Gilraen Eärfalas: resignificar la “locura” desde la herida y la ficción 

Durante la edición 2025 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la escritora y médica Gilraen Eärfalas presentó “No me llames loca” (Planeta), una novela que cruza romance, thriller psicológico, psiquiatría y novela negra para adentrarse en la mente fragmentada de su protagonista y, al mismo tiempo, cuestionar el peso de las palabras con las que se juzga la salud mental, especialmente en las mujeres. 

Aunque ya tiene otros títulos publicados, “No me llames loca” es, en realidad, el origen de todo su universo narrativo. “Fue el primero que escribí. Le tengo demasiado amor, porque con ese comencé”, confesó la autora. El proyecto nació como un relato breve que compartía en redes sociales, hasta que descubrió que la historia pedía crecer: “El primer relato se llamó No me llames loca y después me di cuenta que podía extenderlo, que más valía la pena”. 

La novela sigue a “Dannielle”, una joven de 22 años que intenta reconstruir su vida tras haber salido de un hospital psiquiátrico. Estudia Medicina, carga con episodios traumáticos que han fragmentado su memoria y se enfrenta a relaciones marcadas por el deseo, el poder y la vulnerabilidad emocional. La oscuridad es una presencia constante y el amor, lejos de ser un refugio seguro, se convierte en un territorio ambiguo. 

Escribir como salvación 

Para Gilraen, la escritura estuvo profundamente ligada a su propia supervivencia durante los años de formación médica. “Muchas veces pensé en tal vez ya no debo de estar aquí, en este planeta, y escribir era una manera de quedarme, de seguir”, compartió. Mientras estudiaba, publicaba capítulos en Facebook y encontraba en sus lectores una razón para continuar: “Me daba mucho ánimo el hecho de que esperaran qué más se viene, qué más pasa”. 

Aunque la medicina no era su primera elección —“mi principal sueño era dedicarme a las artes, quería entrar a un conservatorio”—, reconoce que ese camino fue decisivo en su literatura. “No siento que me equivoqué, creo que de no haberla elegido tal vez no existirían los libros porque es de mis principales temáticas”. 

Esa doble formación atraviesa toda la novela. La autora lo resume con una metáfora clara: “De la medicina aprendí a conocer el dolor y las emociones de forma más profunda y tangible en el cuerpo, pero la literatura te enseña a ver la historia antes que la sintomatología. Es como la historia clínica: primero la narrativa y luego la enfermedad”. 

El corazón como cárcel y refugio 

Uno de los símbolos más recurrentes en la obra de Gilraen es el corazón, presente también en “No me llames loca”. “Me encanta mucho compararlo tanto con cárcel y casa”, explicó. “Tiene cuatro cavidades para almacenar muchas personas, vivas o no vivas, y me gusta mucho jugar con él”. 

No es casualidad que en la novela aparezca un cirujano cardiotorácico ni que el lenguaje médico dialogue de forma constante con el emocional. Sus lectores ya identifican ese rasgo como parte de su estilo: “La gente sabe que es algo que va a encontrar en mis historias”. 

Resignificar la palabra “loca” 

El título de la novela funciona como una declaración política y personal. Gilraen explicó que la palabra “loca” marcó profundamente su proceso creativo: “Una vez me la dijeron de una manera muy despectiva y me puse a sobrepensar qué es ser loca”. 

Tras investigar el origen del término, encontró que “loco era un recipiente vacío” y que con el tiempo se usó para nombrar, de forma peyorativa, a quienes no encajaban en la norma. “Ahora se escucha mucho hacia las mujeres: ‘está loca’. ¿Por qué? ¿Por expresarse, por sentir, por reír?”, cuestionó. “El lenguaje se ha distorsionado un montón y hablamos sin saber lo que hablamos”. 

Aunque reconoce que el título puede parecer desconcertante a primera vista, asegura que cobra sentido al avanzar en la lectura: “Cuando la gente lo lea, va a entender. Dicen: ‘ah, es por esto’”. 

Las voces internas hechas cuerpo 

Uno de los elementos más perturbadores de la novela es la presencia de “entes”, figuras casi paranormales que acompañan a “Dannielle”. Para la autora, no se trata de fantasía gratuita, sino de una representación de las voces internas. “Esas voces que te dicen: ‘corre antes de que sea demasiado tarde’ o ‘¿por qué vuelves a caer?’ Yo las personifiqué”. 

Cada ente encarna un mecanismo de supervivencia: la desconfianza, la obediencia extrema, la dureza que provoca lagunas mentales tras el trauma. “Es tratar de hacer visible lo que adentro no se puede ver”, explicó. La crudeza de estos personajes responde a una experiencia emocional real: “No siempre es correcto hablarnos tan duro, tan fuerte, pero lo hacemos”. 

Un amor sin buenos ni malos 

En “No me llames loca” también hay un triángulo amoroso que huye de los lugares comunes. “Marck”, el médico intenso y apasionado, y “Anthony”, el psiquiatra que conoce las ruinas de “Dannielle”, representan formas distintas de amar. “No veo a ninguno como conveniente o no conveniente”, aclaró Gilraen. “Ambos aman de manera sincera, pero con muchos defectos”. 

La autora evita personajes idealizados. “No me gustan los personajes muy buenos ni los muy malos. Me gustan grises”, afirmó. Lo importante es el proceso de la protagonista: “Danielle aprende a decidir qué quiere, cómo quiere ser amada. Ella desde niña nunca pudo decidir”. 

 Un universo en expansión 

Aunque la novela acaba de publicarse oficialmente, para Gilraen la historia sigue viva. “Un libro para mí no está finalizado aunque esté publicado”, confesó. El entusiasmo de la comunidad lectora le genera gratitud, pero también preguntas: “¿Podré escribir algo que impacte de esa manera?”. 

La respuesta parece estar en la expansión del universo narrativo. La autora adelantó que “No me llames loca” da pie a varias historias más, incluida la de “Juliette Blanchard”, una antagonista ligada al tráfico infantil, y Cita con el psiquiatra, centrada en la residencia médica de Anthony. “Me interesa preguntar si las personas malas nacen o se hacen”, dijo, anticipando una exploración más profunda —y oscura— de la mente humana. 

Con “No me llames loca”, Gilraen Eärfalas no sólo firma una novela intensa y perturbadora; también abre un diálogo incómodo pero necesario sobre el trauma, la salud mental y el poder de las palabras. Una historia que, como su autora, se niega a ser leída desde una sola etiqueta. 

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Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

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En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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