Desaprendiendo la transfobia, respetando la diversidad

Recientemente se ha hecho mucho eco del tema de Ángela Ponce, quien es la primera mujer transexual en representar a un país –España– en el certamen de belleza Miss Universo. Ante este hecho, las opiniones y críticas no se han hecho esperar, tanto figuras públicas como usuarios de redes sociales han dejado ver algo de la transfobia con la que viven.

Ángela es una modelo de Sevilla, quien nació como Ángel Mario. Tiene estudios en informática, pero su pasión la ha llevado a dedicarse al modelaje desde hace casi 10 años. Desde el año 2015 ha participado en certámenes de belleza para luchar por la visibilidad de los derechos de las personas transexuales. Este año fue elegida como la representante de España para competir por la corona de Miss Universo. Este acto ha generado muchas críticas hacia ella y al certamen, pero sobre todo ha puesto el tema de los derechos y la visibilidad de las personas trans en escenarios internacionales.

En mayor o menor medida, vivimos en una sociedad donde se nos ha enseñado a crecer con transfobia, es decir que discriminamos o tenemos conductas y actitudes negativas hacia las personas transgénero o transexuales, mucho de estas conductas son porque se nos ha hecho creer que son personas que tienen problemas mentales, que están enfermos, que no saben lo que quieren, entre muchos otros prejuicios hacia las personas trans.

Cada que leo un comentario negativo hacia Miss España me pregunto: ¿En qué les afecta que una mujer transexual entre en competencia? ¿A qué le tienen miedo? ¿Qué privilegios temen perder? ¿Por qué se sienten amenazados?

Comencemos por reconocer que Ángela legalmente es una mujer, su apariencia y su expresión son de una mujer. Si no nos dijeran que es transexual, ¿nos acercaríamos a preguntárselo? Entonces si lo que vemos es la imagen de una mujer que ha sido elegida para representar a un país en un certamen de belleza, ¿qué más da si nació con pene o vagina?

Lo debo aceptar, me costó mucho trabajo entender la separación entre genitalidad y género; no fue hasta que una amiga muy cercana a estos tópicos y quien tiene el conocimiento suficiente sobre diversidad, me lo dijo de una manera que me quedo muy claro, me explicaba que nuestra genitalidad no determina nuestro género.

O sea que una cosa es el sexo (pene/vagina) y otra cosa es el género (masculino/ femenino). El sexo es una cuestión biológica y características físicas que nos dicen si un ser humano es varón o hembra. El género es una construcción social, en la que desde chicos nos van enseñando que si naces con vagina, tu género es femenino y debes vestir con tales colores, comportarte de tal manera. Lo mismo con los varones.

Con ello nos damos cuenta que una mujer es un conjunto de características sociales que se han determinado, por lo que una mujer es mucho más que una vagina, es toda un construcción que incluye la manera en que viste, como se arregla y otras cuestiones. La variante de todas estas características nos muestra que hay una gran diversidad de mujeres, entre ellas las mujeres con pene. Mujeres que nacieron con el sexo de un varón pero su construcción y su imagen es femenina. Con ello nos damos cuenta que las mujeres son tan diversas y que su valor como mujer no se encuentra en sus genitales.

Después de escuchar esta explicación comencé una lucha interna contra la transfobia y homofobia con la que he crecido como parte de la cultura mexicana, donde nos guste o no, crecimos con frases como “No llore como vieja”, “Aguántese como los machos” y otras que denotaban que la mujer era el sexo débil, sentimental y que los hombres debíamos ser valientes, fuertes, entre otras características.

Esta lucha interna comenzó a cuestionarme cosas tan absurdas sobre las personas trans como: “si era hombre y se hizo mujer y sale con mujeres, ¿qué es? ¿Lesbiana? Si ya es mujer, ¿es porque ya se hizo “la jarocha”? ¿Es un hombre vestido de mujer?”. Y muchas otras preguntas cargadas de estigma, desconocimiento y una transfobia aprendida en mi entorno social.

He tenido la fortuna de conocer personas trans, convivir con ellas y hasta considerarlas amistades, gracias a ellas y ellos he podido desaprender esa transfobia que radicaba principalmente en el desconocimiento y en prejuicios, de los cuales muchos de ellos se fundaban en una educación católica.

En este camino para aprender y desaprender prejuicios, la principal conclusión a la que he llegado es: respetar la diversidad de las personas.

He aprendido a que cada quién puede ser quien quiera ser, puede vestirse como quiera, puede amar a quien quiera y llevar la vida que deseé, sin que ello pierda su valor como persona o nos dé motivos para discriminarla simplemente por vivir, ser o llevar una vida diferente a nuestros propios estándares (o demonios internos en algunos casos).

En el tema de la expresión de género he aprendido a llamar a las personas por cómo se ven, si se ve como mujer, la llamo como tal, si luce como hombre, lo llamo como él; o puedo acercarme a preguntar de una manera respetuosa cómo le gusta ser nombrado o nombrada.

He aprendido a romper las reglas del género y a respetar a las personas que también lo hacen; si un hombre usa ropa de mujer, usa maquillaje o se pinta las uñas, no pasa nada; si una mujer viste con ropa de hombre, no pasa nada tampoco. En realidad no debería pasar nada en ninguna circunstancia, ya que debemos respetar la individualidad de cada ser humano y la manera en que deciden expresarlo.

Volviendo al tema de Ángela Ponce, ella no está infringiendo las reglas del concurso, ella está compitiendo por ser la mujer más bella y para ello tienen categorías, donde evalúan su belleza física, su manera de caminar, su facilidad de palabra, su porte y su elegancia. En ningún momento evalúan las características de las vaginas, ¿o sí? Me preguntó qué es lo que les molesta o les incomoda a los que no están de acuerdo con su representación en Miss Universo; o más aún, ¿a qué le tienen miedo? Quizá la ven como una fuerte competidora, y no encuentran otra manera de desacreditarla. No sé, meros piensos.

Ángela Ponce, muchas gracias por tu valentía y mostrarte al mundo como la bella mujer que eres. No tendríamos que saber que eres una mujer trans, pero el cambio social que estás haciendo al llevar el tema a escenarios donde no imaginábamos generar este tipo de discusiones por las libertades de las personas, se agradece. Estoy seguro que tu participación en el certamen servirá para que otros y otras personas trans puedan vivir con menor estigma. Ya eres ganadora, mucho antes de que siquiera inicie la competencia de Miss Universo. En serio, muchas gracias.

mm
Rob Hernández

Opinólogo de tercera generación que usa la escritura como catarsis. Fan de escuchar los silencios y sarcástico a la menor provocación. Don´t Call my name, just call me @Robsmx