Dua Lipa dio su cierre de gira en la Ciudad de México el 5 de diciembre de 2025 en el Estadio GNP Seguros, como parte de su “Radical Optimism Tour”. Ese mismo día, Bu Cuarón fue la telonera del concierto en la última de las tres fechas que Dua ofreció en el país.
Para muchos, ese escenario debió ser una plataforma de lanzamiento ideal; sin embargo, terminó convirtiéndose en el punto de partida de una intensa ola de críticas. En redes sociales se cuestionó su desempeño vocal, su aparente falta de experiencia escénica y, sobre todo, el hecho de que —al ser hija del cineasta ganador del Oscar Alfonso Cuarón— su presencia en un concierto de tal magnitud respondiera más a conexiones que a una trayectoria artística consolidada.
Pero el debate no se quedó solo en lo musical. También abrió una conversación incómoda sobre privilegio, expectativas… y género.
¿Quién es Bu Cuarón?
Bu Cuarón —cuyo nombre completo es Tess Bu Cuarón— nació en 2003, hija de Alfonso Cuarón y de la modelo italiana Annalisa Bugliani. Creció entre México, Italia y el Reino Unido, en un entorno profundamente ligado al cine, el arte y la cultura.
Desde niña mostró interés por la música: aprendió a tocar piano, guitarra y violín, y, de acuerdo con entrevistas, compuso su primera canción alrededor de los cinco años. Con el paso del tiempo comenzó a experimentar con la producción musical y, durante su adolescencia, recibió equipo técnico que le permitió desarrollar su propio sonido.
Su debut formal como cantante ocurrió en 2023, cuando se presentó en un festival en Italia. En 2024, lanzó su primer sencillo como solista, “Viceversa”, y poco después publicó su EP “Drop By When You Drop Dead”, un proyecto que mezcla español, inglés e italiano, reflejando su identidad multicultural.
En este proyecto también participa su hermano Olmo Cuarón, quien colabora como productor e instrumentista, reforzando la idea de una propuesta creativa desarrollada dentro de un círculo familiar cercano.
¿Por qué la están funando?
La polémica estalló cuando Bu Cuarón apareció como telonera de Dua Lipa ante un Estadio GNP completamente lleno. Para parte del público, la actuación no estuvo a la altura del contexto: se señalaron momentos de desafinación, inseguridad en el escenario y una desconexión con una audiencia que llegó esperando un nivel internacional.
Las críticas se multiplicaron rápidamente en redes sociales, acompañadas por etiquetas como “desafinada”, “inexperta” y “nepobaby”. La narrativa dominante apuntó a que su lugar en ese escenario fue consecuencia directa del apellido que lleva y no del camino recorrido como artista.
Aunque Bu ha declarado que produce su música y trabaja activamente por construir una identidad propia, para muchos el contraste entre una exposición tan grande y la ejecución en vivo evidenció que el crecimiento artístico no siempre va al mismo ritmo que las oportunidades.
El debate se volvió más amplio: ¿estamos frente a una promesa en formación o a un caso más de privilegio adelantando procesos que normalmente toman años?
¿También se le juzga más por ser mujer?
Aquí aparece un punto clave que no puede ignorarse. Si bien las críticas a su desempeño vocal son válidas desde lo musical, la intensidad de la funa también ha levantado preguntas sobre cómo se juzga a las mujeres jóvenes en escenarios de alta exposición.
En la industria musical, los errores de intérpretes mujeres suelen ser castigados con mayor dureza que los de sus pares masculinos: se les exige perfección inmediata, carisma absoluto y madurez escénica desde el primer gran escenario. En cambio, a muchos hombres se les permite fallar, aprender “sobre la marcha” y crecer públicamente sin que eso anule su credibilidad.
Además, el término nepobaby —aunque no carece de fundamento— suele recaer con especial saña sobre las mujeres, cuestionando no solo su acceso, sino su legitimidad para siquiera intentarlo. En el caso de Bu Cuarón, el apellido pesa, sí, pero el escrutinio parece amplificado por su edad, su género y el contexto pop en el que se presentó.
Esto no cancela las críticas técnicas, pero sí invita a preguntarse si el juicio colectivo ha sido desproporcionado y poco dispuesto a reconocer que el error también forma parte del proceso artístico.