Lo bueno, lo cuestionable y lo icónico de “Mentiras: La serie”

El furor de “Mentiras: La serie” no para. Me da mucho gusto saber el eco que ha tenido en México, porque justo es un producto nacional con todos los elementos de la cultura pop que nos impactan y nos cautivan. Además, es un proyecto audiovisual con toda la manufactura necesaria para triunfar en el mercado internacional.

“Mentiras: La serie” me ha emocionado —y más aún su soundtrack, porque hay que reconocerlo—, la voz de Belinda le da un aire fresco y contemporáneo a todas estas canciones ochenteras, y eso es un valor agregado increíble. Claro, sin demeritar las voces de Mariana Treviño, Diana Bovio y Regina Blandón, quienes también están maravillosas. De hecho, mi performance favorito es el de Mariana Treviño con “Pobre secretaria”. Pero mis canciones top son “De color de rosa”, “De qué te vale fingir?” y “Castillos”. Joyas increíbles.

Pero, aun con lo bien hecha que está la serie, el musical se cuece aparte. No por nada lleva 16 años en cartelera. José Manuel López Velarde ha creado una puesta en escena que ya es parte de la cultura pop mexicana, que llegó para quedarse y que será muy difícil de superar. Si bien la obra es muy querida por el público LGBT, lo que ha hecho la serie a nivel masivo es diversificar las audiencias, y soy testigo del buen momento por el que pasa la obra: las funciones del fin de semana están abarrotadas, van familias completas y señores heterosexuales que se divierten mucho.

La serie tiene grandes atractivos, como su escenografía y ambientación. Somos testigos de ese halo teatral que no se puede trasgredir porque es parte del ADN de la historia, y por eso, en TV, se ve orgánico. El vestuario no tiene madre, está irresistible, sobre todo el de Belinda, quien ya comentó que ella lo incluyó desde su archivo personal.

Luis Gerardo Méndez tiró la casa por la ventana como productor; se nota que fue —y es— un proyecto que lo apasiona. Sin embargo, también hay que resaltar que a su personaje, Emmanuel, se le da un protagonismo más contundente que en realidad no hacía falta. Porque, si bien él es el catalizador de la unión de “Daniela”, “Yuri”, “Lupita” y “Dulce” —quienes han sido engañadas por él—, no tenía por qué volverse el personaje casi central de la serie. La secuencia final, donde desarrolla un performance similar al de Tom Cruise en los 80, está de más. Y eso de que hubiera un funeral y fuera “Lupita” la muerta y no él, también me pareció un exceso de ego y protagonismo. Lo vuelvo a repetir: “Emmanuel” es el villano de esta historia y no tenía por qué ser redimido.

La narradora en la trama también me brinca, porque se pudo haber prescindido de ella. Sabemos que en los 80 la sociedad era más conservadora y entendemos que la realidad de los personajes ya no nos define en la actualidad. Sobreexplicar cosas que son obvias no tiene sentido. Subrayo: Michelle Rodríguez es una excelente actriz, pero la narradora —si bien es simpática y divertida— hubiera estado mejor como “Manuela”. Aunque en TV, por lo que veo, sería difícil justificar su aparición porque la estructura narrativa cambia.

Sin embargo, esto es un precedente de que la creatividad en México es innegable, y que hay proyectos icónicos como “Mentiras” que pueden ser muy rentables y que le dan identidad cultural y contemporánea a nuestro país a nivel internacional.

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Kike Esparza

Soy un periodista apasionado del cine, la música y la moda. Tengo una obsesión por contar las horas y estornudar una y otra vez cuando tengo que tomar una decisión. Escribir es vivir.

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En este blog Kike Esparza habla desde su experiencia, 17 años en el periodismo le han permitido adentrarse y disfrutar de tópicos como el cine, la música, la moda y la diversidad. Rosa Distrito es el espacio que disfrutamos todos.

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