El circo más emblemático del mundo regresa a Guadalajara vestido de fiesta. Del 5 al 9 de noviembre, la Arena VFG será el ecosistema donde la naturaleza cobra vida a través de “Ovo”, el espectáculo de Cirque du Soleil inspirado en el universo de los insectos, sus ritmos, sus relaciones y la energía vibrante que los acompaña. Son 53 artistas en escena —provenientes de 25 nacionalidades— quienes mezclan acrobacia, música, danza y teatro para crear un mundo fascinante que respira y se transforma frente a los ojos del público.
Días antes de las funciones, el lugar ya vibra: ensayos sobre lonas, risas entre múltiples idiomas, vestuarios probándose una y otra vez, cuerpos suspendidos con arneses y una armonía casi coreográfica entre técnicos y acróbatas. En medio de este universo, aparece Jesse Harris, artista especializado en chinese poles, quien también funge como entrenador de fuerza y acondicionamiento dentro del espectáculo.
“Tengo 27 años y llevo haciendo circo por 10. Me gradué en Montreal y tengo cinco años trabajando profesionalmente. En Ovo hago pértigas chinas y también soy coach de fuerza”, comparte con serenidad. Más allá de su disciplina física, Jesse tiene muy claro que su labor no termina en el escenario: “Si alguien se lastima o necesita fortalecer alguna parte de su cuerpo para prevenir lesiones, yo les construyo un programa personalizado. Trabajo de la mano con fisioterapeutas para que el cuerpo siempre esté listo para el show”.
La demanda física es intensa —”Ovo” presenta 10 funciones por semana—, y mantener el equilibrio es tan esencial como saber volar. “El mayor reto es balancear todo: los shows, el entrenamiento, el descanso y también tener vida personal. Quieres mejorar siempre, pero debes saber cuándo empujar y cuándo recuperar”, reflexiona.
A pesar de su experiencia, llegar por primera vez a México tiene un significado especial para él: “Todos mis compañeros me dijeron que México es un lugar distinto. Que el público grita, se entrega, se emociona. Estoy muy emocionado por sentir esa energía”. Apenas lleva unos días en la ciudad, pero ya empezó a explorar. “Fui a caminar, visité un parque, una cascada… es hermoso. Me siento bienvenido”, dice sonriendo.
La máquina que hace posible el vuelo
Si Jesse representa el corazón físico del espectáculo, el ritmo estructural lo dirige un mexicano: Esteban Martínez, jefe de automatización de “Ovo”. Su trabajo es invisible, pero sin él, nada se elevaría.
“Me encargo de todo lo que se mueve en el show: los motores, las hojas gigantes y, por supuesto, hacer volar a los artistas”, explica. Entró a Cirque du Soleil en 2014 y desde entonces ha viajado a más de 20 países. Hoy regresar a México tiene sabor a casa. “Triunfar fuera es increíble, pero hacerlo y traerlo con tu gente se siente todavía mejor”, expresa con emoción genuina.
Su labor requiere precisión quirúrgica y temple absoluto. “Lo primero siempre es mantener la calma. Si algo falla, lo comunicamos, evaluamos y lo resolvemos rápido para no afectar el show. Después se prueba todo antes de volver a ponerlo en escena”, comparte. Su equipo opera 26 motores en cada función, en perfecta coordinación con la narrativa visual.
Y aunque trabaja con personas de muchas culturas, siempre encuentra un punto de encuentro que viaja con él: el idioma mexicano. “La palabra que más les he enseñado a todos es ‘chale’”, dice entre risas. Y sí, todos la repiten.
Un espectáculo que respira
“Ovo” nació en 2009 y desde entonces se ha reinventado. Nueva música, nuevo vestuario, nueva dinámica escénica —todo para mantenerlo vivo como los mismos seres que representa. En escena veremos mariquitas coquetas, escarabajos musculares, grillos hiperactivos y arañas elegantes, acompañados con música en portugués que celebra la cultura brasileña.
En palabras de Jesse, este show es una oportunidad para mirar hacia abajo —al suelo, a lo pequeño, a lo que normalmente no observamos— y descubrir que ahí también existe poesía: “Estoy viviendo mi sueño. Vuelo, uso un traje increíble, trabajo con artistas extraordinarios… No podría pedir más”. Guadalajara está lista para verlo respirar.