida intencionalmente en el plan. Nos da vergüenza decir que solo queríamos vernos nosotras y punto.

Eso es una estupidez. Somos muy bravos para señalar y juzgar al otro y con nosotros somos peores cuando intentamos justificar nuestras acciones.

Ahora que la mayoría de mis amigos tiene problemas de adultos en dinero, amores y trabajo, veo como ese patrón de vergüenza se replica con fuerza: nos avergüenza afrontar la realidad y siempre buscamos cómo culpar a otro.

Lo cierto es que existen factores que no podemos controlar, situaciones que salen de nuestras manos para tener un panorama más alentador y hacer de algunas de nuestras horas las más miserables del día.

Nos cuesta mucho decir las cosas cómo son, que lo que nos pasa también es responsabilidad propia, nos cuesta más decirlas entre los que se supone son nuestros amigos y nos comprenderán las penurias que pasamos.

Existe una canción de Control Machete que dice “Ser transparente te mantiene ileso” y desde hace tiempo esta frase se ha convertido en uno de mis mantras. Quizá sea verdad que el ser honestos con nosotros mismos y nuestros entorno nos evite sentir vergüenza de lo que somos y queremos ser.

Creo que el no ser honestos nos lleva a inventarnos justificaciones necias que distan mucho de la realidad que vivimos. Tengo una amiga que desde que terminó con su novio se la pasa publicando todo tipo de fotografías en donde ande y con quien ande explica que sin ese hombre a su lado la vida volvió a brillar, que lo pasa de maravilla, pero cuando ve publicaciones similares de otras personas, inmediatamente comenta que eso lo hacen para llamar la atención o que los que publican santo y seña de a dónde van con sus novios seguramente es una farsa porque el amor no existe y no está chido publicar esas cosas del diablo para causar envidia en los demás.

Tengo otros amigos que si de plano no consiguen determinado número de likes encorazonados en sus publicaciones, prefiere borrar el post y compartirlo en otro momento en el que considere sí tendrá buena aceptación. Chingado, si nadie le da like, pues ni modo, la vida no se acaba y no tienes que inventarte todo un dramón pensando en que nadie te hace caso porque no eres relevante ante los demás.

Ahora que las redes sociales también se inundan –lamentablemente– de tanta noticia mala por actos de violencia y muerte, también veo el titubeo de algunos por compartir cosas bonitas y lindas que les pasa porque es imperdonable que compartas tu felicidad mientras el país se pudre y tú publicando lo rico que estaba tu nieve cuando fuiste con tu novio al parque.

La vergüenza propia incrementa con la vergüenza que creemos sienten los demás por nosotros y yo digo: “ALV lo que piensen los demás”, si quieres presumir o como le quieran decir a tus publicaciones amorosas y alegres pues es una bronca muy personal, si quieres irte de parranda con alguien en especial y no invitar a nadie más, pues muy bronca de los otros si se enojan, si no puedes salir al cine porque no tienes dinero, pues que te valga si los demás se compadecen de ti por ser pobre por no poder destinar 70 pesos en una película que después podrás ver.

Nos da vergüenza rechazar una invitación porque de plano no nos gusta ese lugar o va gente a la que no quieres ver y dices que al rato confirmas cuando sabes que no irás, nos da vergüenza decir que tu pareja te terminó porque ya no había nada de amor y preferimos echarle la culpa al otro y quemarlo socialmente hasta el cansancio, nos da vergüenza decir que a esa chica bonita le va bien por ser bonita y preferimos decir que lo que logra es por “putilla” y no porque quizá realmente sí se ha ganado las cosas a pulso, nos da vergüenza decir que sentimos envidia por los éxitos del otro y que nosotros no avanzamos porque estamos muy bien en donde estamos y que si quisiéramos ya estaríamos más superados que ese que le va muy bien y está forrando en billetes.

También nos da vergüenza decir que lo que hemos logrado ha sido porque hemos planificado bien las cosas y no necesariamente sacrificándonos de sol a sol como buenas víctimas del sufrimiento, nos da vergüenza decir que estamos felices junto a alguien que no era lo que soñaste y que pese a eso disfrutas más de la vida, hasta nos da vergüenza decir que en realidad sí nos gusta tal canción de reguetón y que no por eso dejamos de ser muy satánicos escuchando a Iron Maiden, nos da vergüenza decir que nuestra familia es un caos porque simplemente así es y omitimos hablar de eso viendo cómo otras familias cada fin de semana se desviven en convivios bien chidos.

Al final de cuentas son muy pocas las personas que están ahí a tu lado sobrellevando tus problemas mentales y financieros y por eso es válido decir “¡A la verga lo que piensen los demás!”, si algo nos hace feliz no solo se trata de hacerlo y decirlo, también implica el hacerlo sin pensar en lo negativo o reconfortante que resultará ante los demás.

¡ALV la gente que no te quieres cómo eres!

Ilustración de @jaimejohnston7

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Norma Gutiérrez

Desde 2009 soy reportera. Soy dramática por gusto propio y le doy vueltas hasta el cansancio a cada problema. Tengo doctorado en relaciones amorosas tóxicas.

RosaDistrito

En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 10 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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