“Dolor y Gloria”, la catarsis fílmica y personal de Pedro Almodóvar

Finalmente llegó a México la más reciente película de Pedro Almodóvar, “Dolor y Gloria”, un filme que a través de la ficción nos pone a los espectadores frente a algunos de los acontecimientos biográficos del cineasta español, quien desarrolla este proyecto como una catarsis de lo que fue su despertar homosexual a través de su primer deseo, la relación afectiva con su madre y su labor como creativo, sí, la sensibilidad artística que posee a través del lenguaje audiovisual.

Es interesante ver como Almodóvar se auto concibe sin dejar de lado es magia y chispa con la que nos ha conquistado como audiencia en relación con el lenguaje visual, sus escenografías, su iluminación, su paleta de colores, su melodrama y su exquisita estética para exponernos a sus personajes, que siempre son enigmáticos, contradictorios, disparatados y muy atractivos.

“Dolor y Gloria”, según cuentan las notas de producción de la película, es la tercera parte de una trilogía de creación espontánea que tardó 32 años en completarse. Las dos primeras partes son “La ley del deseo” y “La mala educación”. Los 3 filmes están protagonizadas por personajes masculinos que son directores de cine, y en las 3 el deseo y la ficción cinematográfica son los pilares de la narración, pero la forma en que la ficción se entrevera con la realidad difiere en cada una de ellas.

Pedro eligió a Antonio Banderas para representarse así mismo tanto en apariencia física como en creatividad, pero a través del personaje “Salvador Mallo”, un veterano director de cine, aquejado de múltiples dolencias, el peor de sus males es la incapacidad para seguir rodando. Su estado físico no se lo permite y si no vuelve a rodar su vida carece de sentido.

Mientras “Salvador” decide qué hacer con su vida a partir de la depresión que tiene porque la propia edad también le ha cobrado factura en su cuerpo, descubre la heroína a manera de una salida espontánea, y en esa nueva aventura en el ocaso de su vida, conecta con su pasado, cuando era niño y pobre, pero que su madre “Jacinta” (Penélope Cruz), busca la manera de que él estudie y sea alguien en la vida, que no termine siendo un obrero.

Entonces, encontramos tres interesantes puntos de cómo “Salvador” se conecta con su entorno y su contexto, no es una cinta gay, pero sí que nos hace conectarnos a muchos homosexuales porque hay muchas similitudes en la manera en la que despertamos a nuestra sexualidad, nuestra relación con nuestra madre, que siempre es un vínculo muy importante para nosotros y sí, pensar que el futuro cercano podría ser a partir de la soledad, pero claro, ninguna persona estamos exentos de esto, solos y desnudos llegamos y solos y desnudos nos vamos.

El niño Asier Flores es “Salvador” de niño y tiene una dulce mirada que encanta en pantalla, así conocemos cómo el personaje se interesa en las artes. El primer deseo lo plantea Almodóvar como un acto naif, un súbita emoción sin malicia, pero muy estética, comparada con el síndrome de Stendhal, que es un shock emocional ante algo sumamente hermoso que produce efectos secundarios físicos, y ahí entra el actor César Vicente quien es el objeto de deseo, de mirada inquietante, hace un desnudo espectacular, sin duda uno de los mejores en la industria fílmica, desde una perspectiva natural y limpia, más que el de admirar un cuerpo rozagante, firme y lleno de vida.

La conexión con la madre es muy particular para “Salvador”. Es ese punto crucial donde todos hemos tenido la necesidad de un abrazo y una caricia cuando nos vemos ofuscado ante algún problema, como bebés queremos que mamá nos diga que todo estará bien. Y en esta relación si bien hay una querencia que no se pone en entredicho, si hay recriminaciones porque lo que se pudo hacer y no se hizo, malos entendidos que dejan huellas profundas al paso de los años.

El tercer acercamiento del filme es cómo volver a comenzar cuando se cree que ya se hizo todo. El regresar a la vocación de “Salvador” tiene que ver con que su cinta “Sabor” ha sido elegida como una de las que más marcó pauta en el tiempo en el que se hizo. Entonces, éste recurre a su protagonista “Alberto” (Asier Etxeandia) para que lo ponga de nuevo en el ruedo, sin embargo ambos tendrán que resolver viejas rencillas. En ese transcurso también vemos el reencuentro entre el director y su gran amor del pasado, un momento de muchas emociones que tocan nuestra memoria y corazón.

Uno de los momentos más interesante del filme es cuando, “Salvador” escribe un monólogo llamado “Adicción” y se lo entrega a “Alberto” para que este lo interprete. Es decir, Almodóvar es “Salvador”, quien escribe un relato sobre sí mismo para que otro, quien es “Alberto” lo exprese en teatro a través de una ficción de la que somos testigos el público, sí “Dolor y Gloria”. Vayan a verla, es una gran película.

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Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Quiero ser como Carrie Bradshaw.

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En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 10 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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