El documental Agridulce, dirigido por Frank Pavich, tuvo su estreno latinoamericano en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) dentro de la sección Son de Cine In-Edit, un espacio dedicado a propuestas que exploran la música y sus historias desde el cine. La película, que se rodó a lo largo de cinco años en República Dominicana, llegó acompañada por su productor, Benjamín de Menil, fundador de la Academia de Bachata y figura clave para lograr el acceso íntimo a la comunidad retratada.
Ambientado en Cabarete, el filme sigue el proceso de crecimiento de un grupo de jóvenes músicos que encuentran en la bachata no solo una forma de expresión, sino una guía hacia el autodescubrimiento. Bajo la mentoría del guitarrista Mártires de León, la historia muestra cómo la música se convierte en un lenguaje emocional que atraviesa generaciones, tensiones y sueños.
Para De Menil, presentar Agridulce en Guadalajara tiene un significado especial: “Siempre México ha sido un centro para la cultura latinoamericana, especialmente para el cine y también para la música. Entonces, poder traer eso de cine y de música dominicana a ser conocido aquí en Guadalajara para mí es un sueño”.
El productor destaca además los vínculos históricos entre la música mexicana y la bachata dominicana, una relación poco visibilizada pero profundamente influyente: “Trabajando con la vieja guardia de la bachata, ellos escuchaban y tocaban toda la música mexicana. Cualquier canción de Los Panchos podían arrancarla. Esa influencia es muy importante, aunque no se hable mucho de eso”.
Esa conexión emocional entre ambos países también se refleja en la esencia de los géneros: canciones intensas, románticas y cargadas de sentimiento. “En dominicano dicen ‘amargue’, que es ese sentimiento agridulce, de pena pero también de celebración”, explica De Menil, subrayando el espíritu que da nombre al documental.
Más allá del retrato musical, Agridulce propone una reflexión sobre la globalización de los sonidos y sus implicaciones culturales. “Hoy se puede compartir todo con mucha facilidad, lo cual es magnífico. Pero también existe el peligro de perder la esencia de la cultura local, porque la cultura necesita una comunidad que la sostenga”, advierte el productor.
En ese sentido, la Academia de Bachata —eje central de la película— funciona como un modelo de resistencia cultural y formación artística. “Es una comunidad física donde los jóvenes viven, comparten y desarrollan su música. Eso es lo que permite que exista un movimiento”, afirma.
El proyecto, sin embargo, implicó un compromiso personal profundo. Antes del rodaje, De Menil vivió dos años en la comunidad y luego acompañó el proceso durante cinco años más. “Para contar una historia real de jóvenes se necesita tiempo. Este fue un proyecto de vida. Tuve que dar una parte de mi vida para hacerlo”, confiesa.
Esa cercanía permitió construir una narrativa honesta, sin imposiciones externas: “La historia no es mía, es la historia de ese pueblo. Se trata de permitir que ellos cuenten sus historias”.
El resultado es un retrato íntimo que, aunque profundamente arraigado en la cultura dominicana, conecta con juventudes de cualquier parte del mundo. “La juventud tiene creatividad en todos lados. Lo que falta muchas veces es que el mundo adulto invierta en esa creatividad y la guíe”, reflexiona.
En la película, los jóvenes no persiguen la música únicamente como un camino al éxito, sino como una necesidad vital. “No están practicando para ser famosos, lo hacen por gusto. Amar el arte es tan importante como lograr algo con él”, señala.
Finalmente, De Menil resume el mensaje que busca transmitir con Agridulce: integrar la música a la vida cotidiana y valorar las raíces culturales propias. “Si puedes aprender a tocar un instrumento o cantar y juntarte con otros, eso te va a enriquecer la vida. La música es casi una religión que se debe conservar”.
Tras su paso por South by Southwest en Austin, el documental encuentra en Guadalajara su punto de conexión con el público latinoamericano, en un contexto donde las tradiciones musicales dialogan y se revalorizan.
Mientras tanto, el productor ya trabaja en un nuevo proyecto enfocado en jóvenes acordeonistas en Colombia, explorando el vallenato desde una perspectiva femenina, en una línea temática que continúa apostando por la música como identidad, comunidad y motor de transformación.