“Con esa misma mirada”: el clásico que resiste el paso del tiempo, aunque no sin tropiezos

La serie “Con esa misma mirada”, disponible en ViX, es una nueva versión del clásico “Mirada de Mujer” que TV Azteca emitió en 1997. Su regreso no es gratuito: la historia sigue resultando provocadora porque la infidelidad —tema central— sigue siendo moneda corriente, especialmente en relaciones heteronormadas, donde se espera que el éxito vital consista en casarse, tener hijos y envejecer juntos.

Sin embargo, como ocurre en la vida real, esas relaciones se desgastan. Se vuelve más fácil callar el deseo por otras personas que hablarlo con la pareja. Y, en ese silencio, la infidelidad aparece como escape. El problema es que en esta estructura social, es la mujer quien suele cargar con la culpa o el estigma, mientras que el hombre rara vez es cuestionado con la misma dureza.

Además, la serie toca otro punto sensible: el edadismo. La figura del hombre mayor con una mujer joven apenas provoca comentarios, mientras que cuando es la mujer quien se relaciona con un hombre menor, es objeto de juicio social. En ese sentido, la historia sigue siendo oportuna: expone y cuestiona esas dobles morales que todavía persisten.

Esta nueva versión cuenta con un ingrediente mediático extra: el regreso a la actuación de Angélica Rivera, quien en el pasado protagonizó éxitos como “La Dueña” y “Destilando Amor” y que antes de este retorno a la actuación se alejó de la pantalla por muchos años. Durante ese tiempo, su vida pública se transformó por completo: se convirtió en la primera dama de México tras casarse con el entonces presidente Enrique Peña Nieto, un rol que la colocó en el centro de la vida política del país y del escrutinio mediático, justo en ese renglón político se le quedó el mote de “La Gaviota”, el personaje de su última telenovela, justamente, “Destilando Amor”.

Justo ese pasado político vuelve inevitable la lectura de su personaje desde otro ángulo: Rivera interpreta a una mujer que busca reencontrarse consigo misma, liberarse de las apariencias y tomar decisiones desde la autonomía. No es menor que, a sus 55 años, reaparezca en un papel donde se muestra segura de su cuerpo, emocionalmente expuesta y más decidida. Pero su regreso, aunque notorio, no es necesariamente transformador en lo actoral; su interpretación cumple muy bien, pero la producción en general podría mejorar.

Es decir, la serie tiene buenas intenciones al actualizar el lenguaje y mostrar personajes con mayor dimensión emocional, pero su ejecución es desigual. En algunos casos, los diálogos coloquiales parecen forzados, poco orgánicos. Hay errores de contexto con escenas mal rematadas, como cuando “Eloísa” (Rivera) le pregunta a su hijo (Plutarco Haza) sobre las fotos sugerentes que tomó de la amante de su padre. La conversación se corta sin sentido, sin que él hijo ahonde sobre esas dudas, así que el tema se diluye sin consecuencias. O cuando una de las amigas de “Eloísa” ya conoce todos los detalles de la separación sin que haya una escena que lo explique y aun así promueve el nuevo interés amoroso de “Eloísa”: la narrativa brinca, se atropella.

De los ocho episodios disponibles, el sexto es el más logrado: destaca la confrontación entre “Eloísa” y su esposo, interpretado con solidez por Iván Sánchez. Nicolás Haza también ofrece una actuación convincente como hijo del matrimonio en crisis.

En resumen, “Con esa misma mirada” se sostiene por la potencia de su temática, más que por la consistencia de su desarrollo. Es un melodrama que apela a una audiencia fiel, acostumbrada a los códigos del género. Tiene deficiencias estructurales y diálogos que requieren mayor naturalidad, pero aún así consigue generar conversación, porque además, su protagonista, es una gran garantía de que la audiencia se enganche. Lo valioso del proyecto radica en seguir insistiendo en que las mujeres, en cualquier etapa de su vida, tienen derecho a reinventarse, enamorarse y romper con los moldes que la sociedad insiste en imponerles.

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Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

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En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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